El Foucault de “las Palabras y las Cosas” dialoga con el Derrida de la “Gramatología”

Todo empezó con Wilkins: El Poder de las palabras.[1]

El juego del título, esa figura retórica (tropo), la alegoría del cuento de Borges, ese desplazamiento metonímico donde una parte, la referencia a Wilkins, se reemplaza por el todo, explica de que se trata este trabajo.

Justamente, que sea esa referencia literaria la que diera pié a las palabras y las cosas es un gesto que no debe pasar Jorge Luis Borgesdesapercibido. La experiencia misma del límite, el umbral que separa el discurso literario del de las ciencias sociales es puesta en el foco del asunto. Pretender un punto de vista que nos permita leer la Port Royal en la misma clave que leeríamos El discurso del origen de las lenguas, con un extrañamiento desconcertante, como un arqueólogo que descubre las ruinas de una civilización que ya no existe.

En este esquema la pregunta por la escritura generará tensiones que nos permitirá explorar la posibilidad de la literatura y las ciencias humanas.

Este problema, el de la escritura y el origen de las ciencias humanas –como puede ser presentado en “de la Gramatología” (J. Derrida, 2000)[2]- tiene aristas convergentes con el planteo de Foucault de “las palabras y las cosas” (Foucault, 1998).

Estos dos puntos de vista singulares nos pueden brindar elementos para abordar el lenguaje desde una perspectiva que seMichel Foucault atreve a deconstruir el límite entre el adentro y el afuera del texto. Poner la discusión del lenguaje por sobre las demás discusiones, entender la escritura como posibilidad de la ciencia, entender el discurso como algo más que un mero fenómeno lingüístico, abriendo un camino a cuestionamientos en los que los géneros discursivos se confunden, contaminan, generando una angustia de desasosiego que produce el vértigo de poder ver a través de las grietas.

Estas sensaciones de la lectura de las obras de Foucault como de Derrida, este efecto perlocucionario, este residuo retórico, es un elemento que no se debe dejar de ponderar. ¿Qué sería de “Viaje al final de la noche” de Celine sin este efecto “polémico”?

En este sentido consideramos que “de la gramatología” y “las palabras y las cosas” son dos obras que sacudieron el pensamiento y sentaron las bases para nuevas formas de concebir el mundo.

Este juego que plantea que la verdad está en el mismo goce de encontrar los nudos y articulaciones en una red de referencias. Que no hay sentido fuera del signo y esto planteado desde una visión crítica de Saussure.

Esto no es un dato menor. Debemos reconocer estas obras gestados en el apogeo de la revolución estructuralista, hablando de la cuestión del lenguaje pero criticando la noción de la estructura, de la complitud del sistema, de cierre que haga posible el juego de las diferencias y de toda la significación. Unos claros herejes.

Pero la deconstrucción se atrevió incluso a contemplar desde afuera, a la distancia, como un elemento extraño, acaso desconocido, al mismo estructuralismo cuando éste alcanzaba su pináculo[3].

Aquí hasta estaríamos tentados de reemplazar anafóricamente “historiador de las ideas” por “arqueólogo”. Pero nuevamente aquí habría otro gesto retórico. Realizar una arqueología de una ciudad que aún está viva, que no ha sedimentado en ruinas ni monumentos. Es así como Foucault –en su arqueología del saber- se atreve trabajar sobre el enunciado, sus agrupaciones y regularidades para sostener asertivamente: “A lo largo de este libro, ha tratado usted, con diversa fortuna, de desprenderse del membrete “estructuralismo” o de lo que se entiende ordinariamente por esa palabra.” (Foucault, 2002 p:333).

Aquí la noción de “pensamiento del afuera” adquiere otro sentido. El afuera adquiere un matiz de punto de vista más que de objeto.

Justamente esto es lo que nos interesa explorar, fundiendo en un mismo discurso las voces que se articulan en estos dos textos. Y nuevamente, no es solo la referencia, sino como es considerada.

las meninasLas meninas”, la pintura de Velásquez es considerado como una formación discursiva. El arqueólogo capturó en esa pintura más que la imagen de la familia de Felipe IV. Pudo ver a través del ojo del pintor. Y a través de este ojo logró capturar en una mirada las condiciones de ordenamiento de la gramática que posibilitaron esa concepción de la realidad representada. El espejo del lenguaje que devuelve un reflejo de la natualeza.

La formación discursiva le brinda a Foucault otro alcance. El enunciado ya no es simplemente un enunciado sino las condiciones de posibilidad del mismo. En este sentido, las meninas también funciona como un enunciado. Esta idea es llevada al extremo en el ensayo sobre Magritte “Esto no es una pipa” (Foucault, 1989).

Volvamos, por un momento, a poner el foco en la escritura y el origen de las ciencias sociales. Esta es otra entrada a la misma cuestión de las condiciones de posibilidad de ciertas formaciones discursivas como pueden ser las ciencias humanas.

La Port-Royal sería en el caso de Foucault la referencia de esa formación discursiva que solo es posible a través de una episteme particular.

En el caso de Derrida la referencia es J.J. Rousseau y su discurso sobre el origen de las lenguas. En ambos casos la lectura tiene un efecto “exorbitante”. Sacan de su órbita al texto. Lo que resalta Derrida del texto de Rousseau es el “abismo”. Este abismo lo genera la paradoja de la escritura como suplemento. La noción de suplemento hace referencia a una exterioridad. La noción de un lenguaje natural que es la lengua oral y la escritura como algo externo y suplementario, innecesario y que ejerce la fuerza de la cultura. Esta idea rousseauniana de la naturaleza como un estado de libertad es rastreada en la gramatología hasta Lévi-Strauss (sí, lo hace en esa dirección).

El punto donde Derrida logra “sacar de órbita” al segundo discurso es con la paradoja de la suplementariedad , cuando expone que es en un texto –que además habla del origen del lenguaje- que Rousseau sostiene que la escritura es un accesorio innecesario del habla[4].

El trabajo de Foucault también se dedica a buscar el punto ciego de la episteme del siglo XVI y XVII. ¿O acaso al mostrarnos el punto de vista de la edad media señala nuestro propio punto ciego?

En las palabras y las cosas la cuestión del lenguaje es fundamental. La alegoría de la “prosa del mundo” nos dice que el mundo nos habla –según la episteme del siglo XVI y XVII- como en un lenguaje y que los ordenamientos de este lenguaje serán los ordenamientos del mundo[5].

Es por esto que acceder a las cuatro similitudes –la conveniencia, la emulación, la analogía y la simpatía-, los criterios de asociación semántica no es algo independiente del mundo. Es a partir de estas condiciones que se puede establecer las cadenas o redes semánticas que ordenan el discurso sobre el mundo, la naturaleza, y el mismo lenguaje.

El discurso no es un suplemento lingüístico de un fenómeno óntico, sino el lugar a partir del que asignamos significado y orden al mundo. Lo que logra Foucault es poner al descubierto que la misma concepción del lenguaje en una época determinada refleja lo que se entiende por el mundo, el hombre y la naturaleza. Lo que puede decir el discurso del saber del siglo XVI es el saber universal.

El principal criterio que pone en movimiento el juego de la representación es la similitud. Las cuatro similitudes “convenientia, aemulatio, analogía, y simpatía nos dicen cómo ha de replegarse el mundo sobre sí mismo, duplicarse, reflejarse o encadenarse, para que las cosas puedan asemejarse” (Foucault, 1998. p: 34.)

A propósito de la discusión en torno de la escritura que hemos introducido con Derrida; Foucault reconoce también la escritura como algo intrínseco del lenguaje en este período determinado[6].

En algún sentido el mundo europeo del siglo XVI y XVII reside en texto. La forma de acceder a ese texto es mediante la hermenéutica y la semiología. Siendo la semiología “el conjunto de conocimientos y técnicas que permiten saber donde están los signos, definir lo que los hace ser signos, conocer sus ligas y las leyes de su encadenamiento” y la hermenéutica el “conjunto de conocimientos y técnicas que permiten que los signos hablen y nos descubran sus sentidos (…)”(Foucault, 1998. p: 38.).

El lenguaje reside en los signos[7]. La escritura en sí misma encierra la lógica de la naturaleza. Por eso mismo los europeos escriben de izquierda a derecha siguiendo el curso de los planetas, los hindúes, chinos y japoneses de arriba hacia abajo según lo que dicta la naturaleza de que los hombres deben tener la cabeza en alto y los pies en el suelo, o en el caso de los mexicanos que escriben en espiral como el curso del zodíaco.

La naturaleza del lenguaje es la de “ser escrito”. Está en el hombre poder descifrar los signos que dios ha depositado sobre las cosas del mundo. A sí mismo, el lenguaje es también un objeto natural que se debe estudiar de la misma manera que las demás cosas.

Hay tres aspectos o variables del signo para el mundo de la edad media. El primero es el la interioridad del signo. Los signos estarán en el interior del conocimiento, tomando de éste certidumbre de sí. Los signos no aparecen como descubrimientos al azar, sino que responden a un orden entretejido por la probabilidad. Éste tiene varias características como la forma del enlace, de que manera forma parte de lo que sirve para designar o estar separado de él y si es natural o artificial. Este camino occidente entra a la edad del juicio (Ibid. p:65-69).

En este sentido la oralidad no ocupa un papel central para el lenguaje. El habla no hace otra cosa que evocar los sonidos de esa escritura.

Existe un ser único de la escritura que permite ver tres niveles del lenguaje que perdurarán hasta el fin del renacimiento, haciendo que las figuras oscilen indefinidamente entre uno y tres términos quedarán fijados en una forma binaria que las hará estables; y “porque el lenguaje, en vez de existir como escritura material de las cosas, no encontrará ya su espacio sino en el régimen general de los signos representativos” (Ibid, p: 50). Esta separación pondrá fin al primado de la escritura desprendiendo la pertenencia del mundo al lenguaje. “Desaparece, pues, esta capa uniforme en la que se entrecruzaban indefinidamente lo visto y lo leído, lo visible y lo enunciable. Las cosas y las palabras van a separarse. (…) El discurso tendrá desde luego como tarea decir lo que es, pero no será más que lo que dice” (Ibidem).

Foucault logra poner luz sobre la bisagra entre dos épocas, el renacimiento y la edad moderna. Su punto de apoyo es el lenguaje o la concepción del lenguaje, y en definitiva el discurso, en dos épocas distintas. La literatura moderna hace reaparecer el ser vivo del lenguaje en donde no se lo esperaba. “…la literatura es lo que compensa (y no lo que confirma) el funcionamiento significativo del lenguaje” (Ibid, p: 51). La antigua solidez de la inscripción del mundo se diluye en la representación.

La referencia literaria a Don Quijote es la evidencia de esta ruptura. Don Quijote deshace la idea de lenguaje como prosa del mundo, pone en jaque el juego de las similitudes y rompe el vínculo entre las cosas del mundo y la escritura.

Contradiciendo todo el juego de similitudes de su época, Don Quijote confunde los signos y hace sus propias relaciones de similitud. Con Don Quijote las palabras pierden su ligadura natural con las cosas. Esta obra crea una ruptura al poner al descubierto este encadenamiento arbitrario entre las palabras y las cosas.

Un aspecto interesante de esto, que no puede ser pasado por alto por Foucault es el lugar del discurso de la locura, que hace sospechar si el vínculo entre el loco y el poeta no es forjado aquí, en el Quijote.

Esta ruptura introduce una noción desconocida para la edad media: la diferencia. De manera que se pasará del juego de las similitudes al juego de las identidades y las diferencias.

Esta escritura no solo hace posible el juego de las semejanzas sino que es lo que le da coherencia y sustancia al habla.

El habla en la concepción de discurso que propone Foucault no sería en absoluto este campo inaccesible y anárquico que propone Saussure. La noción de discurso que propone Foucault hace referencia a regularidades que se pliegan sobre sí mismas. El habla no son emisiones aleatorias ni caprichosas. El habla no hace otra cosa que ofrecer variaciones de un mismo texto. En términos más específicos las operaciones que permite esta noción de discurso son el comentario y la crítica[8].

Pero antes de entrar en el habla y el discurso intentemos cerrar la cuestión de la escritura de la mano del aporte de la gramatología de Derrida.

Esta referencia, este enlace en la red, sirve tanto como referencia, clave de lectura y entrada al texto, como en el aspecto que trata de manera focal y que tiene que ver con la constitución de la sociedad.

El trabajo de rastrear en el Discurso sobre el origen de las lenguas de Rousseau la cuestión de la escritura, no es una cuestión accesoria, es sino ir directamente al grano sobre el origen del contrato social mismo.

Derrida encuentra un síntoma en la obstinación de las teorías del lenguaje que se resisten a la teoría de la escritura. Se pregunta ¿Por qué Rousseau nunca formula un teoría de la escritura en su tan riguroso Ensayo sobre las lenguas? ¿Cómo hace Rousseau para explicar una teoría de la escritura tomando a esta misma prestad?

Ahora ¿Qué tendría todo esto que ver con las palabras y las cosas de Foucault? El mismo Rousseau escribía dentro de las posibilidades de una gramática determinada –como la de la Port-Royal- y sin duda Condillac es una referencia que encontraremos en medio de esta discusión.

gramatologiaDe alguna manera estos dos trabajos, el de Derrida y Foucault se cuestionan como fue instaurado el discurso de la modernidad. Por esta razón vuelven a rastrear el punto donde se dislocó este discurso haciendo posible nuevas series de regularidades. Una cosa que parecería llamarle bastante la atención a estos dos autores es lo que se dice sobre el mismo lenguaje. En otras palabras, parecería que la concepción misma del lenguaje tiene un peso imponderable en relación a la concepción del mundo. De cómo se establecen las relaciones de orden y medida, de cómo se establecen las similitudes y las diferencias que hacen posible cualquier clasificación.

 

Saldada la cuestión de la escritura podemos seguir avanzando con la cuestión del habla. Hablar en el sentido que lo presenta Foucault se distancia bastante de lo que propondría Saussure. El habla no es un acto anárquico imposible de ser abordado. Todo lo contrario, el habla es una actividad muy regulada, constante, que no hace otra cosa que darle materialidad sonora a un texto, a una inscripción que ya está en el mundo. Casi con una inversión subversiva Foucault parecería alterar el orden estructuralista al poner el lenguaje en el lugar del habla.

En este sentido el habla permitiría dos operaciones, la crítica y el comentario. Una que enlazaría al lenguaje con el pensamiento dándole discreción al habla, y otra rígida (soberana) que sería el comentario. De hecho la crítica es el comentario sobre el mismo discurso. Una variación que aparentaría poderse salir del propio discurso y mostrarse autónoma y desafiante de la misma discursividad[9].

La pregunta -¿Quién habla?- adquiere un nuevo significado. Esta pregunta ya no busca una localización deíctica, él, allí, ahora, sino una referencia al archivo. Y pareciera que este interrogante el que pone en acción la labor de archivista de Foucault. Poder encontrar la referencia, rastrear los comentarios hasta encontrar su procedencia y entendiendo a esta como un lugar o posición más que un sujeto en el sentido empírico del término.

El habla entonces podría ser considerada como una variación de un texto. No habría acto espontáneo ni original, ni como sostendría el estructuralismo, inabordable. El habla, en sus dos variantes, la crítica y el comentario, terminaría siendo el resultado de una serie de restricciones desde la gramática, el verbo, la misma mediación del pensamiento con el signo.

Aquí Foucault es determinante. El lenguaje es el discurso[10]. Incluso en la relación íntima del pensar, el discurso interviene. A través de ligar el pensamiento con el discurso pone en jaque una noción trascendental de este acontecimiento. “Tanto que el verbo ser tendría por función esencial el relacionar todo el lenguaje con la representación que designa. El ser hacia el cual desborda los signos no es, ni más ni menos, que el ser del pensamiento.” (Ibid. p:101).

Esta cuestión del pensamiento que es también abordada por Foucault en su artículo “El pensamiento del afuera” (Foucault, 2004.) donde revierte el orden entre el adentro y el afuera proyectando el pensamiento fuera de sí.

Aquí también se introduce un elemento que ya hemos mencionado que es la literatura. La literatura nos permite encontrar esa experiencia del afuera que hace emerger el pensamiento del ser del lenguaje.

Existe un elemento poético y combativo en esta forma de ver el lenguaje, eximido de la posibilidad del sujeto.

Foucault lo dice muy simple en una sola oración “Este pensamiento que se mantiene fuera de toda subjetividad para hacer surgir como del exterior su dispersión y no obtener más que su irrefutable ausencia, y que al mismo tiempo se mantiene en el umbral de toda positividad, no tanto para extraer su fundamento o su justificación, cuanto para encontrar el espacio en que se despliega, el vacío que le sirve de lugar, la distancia en que se constituye y en la que se esfuman, desde el momento en que es objeto de la mirada, sus certidumbres inmediatas, -este pensamiento, con relación a la interioridad de nuestra reflexión filosófica y con relación a la positividad de nuestro saber, constituye lo que podríamos llamar en una palabra “el pensamiento del afuera” (Foucault, 2004 p:16).

Este planteo hace necesario detenernos a cuestionar cuál es la cuestión de fondo. ¿Existe alguna esperanza en el enfoque de Foucault ó es sólo un cínico nihilista?

Richard Rorty hace una observación sobre Foucault y Derrida diferenciándolos. “La gran diferencia entre Foucault y Derrida es que Derrida es un escritor sentimental, esperanzado, románticamente idealista[11]. Foucault por su parte, parece estar siempre empeñándose en no tener esperanzas sociales no sentimientos humanos.” (Rorty, 2005. p:36)

Esto no tiene que ver con juzgar el carácter de Foucault .El péndulo entre la esperanza y la tristeza se tanto inevitable como confuso. Esta no es una cuestión menor para intentar comprender si el mensaje de Foucault es uno de emancipación o sometimiento.

Este es un aspecto crítico para entender como es que se articulan los campos de la locura, la sexualidad, la clínica, la cárcel, la institución misma del lenguaje.

El elemento pesimista del pensamiento de Foucault es muy visible. Sin duda cualquiera de estos temas –la locura, sexualidad, prisión…-, desde un principio presentan restricciones y separaciones determinantes. Estos son ámbitos donde el discurso se articula como dispositivo de control sobre los cuerpos.

En cada uno de estos casos Foucault nos muestra, no precisamente el lado virtuoso del discurso. La locura es un mecanismo que diferencia estableciendo un afuera, separando los cuerpos, sujetándolos de forma contingente y arbitraria[12].

En éste péndulo de Foucault, que por ejemplo vemos con respecto de la sexualidad, encontramos la tensión entre el poder y el deseo.

Esta misma tensión podríamos encontrarla en el lenguaje. Es al mismo tiempo este lugar de apertura permite escaparnos de nuestro mundo interior del pensamiento, y el lugar de la restricción, de cercamiento y encierro.

Estos temas recurrentes en el trabajo de Foucault nos hacen sospechar sobre lo que realmente Foucault intenta mostrarnos en la manera en que se juegan las relaciones de poder.

Podemos llegar a sugerir que lo que hace Foucault es poder al descubierto las relaciones de poder y de esa manera disolverlas.

En el caso particular de las palabras y las cosas esas relaciones de poder se en torno al discurso.

Es en todo caso, una conclusión importante de este trabajo señalar de que manera se juegan las relaciones de poder en torno al lenguaje, más específicamente el discurso.

*

A manera de conclusión podemos decir principalmente tres cosas. La primera hace referencia a las formas concretas, los mecanismos y dispositivos con los que opera el discurso para establecer las relaciones de poder. La segunda tiene que ver con la intervención de Derrida en este artículo brindando un punto de referencia y abonando la discusión del lenguaje y la escritura como algo primordial. La tercer cuestión tiene que ver exclusivamente con la forma.

Michel FoucaultRespecto del primer tema, que es lo que Foucault propone como discurso. Hemos visto como en “las palabras y las cosas” se expone como el discurso determina una época. El discurso, o la concepción del lenguaje de una época es la concepción del mundo, y el caso del renacimiento, el lenguaje, o la gramática de la Port Royal, texto que asigna el estatuto del mismo, representa el saber universal. Vimos como en el siglo XVII el discurso es un texto, lo que implicaría más que un desprecio por el habla, una rigidez de la inscripción de los signos del mundo. Esto conlleva una concepción de la representación que sería el principal atributo del lenguaje: Duplicar el mundo.

Las operaciones que hacen posible esta representación del mundo tienen que ver con las similitudes, que en definitiva serán mecanismos para establecer el orden y la medida. Es en esta operación de asignar orden y medida que el lenguaje pone en juego un poder siniestro.

A colación del desvío de la pregunta sobre el optimismo o cinismo nihilista de Foucault, vemos en la aparición del Quijote la posibilidad de desafiar el orden del mundo y establecer nuevos criterios de significación como la diferencia.

La segunda cuestión, sobre Derrida, además de brindarnos perspectiva, encontramos en la gramatología cuestiones compartidas, o al menos que también son discutidas por Foucault: la escritura y el lenguaje.

Al mismo tiempo la deconstrucción nos brinda –no, como comúnmente se piensa, un método, sino- una ontología en la que la imposibilidad de cierre del lenguaje, esa fisura es la que permite el juego de las diferencias, al depositar fuera del sistema un elemento que devuelve al sistema su pretensión de complitud. Pero al mismo tiempo esta fisura es una constante amenaza de ruptura y fuga.

La tercer cuestión, sobre la forma en que es presentado este trabajo, no es una cuestión accesoria. Justamente donde nos detenemos a escribir sobre la escritura y donde ya no nos dejamos fascinar con demasiada facilidad por los destellos de colores del signo.

Foucault ha puesto en evidencia a ese mago maligno del lenguaje. Él ha descubierto sus trucos y no descansa en exponerlo socarronamente en cada oportunidad que tiene.

Esta peculiaridad de la forma funciona aquí como otro signo, uno de carácter pragmático, de efecto, que busca al mismo tiempo hablar del lenguaje lidiando con todas los obstáculos que él mismo nos impone para “habla” (a secas) y en particular sobre el lenguaje mismo.

Si Magritte no pinta pipas, pues, esto no es un ensayo. Y si la forma aquí se presenta como obstáculo para la clasificación, para poner en orden la ruta que anuda estos tendidos de la red, tal vez ahí esté lo único que nos interesa decir, o mejor dicho hacer.

Más que hablar del discurso mostrar como este opera, a través de nosotros, y en la medida de los posible jugarle trucos, intentar despistarlo, confundirlo, aunque sea para momentáneamente ilusionarnos con la idea de un habla autónoma, que haya logrado como la poesía, escapar por las grietas al campo de la locura.

Pero no nos ilusionamos demasiado. Hemos sido rigurosos con –al menos una- de las operaciones que se nos permiten, el comentario. Respecto a la crítica. Podríamos llegar a pensar que poner a dialogar “las palabras y las cosas” con la “gramatología” nos ha ganado al menos el rótulo de crítica.

Incluso este torpe intento de aemulatio de lo que ya reconocimos más arriba una forma desafiante de plantear algo que ya sustancialmente resulta desafiante.

Esto significa que el elemento crítico aquí no se agota en lo que es dicho, sino como se dice. Esperamos haber podido cumplir con estos dos criterios. Haber dicho –comentado- sobre el poder del discurso y como sacudir los cimientos que lo sostienen, si nunca esperanzarnos demasiado, y reconociendo que somos prisioneros del mismo discurso que intentamos engañar.

 

 

Resumen:

No podría decir con precisión si es Wilkins, Borges, Foucault o Derrida. Donde convergen estos discursos o la red que tienden, básicamente dos obras que aquí nos gustaría analizar en busca de algún principio, una episteme, que nos ayude a entender como se funda el poder en la palabra.

El aspecto del discurso del (ó y el) poder que nos gustaría tratar aquí está íntimamente relacionado con el lenguaje y la escritura. Las dos obras que intentaremos entrelazar son las palabras y las cosas y la Gramatología. En este sentido y desde estas dos obras podemos poner el foco en la dimensión del lenguaje escrito. Es posible que la conclusión paradójica sea que la escritura es un habla.

En este sentido entraríamos en el campo de la diferencia y este universo de posibilidades que abre a partir de el rasgo más primitivo, el de la marca.

Pero ¿Qué tienen en común estas dos obras? O mejor aún ¿para que nos pueden servir las palabras y las cosas y la Gramatología para entender de mejor manera como la palabra escrita forja un campo de poder?

En el caso de Foucault este estudio es una arqueología que se rinde a los monumentos, ya muertos, para a través de este análisis permitir establecer los principios de la episteme del siglo XVI (la cuál llega a extender hasta el siglo XIX) que establece ciertos principios discursivos a partir de los cuales logramos establecer orden en el mundo y dar forma a nuestros sistemas conceptuales, los cuáles han moldeado –según supone foucault- los principios de nuestro ordenamiento discursivo en la actualidad.

En el caso de Derrida, aunque no de manera arqueológica, sale un búsqueda de una huella, que resulta ser la tachadura originaria que a manera de marca permite dar comienzo al juego de diferencias presentes en la escritura. Así como en Foucault, el centro de su análisis se posa sobre la Port Royal, Derrida muestra su predilección por el ensayo del origen del origen de las lenguas de Rousseau. Aún sería mezquino decir que Foucault solo se ocupa de la Port Royal y Derrida de Rousseau.

Ambos autores presentan gran flexibilidad respecto a la forma de articular sus lecturas. En el caso de Derrida esto es más claro y no deja de sorprender a sus lectores con la selección de sus lecturas que avanzan desde el Fedro, pasando por Rousseau y llegando a Levi-Strauss. Pero seríamos ingenuos si pensáramos que las referencias se agotal allí. Vealery, Proust, Saussure, Heidegger y Housserl están tan presentes como los demás ya mencionados.

Esto nos permitiría un nuevo punto de coincidencia entre estos dos autores, y que ciertamente se relaciona con su forma de escribir, esto es, haciendo a veces confuso para el lector cuál es el género en cuestión.

De alguna manera este camino por los márgenes cuestionará la forma y el género. Es tan radical esta búsqueda del punto de dislocación de discurso que incluso el mismo punto de vista, muchas veces se ve transitando por distintos géneros.

Este viraje a la literatura busca en definitiva asumir que una visión irónica de la palabra escrita o hasta incluso en términos clásicos como los del Fedro, en un juego, una paideia.

Básicamente siguiendo el trabajo de Foucault sobre como tratar el discurso y la episteme de una era pre-moderna y extraer de este análisis conclusiones que nos pueden ayudar a entender los mecanismos que hacen de la escritura un dispositivo de poder.


Bibliografía

BAJTIN, M. (1985)Estética de la creación verbal”, México, Siglo XXI.

DERRIDA, Jaques (2000): “De la gramatología”, Buenos Aires, Siglo XXI

- (1989) La estructura, el signo y el juego en el discurso de la ciencias humanasen “La escritura y la diferencia” Barcelona. Anthropos.

- (2001) La deconstrucción en las fronteras de la filosofía Barcelona. Paidós.

(2005) “Notas sobre Deconstrucción y Pragmatismo” en Mouffe (comp.) “Deconstrucción y Pragmatismo” Bs. As. Paidós

 

FOUCAULT, Michel (1998): Las palabras y las cosas: una aqueología de las ciencias humanasBuenos Aires, Siglo XXI

- (1989): “Esto no es una pipa. Ensayo sobre Magritte, Barcelona, Anagrama.

- (2004): “El pensamiento del Afuera” Buenos Aires, Pre-Textos.

 

LACLAU, Ernesto. (2005) Deconstrucción, pragmatismo y hegemoniaen Mouffe (comp.) “Deconstrucción y Pragmatismo” Bs. As. Paidós

- Mouffe Ch. (2004) “Hegemonía y Estrategia Socialista”, Buenos Aires, S XXI

- (2002) “Misticismo, Retórica y Política”, Buenos Aires, FCE

- Poder y Representación”, Buenos Aires, Revista Sociedad FCSOC, UBA.

 

 

Rorty R. (2005) Deconstrucción y pragmatismoen Mouffe (comp.) “Deconstrucción y Pragmatismo” Bs. As. Paidós

 


[1] ricky esteves

larevolucion@hellokitty.com

[2] Una referencia más específica sobre la cuestión de las ciencias humanas y la escritura en Derrida es “La estructura, el signo y el juego en el discurso de las ciencias humanas” en “La escritura y la diferencia” (Derrida, 1989b, pp:383-402)

[3] Si se retirase un día, abandonando sus obras y sus signos en las playas de nuestra civilización, la invasión estructuralista llegaría a ser una cuestión para el historiador de las ideas. Quizás incluso un objeto. Pero el historiador al que le llegase a ocurrir algo así se equivocaría: por el gesto mismo de considerarla como un objeto, olvidaría su sentido, y que se trata en primer término de una aventura de la mirada, de una conversación en la manera de cuestionar ante todo objeto. Y entre ellos uno muy insólito, la cosa literaria” (Derrida, 1989a, p:9)

[4]El tema de la suplementariedad, sin duda, no es en ciertos aspectos más que un tema entre otros”. (…) “Rousseau inscribe la textualidad en un texto” (…) “El concepto de suplemento es una suerte de punto ciego en el texto de Rousseau, lo no visto que abre y limita la visibilidad” (Derrida, 2000. pp:207-208)

[5]El mundo se enrollaba sobre sí mismo: la tierra repetía el cielo, los rostros se reflejaban en las estrellas y la hierba ocultaba en sus tallos los secretos que servían al hombre” (Foucault, 1998. p:26)

[6]No hay semejanza sin signatura. El mundo de lo similar solo puede se un mundo marcado”(…) “El sistema de signaturas invierte la relación de lo visible con lo invisible. La semejanza era la forma invisible de lo que, en el fondo del mundo, hacía que las cosas fueran visibles; sin embargo, para que esta forma salga a su vez a la luz, es necesaria una figura visible que la saque de su profunda invisibilidad” (Ibid. p:35)

[7]E igualmente sucede con la erudición: ya que, en el tesoro que nos ha trasmitido la Antigüedad, el lenguaje vale como signo de las cosas. No existe diferencia alguna entre estas marcas visibles que Dios ha depositado sobre la superficie de la tierra, a fin de hacernos conocer sus secretos interiores, y las palabras legibles que la Escritura o los sabios de la Antigüedad, iluminados por una luz divina, han depositado en los libros salvados por la tradición”. (Ibid. p:41)

[8]De ahora en adelante, el texto primero se borra y, con él todo en las cosas; lo único que permanece es la representación que se desarrolla en los signos verbales que la manifiestan y que se convierte por ello, en discurso”.

[9]El enigma de una palabra que debe ser interpretada por un segundo lenguaje es sustituido por la discursividad esencial de la representación: posibilidad abierta, aun neutra e indiferente, pero que el discurso se encargará de completar y fijar. Ahora bien, cuando este discurso se convierte a su vez en objeto del lenguaje, no se le interroga como si dijera algo sin decirlo, como si fuera un lenguaje detenido en sí mismo y una palabra cerrada; no se trata ya de hacer surgir el gran propósito enigmático que se oculta bajo estos signos; se le pregunta cómo funciona: qué representaciones designa, qué elementos recorta y descuenta, cómo se analiza y compone, qué juego de sustituciones le permite asegurar su papel de representación. El comentario deja su lugar a la crítica. (Ibid. p:84-85)

[10]El lenguaje es, de un cabo a otro, discurso, gracias a este poder singular de una palabra que hace pasar el sistema de signos hacia el ser de lo que se significa.” (Ibid. p:100.)

[11] Por su parte Derrida reconoce lo dicho por Rorty “Incluso aunque parezca muy provocador decirlo e incluso si comencé protestando, creo que me equivocaba, soy muy sentimental y creo en la felicidad, y pienso que eso tiene un papel determinante en mi obra” (Derrida, 2005. p: 151) .

[12]La historia de la locura sería la historia de lo Otro —de lo que, para una cultura, es a la vez interior y extraño y debe, por ello, excluirse (para conjurar un peligro interior), pero encerrándolo (para reducir

la alteridad); la historia del orden de las cosas sería la historia de lo Mismo —de aquello que, para una cultura, es a la vez disperso y aparente y debe, por ello, distinguirse mediante señales y recogerse en las identidades.” (Foucault, 1998. p:9.)

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5 comentarios

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5 Respuestas a “El Foucault de “las Palabras y las Cosas” dialoga con el Derrida de la “Gramatología”

  1. vientos por la página

  2. Pingback: » Festival de Lima 2008: Unas fotos en la ciudad de Sylvia (2007) » Cinencuentro - No podemos parar de hablar de cine

  3. mario

    entender a este man en muy complejo

  4. Neyda Campaz

    Muy interesante la reflexion-me gusta mucho-Foucault especialmente su pensamiento y la manera de producir nuevas formas de conocimiento. Estas reflexiones y algunas de sus obras seran mi rastreo bibliografico para mi tesis. Gracias por esta documentacion que es tan importante para la academia y para construir profesionales de verdad.

  5. Fernando Pineda Hidalgo

    Es una información de suma importancia para los profesionales de la educación.

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