La Sexualidad en Freud: Pulsión, Represión y Síntoma.

por: Ricardo Esteves

Todo iría bien si el problema económico del deseo fuese solamente cuantitativo; se trataría de reforzar el yo contra las pulsiones.”

G. Deleuze & F. Guattari “El Anti-Edipo

Freud buscaba la fuerza básica que motiva las pasiones y los deseos humanos, creyó haberla encontrado en la libido.

E. Fromm “Psicoanálisis de la sociedad contemporánea

El fin de un instinto es siempre la satisfacción, que solo puede ser alcanzada por la supresión del estado de excitación de la fuente del instinto

S. Freud “Los instintos y sus destinos

Este trabajo es un intento de ligar algunas de las categorías a partir de las cuales podemos considerar un teoría sexual en la obra de S. Freud. Para lograr esta tarea restringiremos algunos aspectos de la teoría sexual de Freud, concentrándonos en los tres temas mencionados en el título: Pulsión, Represión y Síntoma. Ciertamente esto implica emplear otras categorías –inevitables- como la de inconsciente, la técnica analítica y la sugestión, el complejo de Edipo, entre otros; pero esto solo para establecer el marco necesario para el abordaje a la cuestión de este trabajo. Estos conceptos de la teoría freudiana se articulan ordenadamente bajo un esquema de complementariedad que los hace mutuamente necesarios. Pero esto no implica que la teoría freudiana constituya un sistema uniforme que encuentra claramente su cierre o punto de sutura. Esto significa que la teoría freudiana se dio paso a través de cambios y el paso del tiempo.

En términos generales este trabajo busca establecer un recorrido del tema de la sexualidad en la obra de Freud que articule –y sostenga como columna vertebral- su teoría y práctica del psicoanálisis.

Sintéticamente adelantamos lo que a continuación exponemos. Existen impulsos básicos y antagónicos, Eros y el instinto de destrucción. Del equilibrio de estas fuerzas depende la autoconservación. Estos impulsos están presentes desde muy temprano en la vida del niño. En esta fase establece sus primeras fijaciones de amor libidinal (de contenido sexual). La boca, centro receptor del alimento, se convierte en la primer zona erógena, que además de brindar la satisfacción sujeta a necesidad fisiológica necesaria para la autoconservación como es la del alimento, genera un placer de otra naturaleza y de orden sexual. En este caso la zona erógena funciona por estímulos o pulsiones parciales. En este caso la pulsión parcial responde a una parte independiente del cuerpo que se constituye como zona erógena, y en tal caso generadora de algún tipo de placer.

Durante la fase fálica se desarrolla una unificación de la sexualidad –en su calidad impulsos parciales, desarticulados, independientes de unidad- en la genitalidad. A partir de este momento la sexualidad se ordena y unifica a través de los genitales, regida por el falo.

Según esta interpretación la sexualidad es un principio –junto al de inconsciente- indispensable para el funcionamiento del aparato psíquico, y que a partir de esta se pueda dar explicación para una gran serie de trastornos, los sueños, e incluso de pequeños errores, olvidos y otros por menores de la vida cotidiana.

El recorrido que proponemos para llegar a estas conclusiones comienza por los impulsos y sus destinos; la realización de los deseos en los sueños, la resistencia, la represión y la formación del síntoma.

Un comienzo podría ser la metapsicología, “los instintos y sus destinos” y –siendo esta uno de sus destinos “la represión”. Un paso en este recorrido podría ser la lección XIV de “Lecciones introductorias al psicoanálisis” la realización de los deseos en los sueños. También en el mismo texto la lección XIX “Resistencia y represión” avanza en la misma línea que hace al argumento de este trabajo.

En este punto deberíamos realizar el salto de las nociones de impulso o pulsión y ver a través del otro lado del espejo[2] de la represión, de que manera se manifestación la sexualidad en el cuerpo real.

Intentamos establecer una cadena entre deseo, represión, síntoma, idea reprimida y autocastigo. Para conseguir esto tomamos como referencia la carta 105 a Fleiss, las perturbaciones psicógenas de la visión y las parálisis motrices orgánicas e histéricas.

Para cerrar este panorama que hemos presentado a manera de introducción y que esperamos poder desarrollar en adelante, podemos decir que la sexualidad es una fuerza motriz que impulsa al individuo. Esta fuerza se constriñe entre las pulsiones parciales que responden a zonas erógenas del cuerpo, y la tensión unificadora de la sexualidad la genitalidad.

A partir de los dos principios de la sexualidad y de inconsciente es que se logra establecer el efecto de los trastornos psíquicos a nivel somático. Particularmente, el caso de la perturbación histérica que lleva a la pérdida de la visión, nos demuestra que por medio del la autosugestión el inconsciente consigue convencer al cuerpo de que sufre algún padecimiento.

Hasta aquí hemos sintetizado el recorrido que pensamos realizar para demostrar la importancia de la sexualidad en la teoría psicoanalítica.

En esquema del psicoanálisis –obra que intenta sintetizar algunos principios de la teoría psicoanalítica- se menciona los instintos y el desarrollo de la función sexual[3]. En este artículo Freud define los instintos como “(…)las fuerzas que suponemos actuando tras las tensiones de necesidades del ello.[4]” Esto puede ser entendido como una fuerza que impulsa la búsqueda de satisfacción y evita enfrentarse a peligros. Son dos los impulsos fundamentales: Eros y Tánatos. Eros es el impulso que busca ligar, unir, de acuerdo a una necesidad de autoconservación. El instinto de destrucción es la antítesis de Eros y persigue la disolución de los lazos y vínculos, y como fin último la aniquilación. Estos dos instintos se combinan y antagonizan mutuamente[5]. El instinto de unión, Eros, se manifiesta en forma de libido, lo que puede ser interpretado como un “impulso sexual destinado a influir decisivamente sobre nuestra vida, se desarrolla paulatinamente a partir de los sucesivos aportes procedentes de varios instintos parciales, que representan determinadas zonas erógenas.”[6]

Respecto a la función sexual Freud realiza ciertas distinciones fundamentales. En primer lugar la vida sexual no comienza en la pubertad sino que esta funciona desde el comienza poco después del nacimiento. En segundo lugar distingue la sexualidad de la genitalidad. La sexualidad abarca un campo más amplio que el de la genitalidad, que también corresponde al ámbito de la sexualidad. En tercer lugar dice que la vida sexual es una función para obtener placer y ponerlo al servicio de la procreación.

La sexualidad es una función que el individuo desarrolla por etapas a lo largo del tiempo. En este proceso interviene el complejo de Edipo que establecerá las condiciones del funcionamiento del aparato psíquico en tanto ordenador de la sexualidad. Este complejo queda sepultado pero se mantiene latente hasta el momento “del doble comienzo de la vida sexual[7].

Desde el momento del nacimiento la boca es primer órgano que se percibe placer. Esto constituye a este órgano como una zona erógena, sometiéndose a las exigencias libidinales.

En este caso la boca funciona como un instrumento de autoconservación, en la medida que posibilita la nutrición. Pero en niño desarrolla en esta actividad del alimentarse una satisfacción independientemente del estímulo del alimento que le genera placer.

La fase oral es seguida por la sádica oral –en la que se busca satisfacción mediante agresiones de las funciones excretoras-, hasta llegar a la fase fálica, que conformará definitivamente la vida sexual del individuo[8].

En las fases precoces de la sexualidad se desarrollan instintos parciales ligados a un órgano específico al cuál se asocia con una fuente de satisfacción. La fase fálica busca subordinar todos los impulsos parciales en una unidad regida por los genitales.

La organización genital de la sexualidad implica la posibilidad de mantener catexis libidiales –desplazamientos que permitan realizar su finalidad (sublimar)- previas o desarrollar nuevas; y siempre está la posibilidad de la represión.

En este caso las pulsiones parciales son un debilitamiento que permite u retorno a fijaciones libidinales anteriores a la fase fálica.

En la conclusión de este artículo Freud enfatiza la importancia que tiene el estudio de las funciones sexuales a lo largo de las distintas fases de su desarrollo[9].

Esto es una manera de establecer principios, que en este caso parten de los impulsos pulsionales, que son de naturaleza sexual y desempeñan un papel importante en las causas (¿etiologías?) de las enfermedades nerviosas; y que además son las que generan manifestaciones del espíritu humano que son consideradas contribuciones a la humanidad[10].

En su artículo sobre metapsicología titulado “los instintos y sus destinos[11] Freud distingue varios tipos de instintos, los estímulos exteriores y el destino que estos impulsos pueden llegar a alcanzar.

En primer lugar parte del estímulo y el reflejo, esto es de los instintos fisiológicos para encontrar una distinción entre estos y los instintos que actúan sobre lo anímico. El estímulo puede ser interno o externo y este aspecto determinaría de que forma el impulso afectará sobre lo anímico. Esto significa la existencia de un mundo interior y uno exterior. La existencia de un mundo interior pone en evidencia necesidades instintivas que son la fuente de los impulsos instintivos.

En este sentido el instinto es un estímulo originado en el interior del organismo y su aparición es tan contundente que su supresión es ineficaz[12].

En torno al placer se presenta una cuestión problemática. Si las sensaciones como el placer funcionan a partir de una serie binaria “placer-displacer”, el placer mismo estaría relacionado a un incremento o reducción del displacer.

Aún así se concluye que el fin de un instinto es siempre encontrar satisfacción que se obtiene con la supresión del estado de excitación alcanzada en la fuente del instinto[13].

El objeto en el que el instinto encuentra satisfacción es variable y completamente contingente. El instinto puede buscar ligarse al objeto, lo que genera fijaciones. La fuente del instinto es “el proceso somático que desarrolla en un órgano o una parte del cuerpo, y es representado en la vida anímica por el instinto.[14]

De esta manera se concluye que la realidad somática del cuerpo es regida por la fuente de los instintos que se desarrollan en la realidad psíquica.

Como ya habíamos dicho existen distintas variantes de instintos como pueden ser los de autoconservación y los instintos sexuales; y que en muchas ocasiones estos se enfrentan –como se pueden enfrentar los instintos sexuales y los instintos del yo.

Incluso dentro de los instintos sexuales podemos considerar que son muy numerosos y que funcionan independientemente, teniendo solo en común la persecución de placer orgánico, que eventualmente se entrega al servicio de la procreación.

Hasta aquí hemos visto la dinámica de los impulsos que son los instintos sexuales, su manifestación somática en su camino al encuentro de un objeto con el cuál se proveerá de satisfacción en forma de placer en un órgano determinado.

Este impulso encuentra múltiples destinos. En primer lugar se puede transformar en lo contrario, se puede orientar contra la propia persona, puede ser reprimido, o sublimado.

De todos estos destinos prestaremos mayor atención a la represión, pero antes pasamos a describir muy sintéticamente los demás posibilidades.

La transformación en lo contrario hay una inversión del instinto con convierte el estímulo activo en pasivo, y se transforma su contenido. Esta sustitución es lo que da lugar al “sadismo-masoquismo” y al “placer visual-exhibicionismo”; en síntesis esto tiene que ver con la conversión del amor en odio.[15] En este sentido la vida sexual estaría dominada por esta combinación ambivalente del amor-odio que es susceptible de tres síntesis o polarizaciones. Estas son 1) Sujeto (yo) – Objeto (mundo exterior), 2) Placer – Displacer 3) Activo – Pasivo.

En este sentido podemos establecer el amor y el odio en estas tres dimensiones y a partir de estas tensiones. En tal caso el odio es una relación anterior al amor. Nace en el momento primitivo donde gobernaba el imperio del yo narcisista. En este caso los instintos que dominan la vida sexual impulsan a devorar al yo. Otra salida a este problema es el de la transformación del ser amado, lo que lo deja subordinado a este objeto. Por último queda el instinto de amar que es lo que impulsa al yo a establecer relaciones placenteras con los objetos.

Antes de pasar a la revisión de la represión –otro artículo de metapsicología- proponemos prestar atención a las lecciones de introducción al psicoanálisis, en especial la lección XIV, realizaciones de deseos, donde Freud muestra como los sueños se constituyen en un espacio de realización de los deseos. El sueño es un espacio donde el deseo no encuentra necesariamente el obstáculo de la realidad, permitiéndole representar el contenido manifiesto del deseo. Esto es, el sueño es una realización de deseo. El motor de los sueños “lo constituye el deseo sexual infantil[16].

Frente al desmesurado contenido –sexual infantil- de los sueños se activa la función de censura. La censura actúa deformando los sueños, o actuando sobre su dinámica. En la elaboración onírica la censura produce distorsión o velo encubridor sobre los aspectos dolorosos de las ideas latentes de nuestros sueños. En este sentido, la manifestación onírica tampoco llega alcanzar la realización del deseo[17].

Este mismo aspecto despierta cuestiones más interesantes. ¿Si la realización del deseo debiera ser algo placentero, porque se debería esconder algo, porque censurar en la elaboración onírica el deseo sostenido?[18] Por el contrario esto mostraría un rechazo, una censura de ese deseo. Los lazos libidinales detrás de tales deseos son fuente de angustia y no puede ser debelados por el inconsciente ya que su contenido resultaría inadmisible para la conciencia, es decir el yo. “Es decir que el o los deseos motores del sueño son deseos sexuales prohibidos y reprimidos y por ende inconscientes”.[19]

En tercer lugar las realizaciones de deseos implica la inflicción de un autocastigo. El deseo no se puede realizar sin generar algún tipo de remordimiento por el placer disfrutado; o la misma realización se vuelve algo desagradable. De esto podemos concluir que la realización de deseo está de alguna forma asociada a la angustia[20].

Este camino lleno de baches medianamente nos ha conducido a un punto en el cual podemos introducir la noción de represión y en que medida esta tiene efecto sobre los síntomas.

En la metapsicología Freud habla de la represión “es una representación del instinto, entendiendo como tal una idea o grupo de ideas a las que el instinto confiere cierto montante de energía (libido, interés).[21] Esto también puede ser entendido como que ciertas situaciones o estímulos pueden despertar representaciones que pueden resultar tan repulsivas y que generan conflictos internos tan intensos, que existe un mecanismo que se enfrenta a estas representaciones con el objeto de anularlas manteniéndolas escondidas a la conciencia. La represión busca evitar displacer.

Esta operación no es completamente efectiva. Esto significa que no logra evitar obstaculizar por completo la idea reprimida. La represión funciona a través de desplazamientos y sustituciones. Estos desplazamientos son efectivos –en tanto mecanismos de defensa- solo en tanto mantienen alejados las ideas reprimidas; pero nunca haciéndolas desaparecer por completo. Incluso la misa operación de la represión requiere un retorno de lo reprimido. Para que algo sea reprimido debe intervenir la fuerza represora que se le opone.

Aquí debemos reconsiderar que la fuente de lo reprimido se encuentra en institntos de energía sexual o libido, y que esta debe ser descargada para darle fin al impulso. Esta cuestión nos acerca al tema del síntoma. El desplazamiento que genera la represión y la ligazón de descarga libidinal en el objeto sustitutivo es condición para la formación del síntoma.

En “Lecciones introductorias al psicoanálisis”, la lección XIX “Resistencia y Represión[22] avanza sobre estas cuestiones. En primer lugar caracteriza la resistencia como algo característico del análisis. La describe como el mecanismo u estrategia que utiliza el paciente para negar, o evitar encontrar asociaciones entre sus manifestaciones inconscientes y sus síntomas (valga la redundancia).

Centraremos el interés de la lectura de este artículo en la represión y la formación de síntoma.

Presentamos entonces al síntoma como un sustituto de una representación que ha sido desviada por la represión a raíz del contenido libidinal del impulso.

A diferencia de lo visto respecto a la realización de deseos en los sueños –donde la censura bastaba para esconder los deseo manifiestos de los mismos-, en la vida diurna, los recuerdos residuales de estos sueños son reprimidos.

La represión no consigue hacer desaparecer la demanda de satisfacción sexual, simplemente la desplaza buscando un objeto sustitutivo que pueda brindar algún tipo de descarga. “Este síntoma no es, en el fondo, como los sueños, sino una satisfacción de un deseo erótico[23].

Hemos recorrido la transición del impulso de origen sexual, su represión y su manifestación como síntoma. El síntoma es generado por la sustitución –en la que satisface el deseo- que impone la represión. Podemos decir que “(…) los síntomas neuróticos son satisfacciones sexuales sustitutivas[24]. Sin embargo el síntoma tiene dos facetas, ya que al mismo tiempo de que intenta satisfacer el deseo hace presente su opuesto. El síntoma es una realización del deseo en conjunto con su misma idea represora.

Esto queda ilustrado con suma claridad en la carta 105 de la correspondencia establecida con Fleiss. Ya con suma anterioridad a estos textos Freud afirmaba “El síntoma (en relación a las realizaciones de deseo que representan los sueños), en cambio, situado como está en medio de la vida real, debe ser al mismo tiempo algo más, debe ser también la realización de deseo del pensamiento represor[25].

Esto queda ilustrado en los casos de la señora X, Y y del señor E. Sintéticamente en el primer caso la señora X Y sufría de vómitos. El análisis permitió descubrir que este síntoma histérico estaba asociado a su deseo inconsciente de quedar embarazada. En este caso vemos como el síntoma histérico realiza el deseo, manifestándose somáticamente en el vómito –como si este simulara el estado de pregnancia-, al mismo tiempo paradójicamente se aleja de las situaciones reales en las que puede realizar este deseo.

El caso del señor E hace referencia a que esta persona sufre de ataques de sudor cuando asiste al teatro. Freud descubre que estos síntomas son manifestaciones de su deseo inconsciente de desflorar a cuanta doncella vea. Sin embargo esta tarea que tanto desea le resulta harta trabajosa, y esto es lo que se manifiesta somáticamente en sus ataques de transpiración.

En estos casos hay que resaltar cierta dinámica del inconsciente en términos de que manera se estructura este síntoma. El lenguaje –el poder de la palabra- es tanto una vía de acceso a las ideas reprimidas, como el marco en el cuál los síntomas adquieren significado.

Freud lleva el síntoma a dimensiones más profundas cuando en su “proyecto de una psicología para neurólogos” cuando describe como la represión histérica afecta a ideas que despiertan en el yo un afecto displacentero, pero de origen sexual. Este procedimiento se desarrolla a nivel neuronal, donde por medio de la catexia se realiza la operación sustitutiva que otorgará una nueva representación como destino del impulso originario, manteniendo todo esto a escondidas de la conciencia. Esto por el simple hecho de que la represión histérica funciona como un mecanismo de defensa que evita que la conciencia se tope con sensaciones displacenteras.

Cabe remarcar el funcionamiento de la función simbólica en este procedimiento. La catexia es un procedimiento por el cual se realiza simbólicamente el desplazamiento. Entender el funcionamiento del simbolismo revela buena parte del funcionamiento del aparato psiquico.

No podemos situar puntualmente una teoría del simbolismo en Freud, si embargo el artículo “El simbolismo en el sueño” de las lecciones introductorias resulta un buen punto de referencia. En este artículo Freud postula que “la deformación que nos impide comprender el sueño es efecto de una censura que ejerce su actividad sobre los deseos inaceptables inconscientes.[26] Esta deformación se debe a que el contenido de estos sueños está constituido por elementos de la vida sexual capaces de generar pensamientos perturbadores. El sueño contaría con un velo que distorsiona estos deseos y fantasías de naturaleza sexual y hacerlos tolerables para el aparato psíquico.

Freud descubre que una gran variedad de símbolos representan en los sueños elementos que aluden o connotan aspectos sobre la sexualidad. Las representaciones aluden a al hogar o la casa, al cuerpo o partes del mismo, como pueden ser los genitales.

El pene suele encontrar sustituciones simbólicas por objetos que se le asemejan como “bastones, paraguas, postes, árboles, armas puntiagudas, cuchillos, puñales, lanzas y sables, como también armas de fuego como revólveres; como grifos, jarros y surtidores, lámparas de suspensión, lápices mecánicos, lápices, pastilleros y limas para las uñas; martillos[27] y otros instrumentos que puedan representar al órgano masculino. En otra categoría –tal vez por sus cualidades cognitivas- propone la figura del Zeppeling como símbolo del órgano genital masculino.

Respecto de los símbolos que representan los genitales femeninos están, “minas, fosas, cavernas, vasos, botellas, cajas, cofres, arcas, bolsillos, caracoles, conchas, cajitas con joyas y tesoros, golosinas” y respecto de otras partes del cuerpo como los senos, metáforas sobre frutos como “manzanas, melocotones, etc[28].

Es en este punto que encontramos un tensión en esta teoría del simbolismo. Aquí vemos que el símbolo aparenta miméticamente el objeto que representa. La conexión entre el símbolo y lo simbolizado respondería a una cuestión icónica. El símbolo es un icono, la cosa misma a representar convertida a signo. Pero el icono mismo –valga la redundancia- es pura iconicidad, es por eso carece de materia fónica. Los iconos no se dicen (fonéticamente), sino que ellos cargan su propio significado independientemente de la materia fónica. En términos cognitivos o sensibles, el icono carece de valor ó estimulo a nivel fonológico[29]; sino que más bien podría ser descifrado, comprendido o interpretado como signo visual.

En síntesis, lo que liga al símbolo y lo simbolizado no es lo mismo que liga al significante y al significado –según la teoría del signo lingüístico- lo que diferencia al símbolo y al signo. En el caso del signo, la ligazón entre el significante y el significado es arbitrario. En el caso del símbolo, el vínculo que lo liga a lo representado no es arbitraria, hasta se podría decir de alguna manera: conveniente[30].

Esto significa que la asociación de que el pene es representado simbólicamente en el sueño por un paraguas no se debe al material fónico de la palabra /pa ra gua’/, siendo este contenido fónico, así como léxico, totalmente arbitrario. Esto es que la conexión entre este símbolo y su significado no depende en ninguna medida del material ni fónico ni léxico ni morfológico. Pareciera que el símbolo antecede a la palabra o significante que utilizamos para dar cuenta de lo soñado. El sueño se libra de la tiranía de la palabra, y la palabra misma es la ruina deshabitada del sueño. La marca y testimonio del mismo sueño en la vida latente.

Sin embargo, en contra de todo lo dicho Freud insiste con el aspecto léxico.[31]

Esto plantea una discontinuidad respecto al criterio iconico del símbolo. Como que el sueño tenía la capacidad de rebasar los límites del lenguaje. A pesar de que se vuelve sobre la cuestión del carácter fonético del símbolo en tanto palabra, que se deja en segundo plano la cuestión de lo iconico; aunque el mismo también admite que estos símbolos pueden abarcar un campo o registro más amplio que el del lenguaje.[32]

Si vamos a las psicopatologías de la vida cotidiana encontramos que el simbolismo funciona de otra manera respecto del simbolismo de los sueños. Presenta una naturaleza distinta el simbolismo de la vida onírica y el de la vigilia.

En este caso las expresiones lingüísticas son las que adquieren un significado simbólico, pero este ya no está representado por una imagen u icono, sino que es construida discursivamente. Es decir que podrían haber dos dimensiones simbólicas, una dominada por la imagen o icono y la otra por la palabra y el discurso.[33]

Esta cuestión, aunque deber ser tenida en cuenta, es menor en relación a la tensión que existe entre la postura de S. Freud y las de C.G. Jung respecto del simbolismo. El centro de esta discusión reside en la naturaleza sexual del símbolo. Mientras que Freud sostiene que el símbolo está estrechamente ligado a lo sexual, y ya sea por las equivocaciones orales que den forma a expresiones contengan significado sexual; o símbolos producto de la vida onírica. En el caso de Jung el símbolo no tiene que estar necesariamente ligado a un contenido sexual[34].

Freud, por medio de la tesis de Sperber, logra establecer que el origen del lenguaje fónico es sexual. Originalmente el lenguaje responde a las necesidades sexuales del hombre. Eventualmente hubo un desplazamiento del lenguaje a otras actividades –así como de interés sexual- como el trabajo haciéndolo equivalente y sustitutivo de la actividad sexual.[35]

La conclusión de Freud es que los sueños o los símbolos que en ellos encontramos son la deformación por mano de la censura de deseos inconscientes reprimidos. El simbolismo es el mecanismo que encuentra la represión para disfrazar el objeto de la representación, que siempre es de origen sexual[36].

La cuestión del lenguaje no necesariamente está contenida en esta concepción del simbolismo, lo que no implica que esta se una cuestión de suma importancia en la formación de los síntomas histéricos. La representación sustitutiva se establece a partir de equivalencias significantes. En el caso de la señora X. Y. en la carta 105, sus vómitos no eran un síntoma fortuito. Estos vómitos representaban simbólicamente el hecho de estar embarazada. Es decir que su síntoma era una simulación de su deseo reprimido.

El caso del señor E la catexia simbólico libidinal se realiza a través de asociaciones estrictamente léxicas. En el caso de la señora X. Y. el síntoma representaba mediante una simulación simbólica su deseo inconsciente reprimido; en el caso del señor E. La manifestación somática –el transpirar- también representaba el deseo inconsciente reprimido, pero la particularidad de este la situación particular en la que este síntoma se activaba, cuando iba al teatro. El teatro en sí no guarda relación alguna con la desfloración. Es su estructura léxica[37], una asociación simbólica un tipo muy particular. En este sentido el lenguaje juega un papel de suma importancia en la formación de síntomas histéricos. Incluso en casos donde el cúmulo de libido es tan intenso que paraliza algún órgano, el lenguaje ayuda a moldear con su significado la dolencia.

Para terminar de desarrollar la cuestión del síntoma histérico podemos referirnos al “Estudio comparativo de las parálisis motrices orgánicas e histéricas” y las “Perturbaciones psicógenas de la visión”. El recorrido que hemos desarrollado para exponer esta cuestión nos llevó desde los aspectos más abstractos de la metapsicología como el destinos de los instintos, como estos se realizan en los sueños, como en la vigilia estas realizaciones se enfrentan a la represión, que ejerce un obstáculo, al desplazar estos impulsos, por medio de la catexia, a actividades que puedan satisfacer la fuente del impulso, que se manifestarán como síntoma somático en el cuerpo. La represión histérica es lo que provoca, por medio de este desplazamiento una fijación somática en un órgano del cuerpo generando el síntoma. El síntoma es la realización de deseo reprimida, que se presenta simultáneamente como satisfacción de un deseo sexual y un flagelo y autocastigo por haberse brindado placer.

Aquí podríamos recapitular algo mencionado anteriormente respecto a los impulsos instintivos originarios, vividos antes de la fase fálica que ordeno en la genitalidad, pero están separados, en formas de pulsiones parciales. Estas pulsiones parciales son impulsos libidinales generadas en torno a una zona erógena en tanto órgano independiente. En este caso la pulsión parcial se apodera del órgano representado por la zona erógena sometiéndolo al síntoma histérico.

En el “Estudio comparativo de las parálisis motrices” Freud realiza una importante distinción entre las parálisis cerebrales y las parálisis nerviosas[38]. Un descubrimiento interesante es que hay parálisis sobre órganos del cuerpo que no se comportan en relación al centro nervioso que gobierna el órgano. Esto significa que este tipo de parálisis no está determinado por defectos neurológicos, o fallas en áreas del cerebro. Freud llama a estas parálisis de representación, o parálisis histéricas. Estas parálisis aunque comparten con las orgánicas solo un aspecto de representación. En este caso una representación se fija una cuantiosa intensidad de energía libidinal en un órgano del cuerpo dejándolo sujeto al síntoma histérico. El síntoma histérico genera un efecto de autosugestión que logra, a pesar de no padecer ninguna dolencia orgánica, fijar una lesión sobre un órgano del cuerpo.

Aquí Freud introduce la noción de un trauma alojado en el inconsciente, que cada vez que es recordado o evocado, activa el síntoma[39].

Hasta aquí es que llegamos en este trabajo, que con algunos desatinos, desarrolla algunos aspectos de la teoría sexual en Freud.

El recorrido que hemos realizado comienza con los aspectos más generales que rigen nuestros impulsos sexuales, de que manera encuentran satisfacción –en forma de realizaciones de deseo-; como algunas de estas encuentran el destino de la represión, y como esta desemboca en el síntoma histérico. Para desarrollar este argumento tuvimos presente las realizaciones de deseo en los sueños y en la vigilia, y como actuaban la censura y la represión. El argumento se dispersó en torno a lo simbólico, pero volvió a la cuestión de la sexualidad. La libido –palabra poco mencionada en este trabajo- representa la fuerza de origen sexual que impulsa los síntomas histéricos. Aunque las referencias a la libido puedan haber resultado insuficientes, queda claro su origen, funcionamiento y relevancia en la formación de síntomas. Realizamos algunas breves miradas al aspecto neurológico de este problema y hacia el final intentamos articular el desarrollo teórico en el aspecto concreto que representa el síntoma. Entendemos entonces al síntoma –o síntoma histérico- como una manifestación somática sobre una parte del cuerpo consecuencia de un desplazamiento de un cúmulo de impulsos que reprimen simbólicamente bajo el padecimiento un deseo de origen sexual.


[1]

Ricardo Esteves.

ric.esteves@gmail.com

[2] Espejo porque niega el deseo en tanto que proyecta –como un espejo- aquello que reprime sobre su deseo.

[3] S. Freud. “Esquema de psicoanálisis” Paidós, Bs. As. 1966. Págs. 15 y 20.

[4] Ibidem.

[5] Freud dice: “Así, el acto de comer representa una destrucción del objeto con la finalidad de la incorporación; el acto sexual, una agresión con el propósito de las más íntima unión.” Ibid. p.17

[6] Ibid. p.20.

[7] Ibid. p.22.

[8] Omitimos aquí detalles sobre el procedimiento de la diferenciación de los sexos y la formación del complejo de Edipo.

[9]Estudiando las funciones sexuales hemos adquirido una primera convicción provisional, o más bien de una presunción de dos nociones que demostrarán ser importantes en (…)nuestra ciencia. (…)debe ser descrita desde el punto de vista del dinamismo y de la economía (en nuestro caso, la distribución cuantitativa de libido); además, que la etiología de los trastornos estudiados por nosotros (…).” Ibid. 26

[10] S. Mizrahi “Clases Teóricas” Material de Cátedra. Pág. 4.

[11] S. Freud “El malestar en la cultura y otros ensayos” Alianza, Madrid 2000. Pags. 142-164.

[12] Ibid.145.

[13] Ibid.147.

[14] Ibid.148.

[15] En el caso de que la orientación sea contra la propia persona se genera un sadismo dirigido contra la misma persona. Este es el caso del masoquista que encuentra un goce en la agresión a su propia persona. Las diferenciaciones entre estos fenómenos son: “a) El sadismo consisite en la violencia ejercida contra una tercera persona como objeto. b) Este objeto es abandonado y sustituido por la propia persona. Con la orientación contra la propia ersona queda realizada también la transformación del fin activo del instinto en un fin pasivo. c) Es buscada nuevamente como objeto una tercera persona, que a consecuencia de la transformación del fin tien que encargarse del papel del sujeto.” Ibidem.Ibid.152.

[16] “(…)cuando hablemos de lo infantil vamos a poner el acento en la desmesura, lo que carece de diques o no conoce aplazamientos.”S. Mizrahi “Clases Teóricas” Material de Cátedra. Pág. 9.

[17] Freud hace una peculiar observación: “Si el deseo no ha sido satisfecho, no por ello la intención deja de ser laudable”. S. Freud “Lecciones introductorias al psicoanalisis” Biblioteca Nueva/Losada Madrid. 1997. Pág. 2254.

[18]¿contra qué se ejerce censura?” S. Mizrahi Ibidem.

[19] Ibidem.

[20]Debemos, además, tener en cuenta que el temor o la angustia es algo por completo opuesto al deseo y que los contrarios se encuentran muy próximos unos de otros en la asociación, e incluso llegan a confundirse, como ya sabemos, en lo inconscienteIbid. p. 2258

[21] Ibid pág 171.

[22] S. Freud “Lección XIX: Resistencia y Represión” en “Lecciones introductorias al psicoanalisis” Biblioteca Nueva/Losada Madrid. 1997. Pág. 2254.

[23] Ibid. 2309.

[24] Ibid. 2310.

[25] Carta 105. “Correspondencia a Fleiss” en “Los orígenes del psicoanálisis” Hyspanoamérica, Bs. As. 1993. Pág. 3616.

[26] S. Freud. “Obras Completas.16” Biblioteca Nueva/ Losada. Bs. As. 1997. p.2212.

[27] Ibid. 2216-2217.

[28] Ibid. 2217.

[29] En tanto fonema independiente. Esto no significa que el símbolo o icono no pueda ser articulado por medio del discurso.

[30] Por conveniencia nos referimos a convenientia, la vecindad de la similitud. “Son “convenientes” las cosas que, acercándose una a otra, se unen, sus bordes se tocan, sus franjas se mezclan, las extremidad de una traza el principio de la otra” M. Focault. “las palabras y las cosas” S.XXI, D.F. 1998. p.27.

[31]Los etimologistas han hecho verosímil la hipótesis de que el barco constituye una representación simbólica de la mujer. La palabra Schiff (barco), que servia primitivamente para designar un vaso de arcilla, no sería, en realidad, sino una modificación de la palabra Schaff (escudilla).” Ibid. p2220.

[32] Así, pues, para admitir esta filiación del símbolo que nos ocupa, sólo nos faltará comprender si personas de idioma distinto del alemán utilizan en sueños conceptos el concepto de habitación como símbolo femenino, y creo recordar que en un gran número de pacientes extranjeros tratados por mí en estos últimos años sucedía así en efecto, a pesar de que en sus idiomas respectivos la palabra ”mujer” carecía de relación alguna con lo de “habitación”, no existiendo tampoco locución alguna que aproximara ambos conceptos como en alemán sucede (Frauezimmer por Frau). Todavía existen otros indicios de que la relación simbólica puede debasar los límites lingüísticos, hecho que ya ha sido reconocido por el onirocrítico Schubert (1814).” Ibid. 2220

[33] Existe un caso en el punto V de psicopatologías … Equivocaciones orales, el ejemplo número 33 cuenta que un joven recién casado, utiliza sin autorización la borla de su esposa para afeitarse cuando expresa: “Ya estás otra vez echandote polvos con mi borla” Freud interpreta que esta expresión equivale a “realizar el coito”, y que la borla representa un símbolo fálico. S. Freud. “Obras Completas” Tomo III. Biblioteca nueva. Madrid. 1972. p.82.

[34] La postura de Jung es más esotérica en términos de que los símbolos pueden tener significados de ninguna manera relacionados con lo sexual. Por el contrario buscaba en el simbolismo señales de la manifestación de lo divino en el hombre. En sus experimentos de pintura libre él interpreta que según el estado del artista este podría reflejar estados de su alma y de conocimientos presentes desde la antigüedad en ciertas culturas no occidentales. C.G. Jung “Formaciones de lo inconsciente” Paidós. Barcelona. 1992.

[35] Ibid. 2224.

[36] En referencia a lo simbólico J. Derrida en “Freud y la escena de la escritura” en “La escritura y la Diferencia” Anthropos,” Barcelona. 1989. Presenta una lectura singularmente interesante. En esta pequeña nota no hacemos más que rescatar nociones de huella [o archihuella] y abrirse-paso.

[37] La asociación es con la palabra Theathersal y Schulesal. Es la partícula morfémica “sal” que actúa de puente uniendo estos dos lugares.

[38] Para el caso de las parálisis motrices, las parálisis periférico-espinal (o bulbar) y la parálisis cerebral.

[39]En resumen: (…) la lesión existente en las parálisis histéricas no consiste sino en la inaccesibilidad de la concepción del órgano o de la función para las asociaciones del yo consciente; qu esta alteración, puramente funcional (…) es causada por la permanencia de esta concepción en una asociación subconciente con el recuerdo del trauma, y qye esta concepción no se liberta y hace accesible en tanto que el valor afectivo del trauma psíquico no ha sido eliminado por medio de la reacción motriz adecuada o del trabajo psíquico conciente”. S. Freud. “Estudio Comparativo de las parálisis motrices” en “Obras Completas” Biblioteca Nueva, pág. 21.

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1 Comentario

Archivado bajo Crítica, Filosofía, Literatura, Psicoanálisis

Una respuesta a “La Sexualidad en Freud: Pulsión, Represión y Síntoma.

  1. MARTIN

    PULSION REPRESION Y SINTOMA

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