Conflicto con el campo: Volvieron los cacerolazos.

Hoy en medio de la lucha entre el gobierno y el campo estalló un acontecimiento político que nos recuerda el 2001. Ciudadanos de las principales ciudades de la Argentina se manifestaron espontáneamente con cacerolas en forma de protesta contra el gobierno plegándose a las demandas del campo.
De alguna manera una demanda específica y particular de un sector se volvió una causa popular apoyada por las clases urbanas que no necesariamente se benefician con las medidas que se discuten. El campo ha logrado que su demanda sectorial, particular sea un causa popular apoyada por una pluralidad de sectores, que hacén del problema de las retensiones una causa común. Un extensivo paro con cortes de ruta que amenaza el abastecimiento de alimentos en todo el país generó un efecto contrario -en los sectores que suelen repudiar estas formas de protesta- a lo que se podría esperar. Este piquete articuló de forma singular una serie de demandas de parte de la ciudadanía que se siente excluida.
Al día siguiente de una enorme movilización en plaza de mayo en la que se recordaba el 32 aniversario del golpe genocida aflora a la superficie visible una masa amorfa de demandas que no son satisfechas por el discurso de derechos humanos del gobierno.
La manera en que la presidenta Critina Fernandez de Kirchner confrontó con el campo en su discurso de hoy creo una nueva frontera desplazando una serie de demandas singulares -y hasta contradictorias en algunos casos- a un polo común que permite articular un sujeto popular como oposición al modelo popular hegemónico del modelo Kirchner.
Esto significa que no importa si el aumento de las retenciones beneficia o no a la gente que protestaba esta noche. La gente que se manifestó esta noche significó de forma singular el contenido de su protesta. Protestaron en contra de que el Estado “le meta la mano en el bolsillo a la gente“, porque la imágen de la gente del campo evoca “gente trabajadora, honesta y buena“, porque creen que esta medida busca recaudar más y “utilizar ese dinero para conseguir pactos políticos con gobernadores e intendentes” porque no le agrada la confrontación, el pedido que “renuncie Cristina Fernandez de Kirchner“, en fin, cada cuál alegará causas distintas.
El estallido de los cacerolazos que evocan el 2001, donde espontáneamente se estaba pidiendo la renuncia de la presidenta han creado la peor crisis de gobernabilidad de los últimos 5 años.
Esto describe el mecanismo de establecimiento del populismo como lo explica Ernesto Laclau. Un proceso de proliferación de demandas distintas que logran articularse equivalencialmente constituyendo una identidad política: el pueblo. El gobierno había logrado -hasta ahora- constituir esta identidad de pueblo con mucho éxito. También ésta se manifiesta en forma de “contramarcha” conducida por Luis D’elia. Esto no atenúa o minimiza el efecto de la marcha de hoy sino por el contrario, trae el conflicto a un plano de representación más concreta, la de los cuerpos.
Lo que hoy sucedió nos muestra las fisuras que experimenta la hegemonia del gobierno de Cristina Kirchner.

Mi opinión personal es que la cuestión de las retensiones no es algo que sea necesariamente malo. No me parece mala la medida de utilizar retensiones altas a las exportaciones para garantizar el abastecimiento de alimentos del mercado interno. Digámoslo en forma acertiva. Esta muy bien que los grandes productores agropecuarios que desarrollan actividades como el cultivo de la soja paguen retensiones altas. Pensado desde un punto de vista estrictamente pragmático, no tengo campo, por consiguiente la medida no me afecta, incluso hasta podría llegar convenirme, en tanto esta medida garantice el acceso a alimentos a precios accesibles.
Lo más delicado aquí es la inestabilidad política. El problema de gobernabilidad que ha creado este conflicto sectorial que se ha vuelto causa popular. Que el fantasma del 2001 haya vuelto a las calles. Los Kirchner pueden tener un millón de cosas malas pero han mantenido un gobierno menos peor que los de Menem y De la Rúa.
Sin tener una posición oficialista, lamento que los acontecimientos se hayan dado de la manera en que se dieron.

Una conclusión que podemos extraer a la luz de lo dicho:
De la misma manera que en el 2001, si el que “Se vayan todos” no logra irrumpir en un movimiento articulatorio político que cristalice en un discurso político que busque establecer una nueva hegemonía, se disipará de la misma manera que ése movimiento “asambleista”. Esto implica, de alguna manera, la aparición de un lider que articule equivalencialmente todas estas demandas.
Por otro lado el gobierno debera reestablecer su hegemonia, siempre y cuando logre captar muchas de esas demandas manifestadas.

La gran pregunta que nos debemos hacer es ¿que pasará con el abastecimiento de alimentos? ¿Que pasará con esta gente que se manifestó cuando sienta que le faltan los alimentos frescos? ¿Seguirá apoyando el paro del campo?

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