Retensiones: ¿Demanda democrática o popular?

Partamos de la categoría desarrollada por Ernesto Laclau en su libro la razón populista de demanda. Laclau propone la demanda como unidad de análisis, como particula a patrir de la cual se constituyen las identidades políticas. Esto sería la respuesta a la pregunta ¿Cómo damos cuenta de las identidades políticas? Cuando un grupo de individuos se reunen en torno a un problema concreto y específico que afecta sus vidas y generar a partir de esto un reclamo que intentarán articular en forma de demanda al poder político. Este tipo de demanda particular es lo se podría llamar demanda democrática, porque responde a un pedido particular que se agota en sí misma.

Existe otro tipo de demanda que es la que permite otro tipo de articulaciones y que posibilita el establecimiento de una hegemonía y una identidad política popular, en otras palabras, constituye al Pueblo. Las demandas populares son aquellas que se articulan equivalencial con otras demandas distintas. Esto es, una demanda democrática que se articula equivalencialmente con otra demanda democrática distinta.

Ahora cabe la pregunta ¿Existe una diferencia sustantiva entre las demandas populares y democráticas? Esto es; Observadas desde el lugar donde se producen o generan las demandas, ¿Se puede definir si esa demanda es demoocrática o popular? Esto es preguntarse sobre la sobredeterminación de las demandas. La forma en que Laclau resuelve esto con un sugerencia de Paula Biglieri es la contaminación. Que las demandas están mutuamente contaminadas. Que las demandas democráticas tienen algo de populares y viceversa. Ahora si vemos las demandas no como algo sobredeterminado sino como una forma colectiva de subjetivación de lo real, lo que determinaría si la demanda es democrática o popular es algo que se crea exclusivamente en la recepción. Esto es, el sentido no se encuentra en el momento que se crea la demanda, sino en el momento que esta demanda circula y recibida. El sentido sería un efecto ulterior al del establecimiento de las demandas. De manera que lo que determina que las demandas sean democráticas o populares, es algo contingente independientemente de la voluntad de quien establece la demanda. En otras palabras, las demandas son democráticas o populares como resultado ulterior de los mecanismos articulatorios que se puedan dar o no.

Preguntarse sobre esto resulta relevante para entender el problema de las retensiones en el conflicto con el campo. Esto sería preguntarse si la demanda por retensiones es popular o democrática. Por lo dicho anteriormente la demanda escencialmente no es ni democrática ni popular. Uno podría intuitivamente que la demanda del campo es una demanda democrática porque es un pedido que afectaría exclusivamente a la gente vinculada al campo. Por otro lado, la posición del gobierno debería ser naturalmente popular por las articulaciones hegemónicas que les permitieron a través de significantes flotantes y vacíos como los derechos humanos y ulteriormente el crecimiento económico y la distribución del ingreso.

Aquí tendríamos -según esta perspectiva- al gobierno de Cristina Fernandez de Kirchner sosteniedo una demanda popular y el campo por el otro sosteniendo una demanda democrática, sectorial, que solo afecta a los productores agropecuarios. Esto es así si consideramos que existe una sobredeterminación en el origen de las demandas. Pero si esto fuera así como se explica el apoyo que ha recibido la demanda del campo por parte de muchos sectores distintos y que pueden o no -de hecho el gobierno no deja de advertir que sin retensiones se afectará la mesa de los argentinos-ser beneficiados por las medidas en discusión.

Es evidente que en ese multitudinario acto en el monumento de los españoles en Palermo no había solo gente -en términos de sobredeterminación- del campo. Es evidente que esta demanda democrática del campo consiguió articularse de manera equivalencial con una serie de demandas diferentes. El mismo acto del campo pone en evidencia eso con el despliegue simbólico, desde rezar a pallar en verso sobre el conflicto.

Esto plantea el siguiente problema. La demanda del campo, al lograr articular demandas distintas -dicho de otra forma- al lograr convocar sectores con demandas distintas bajo el significante vació de las retensiones, logró que sus demanda sea popular. Esta demanda popular constituye también una identidad popular.

Lo que distingue muy bien Laclau que es necesario para que este movimiento horizontal en la que se encadenan diferencialmente demandas un movimiento horizontal que articule de forma hegemónica ese movimiento equivalencial. En otras palabras, a pesar de entender que la demanda del campo dejó de ser una demanda democrática para ser una demanda popular. Lo que todavía no hace posible que esta demanda popular constituya una nueva hegemonía es la fallta de esta articulación vertical, esto es, que alguien -un sujeto, no una persona-, presente de forma condensada en un significante flotante y vació todas las distintas demandas que se articularon equivalencialmente. Por decirlo de forma burda, es necesario que un De Angelis realice un movimiento netamente político de afirmar algo donde convergan los discursos de la oposición y tener la fortuna que la contingencia permita que esto sea percibido de esa manera.

¿Esto significa que el gobierno de Cristina Fernandez de Kirchner ha perdido la hegemonía? Lo que está sucediendo es que se está disputando la identidad popular, esto es, hay una puja por la constitución de un Pueblo. La ventaja que aún tiene el gobierno frente a este movimiento es que está articulado verticalmente, y el “campo” no ha logrado efectuar ese movimiento articulatorio con éxito, por el momento.

Lo que queda claro es que el gobierno necesita disputar los significantes vacíos que ha logrado hegemonizar el “campo”. Incluso, por todo lo anterior, es probable que la demandas populares que brindaban un espacio de articulación equivalencial como los derechos humanos, y ahora la redistribución del ingreso.

Tampoco vamos a descartar del todo la idea de la contaminación. Más que esta noción me gustaría pensar en el mismo principio que opera en la hegemonía, la incapacidad de cierre. Más que contaminadas, las demandas están abiertas. Esto implica “contaminación” pero no en términos de sustancia más que en la naturaleza subjetiva a partir de la que se constituyen estos fenómenos.

Esto tal vez signifique que el gobierno necesite replantear el sujeto popular de su propuesta política.

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Archivado bajo Crítica, Filosofía, Política

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