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El Post-estructuralismo en cinco fáciles pasos

Diez cosas que siempre quiso saber sobre el postestructuralismo y nunca se animo a preguntar

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Diez cosas que siempre quiso saber sobre el post-estructuralismo y nunca se animó a preguntar

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Debates Actuales de la Teoría Política 2009: La era Obama

Estimados Amigos,

Quedan todos invitados a participar de este decatlón filosófico titulado “Debates Actuales de la Teoría Política Contemporánea” que tiene como objeto ejercitar un gesto subversivo.
Este año repetiremos la actividad realizada en 2008 bajo el título “Debates Actuales de la Teoría Política contemporánea“en la que esbozamos un ejercicio de pensamiento sobre la realidad política de nuestro tiempo.

Esta actividad está pensada para realizarse durante el primer cuatrimestre del 2009 a partir de la tercer semana marzo, los miércoles de 19 a 21 hs. en la facultad de filosofía y letras de la UBA (aula a designar).

Anexo: Programa 2009

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Este blog ha estado inactivo por casi un mes y su actividad ha estado declinando un poco en los últimos meses del año que acaba de terminar. Esto no se debe a que en el mundo no estuvieran sucediendo cosas. Todo lo contrario, el mundo está en fuego. Aquellas cosas de las que veníamos escribiendo estallaron de forma impredecible. Terminamos el 2007 con el retorno -como de lo reprimido- de la palabra “capitalismo”. Esta palabra velada -casi invisible- que al mismo tiempo es el significante que organiza todo el discurso: Capitalismo. Que esta palabra se haya vuelto a instalar en los medios, en las discusiones, en el discurso; abre la posibilidad de nuevos desplazamientos que permitan articular nuevos discursos, nuevas formas de decir nuestra realidad.
Empiezo el 2009 con una nueva tesis. Así como 1989 con la caída del muro de Berlín significó la desaparición del comunismo; el 2008 y su crisis financiera significó la muerte del liberalismo. La diferencia entre estos dos casos es que en el primero el socialismo cayó por la competencia contra otro sistema o ideología: “el liberalismo”. En el caso del 2008, el liberalismo cae no en competencia sino por las contradicciones internas de esta formas actuales del capitalismo financiero. Para decirlo en palabras claras; el liberalismo cae cuando un presidente “ultra liberal” como George Bush realiza la intervención en la economía más bestial de la historia. Cuando sucede eso, que los liberales dejan de ser liberales, es que se comienza a desintegrar el liberalismo como ideología, sino como doctrina económica. Esto se puede observar a otro nivel cuando la revista Noticias dedica en la portado al hombre del año 2008 a John Maynard Keynes. Así es, el amigo de Ludvig Wittgenstein y responsable del modelo económico intervencionista que rescató de la crisis financiera de 1930 a Europa y Estados Unidos creando un Estado de Bienestar.
No creo que estemos en un retorno a esos modelos como de que se han desarrollado ciertas “revoluciones” en distintos campos aislados que no se les ha podido dar un contenido político. En otras palabras, el sistema económico-financiero mundial está enfrentando forzozamente un cambio, (los sistemas de las comunicaciones han revolucionado nuestras vidas), las subjetividades, las identidades y reordenamiento del Estado frente a estos nuevos (como el caso de Tania, la travesti que consiguió un DNI de mujer) Sujetos, que en consecuencia son políticos. Lo que no ha habido es un “ajuste” político que acompañara estos cambios y revoluciones. No ha habido una propuesta política que le de contenido a los cambios y transformaciones en estos campos.
En Debates Actuales de la Teoría Contemporánea (actividad academica subversiva) nos hacemos la pregunta sobre éste contenido político ausente en las transformaciones de las subjetividades e identidades de nuestro tiempo. En algún sentido en esta reflexión se identifica a la filosofía (no como institución y disciplina sino como en situación enunciativa) como herramienta para pensar en esos contenidos políticos. El principio del psicoanálisis es fundamental en el proceso de pensar las identidades políticas contemporáneas. El psicoanálisis comprendido como una teoría de la sexualidad y en algún sentido del amor, y de lo imaginario y lo Real. Una teoría que nos permite ver la revolución como un análisis interminable, que nos enseña que no hay un final superador último sino (en el mejor de los casos) formas sublimadoras de realizar nuestros deseos que debido a las prohibiciones socieales que al precio de establecer su propio orden hace que los deseos alimentados por nuestras pulsiones (corporales) se hagan a nuestra conciencia individual (yo) inconcebibles y deban ser reprimidos, enterrados bajo la conciencia, constituyendose como la fuente de sintomas de distintos tipos.
Pensar esto, no en un campo especulativo puramente formal sino instalar estas reflexiones en el espacio de lo Real. Encontrar el objeto a, esa porción de lo real en lo que podemos proyectar ese objeto imaginario e inalcanzable que es objeto primario de nuestra afección infantil (como pueden ser las utopias políticas). Esta concepción nos permite ver los procesos revolucionarios no como formas de alcanzar utopias políticas sino como formas que permitan satisfacer (que brinden un goce) en el campo de lo Real, las demandas de distintos sujetos.
El populismo -por como bajo la idea de “Pueblo”- permite identificar de la misma manera a personas con demandas distintas. Hemos visto como la teoría del populismo nos promete un poco más que nuestros gobiernos latinoamericanos han logrado. Indudbalemente esta es una buena dirección, pero las formas que estamos aplicando para recorrer estos caminos todavía pueden perfeccionarse mucho.
En este sentido empezamos el 2009 con la tarea de pensar y hacer el contenido político de este nuevo momento de la historia. Comenzamos el 2009 con esta tarea y este compromiso.

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Los personajes de la historia.


Sócrates, Bill Gates, Pelé, Lenin, Bill Clinton, Bruce Lee, De Gaulle, Margaret Tatcher, Winston Churchill, Adolf Hitler, Benito Musolini, Saddam Hussein, Luvig Van Beethoven, Mao, Chrles Chaplin, Sigmund Freud, Putin, Mike Tyson, Albert Tyson, Moises, Ghandi, Van Gogh, Michel Jordan, Marylin Monroe, Nicolás Maquiavelo, Dalí, Luciano Pavarotti, Douglas MacArthur, Che Guevara, Fidel Castro, Napoleón Bonaparte, Marlon Brando, Arafat, George Bush, Pablo Picasso, Abraham Lincoln, Principe Carlos, Madre Teresa, Gorvachov, Osama Bin Laden, Julio César, Mozart, Karl Marx, Federico Engels, Roosvelt, La reina Isabel, Bufalo Bill, William Shakespeare, Gustavo Adolfo, Elvis Presley, lenin, Shirley Temple, Lewis Carrol, Ramses, Genkis Khan, Leonardo DaVinci,

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Simbolismo: de Freud a Klein

Simbolismo: de Freud a Klein[1].

En los sueños (escribe Coleridge) las imágenes figuran las impresiones que pensamos que causan; no sentimos horror porque nos oprime una esfinge, soñamos una esfinge para explicar el horror que sentimos

J.L. Borges “Ragnarök”.

El simbolismo puede ser considerada una categoría central para el psicoanálisis, ya que es un medio privilegiado para la interpretación del inconsciente; así como mecanismo con el cuál operar con la esperanza que el paciente encuentre formas menos represivas de realizar sus deseos o impulsos libidinales.

En este trabajo nos proponemos trazar el recorrido de la teoría del simbolismo desde S. Freud a M. Klein. Para ello consideraremos la conferencia de las lecciones introductorias al psicoanálisis titulada “El simbolismo en el sueño” y los textos de M. Klein, “Análisis Infantil” y “La importancia de la formación de símbolos en el desarrollo del yo”.

Trataremos de exponer que la noción de símbolo como es presentada por Freud resulta por momentos ambigua. Sin embargo esta ambigüedad podrá proporcionarnos una noción extendida de este término. Esto podrá brindarnos un punto de partida para analizar la posición de Klein respecto al simbolismo y su importancia, tanto a nivel teórico, como en la misma práctica del psicoanálisis.

Una distinción fundamental, que aunque ambos autores presenten una teoría general –o por lo menos en términos de categoría de tipo ideal- del campo concreto sobre el cuál operan ambos analistas posee una particular diferencia que puede reflejar algunas discrepancias. En primer lugar la causa por la cual Klein adopta técnicas de análisis distintas a las de Freud se debe a que ella trata con niños en vez de con adultos. A pesar de que –como quedó saldado en el simposium de psicoanálisis– ambas prácticas trabajan sobre el inconsciente y están guiadas por el principio de la asociación libre, la naturaleza del material simbólico de estas prácticas resultará distintas. En definitiva estas representaciones pueden resultar de igual importancia para el analista, pero cabe a nivel teórico intentar de indagar y diferenciar las distintas naturalezas de lo simbólico en estas teorías y prácticas psicoanalíticas.

La posición propuesta aquí es que la concepción de símbolo que propone Freud en su artículo el simbolismo en el sueño –a diferencia de las posiciones mostradas en otros artículos- como en los dos artículos de Klein, es diferente a la de signo. El argumento central que posibilita esta distinción entre símbolo y signo, es la manera en que estas figuras están enlazadas al significado, y el soporte –material o no- de estas representaciones. La distinción que proponemos entre estas dos categorías es que el signo es propio de la lengua mientras que el símbolo es una inscripción de tipo iconográfico o mimético de aquello que intenta representar, y tiende a manifestares a través de otras prácticas que la del habla, sino preferentemente por medio de los sueños o en juegos.

En síntesis esto significa que el símbolo es una figura apropiada para los sueños y el juego, mientras que el signo se articula en el discurso. Todas estas representaciones tienen que dar cuenta de su significado, y este mismo se encuentra estrictamente en el discurso. Incluso damos cuenta discursivamente de los símbolos, a pesar que ellos mismos como tales escapen al lenguaje en tanto pertenecen a otro sistema de símbolos. Aún así, aunque los símbolos tengan su existencia fuera del lenguaje mantienen su naturaleza significante.

¿Podemos pensar que el consciente y el inconsciente operan con distintos códigos? El inconsciente se manifiesta lingüísticamente, es decir mediante el discurso, y toda la psicopatología de la vida cotidiana es evidencia de esto. Sin embargo aquí vemos como el inconsciente se filtra a través de la conciencia, es decir una manifestación real -exteriorizada- del incosciente durante la vigilia. En los sueños el inconsciente no se ve restringido a las estructuras de nuestra percepción consciente. El sueño tiene una gramática, una sintaxis y una semántica propia. El signo lingüístico con el que operamos durante nuestra vigilia se vuelve obsoleto en el sueño, dejando en manos de las cosas mismas la capacidad de mostrarse icónicamente, distorcionadas bajo el velo de la represión.

Para el caso particular de Klein el símbolo ya no es esa manifestación inconsciente que se revela en los sueños. La noción de símbolo de Klein es maleable y un elemento indispensable en su clínica. Esta concepción del símbolo está estrechamente relacionado con la idea de representación. El simbolismo sería aquello que tiende un puente entre las representaciones fantaseadas que se tienen y los objetos reales. Mediante el proceso de formación de símbolos es que el yo desarrolla su percepción del mundo. El sadismo sería la fuente motora de este proceso de simbolización por medio del cual un mundo interiorizado -fantaseosamente- se encuentra con su momento real y concreto continuamente.

La formación de símbolos es una operación que afecta al aparato psíquico que permite crear un exterior en el que el interior pueda realizar un anclaje pulsional que creará su realidad[2].

En Análisis Infantil, Klein habla de la catexia simbólico sexual como una tendencia libidinal. La catexia simbólico sexual es la capacidad por la cual el yo encuentra –por medio de operaciones de catetización simbólica- como desplazar impulsos libidinales por medio de actividades que le permitan liberar estos impulsos de maneras menos represivas y más cercanas a la sublimación[3]. La catexis simbólica sexual es una operación que hace posible la sublimación. El mecanismo consiste en poder desplazar simbólicamente los impulsos lividinales que son reprimidos a un campo equivalente que permita realizar y expulsar esos impulsos sin represión. En este encuadre el análisis debería ser una actividad terapéutica orientada a sustituir la represión por la sublimación, desviando el camino hacia la neurosis a través del desarrollo de los talentos[4].

Después de esta introducción que presenta sintéticamente la discusión que será desarrollada en este trabajo. Desarrollaremos primero la teoría del símbolo en Freud, prestando especial atención en la mencionada conferencia. Tendremos en cuenta algunos elementos como la tensión entre la postulado respecto en distintos momentos de la misma teoría, y la ruptura con C.G Jung. En segundo lugar veremos la constitución de símbolos para la teoría de Klein, las influencias de Ferenczi, Jones y Freud [Sperber]; la identificación y la formación simbólica como posibilitadora de la sublimación –como la capacidad del individuo para lograr que una actividad adquiera una catexia libidinal satisfactoria para un normal desarrollo del yo. Por último expondremos las conclusiones.

El simbolismo en Freud.

Aunque no podemos considerar que en la obra de Freud todo el desarrollo teórico sobre el simbolismo gire entorno al artículo “El simbolismo en el sueño” resulta un buen punto de referencia. En este artículo Freud postula que “la deformación que nos impide comprender el sueño es efecto de una censura que ejerce su actividad sobre los deseos inaceptables inconscientes.[5] Esta deformación se debe a que el contenido de estos sueños está constituido por elementos de la vida sexual capaces de generar pensamientos perturbadores. El sueño contaría con un velo que distorsiona estos deseos y fantasías de naturaleza sexual y hacerlos tolerables para el aparato psíquico.

Freud descubre que una gran variedad de símbolos representan en los sueños elementos que aluden o connotan aspectos sobre la sexualidad. Las representaciones aluden a al hogar o la casa, al cuerpo o partes del mismo, como pueden ser los genitales.

El pene suele encontrar sustituciones simbólicas por objetos que se le asemejan como “bastones, paraguas, postes, árboles, armas puntiagudas, cuchillos, puñales, lanzas y sables, como también armas de fuego como revólveres; como grifos, jarros y surtidores, lámparas de suspensión, lápices mecánicos, lápices, pastilleros y limas para las uñas; martillos[6] y otros instrumentos que puedan representar al órgano masculino. En otra categoría –tal vez por sus cualidades cognitivas- propone la figura del Zeppeling como símbolo del órgano genital masculino.

Respecto de los símbolos que representan los genitales femeninos están, “minas, fosas, cavernas, vasos, botellas, cajas, cofres, arcas, bolsillos, caracoles, conchas, cajitas con joyas y tesoros, golosinas” y respecto de otras partes del cuerpo como los senos, metáforas sobre frutos como “manzanas, melocotones, etc[7].

Es en este punto que encontramos un tensión en esta teoría del simbolismo. Aquí vemos que el símbolo aparenta miméticamente el objeto que representa. La conexión entre el símbolo y lo simbolizado respondería a una cuestión icónica. El símbolo es un icono, la cosa misma a representar convertida a signo. Pero el icono mismo –valga la redundancia- es pura iconicidad, es por eso carece de materia fónica. Los iconos no se dicen (fonéticamente), sino que ellos cargan su propio significado independientemente de la materia fónica. En términos cognitivos o sensibles, el icono carece de valor ó estimulo a nivel fonológico[8]; sino que más bien podría ser descifrado, comprendido o interpretado como signo visual.

En síntesis, lo que liga al símbolo y lo simbolizado no es lo mismo que liga al significante y al significado –según la teoría del signo lingüístico- lo que diferencia al símbolo y al signo. En el caso del signo, la ligazón entre el significante y el significado es arbitrario. En el caso del símbolo, el vínculo que lo liga a lo representado no es arbitraria, hasta se podría decir de alguna manera: conveniente[9].

Esto significa que la asociación de que el pene es representado simbólicamente en el sueño por un paraguas no se debe al material fónico de la palabra /pa ra gua’/, siendo este contenido fónico, así como léxico, totalmente arbitrario. Esto es que la conexión entre este símbolo y su significado no depende en ninguna medida del material ni fónico ni léxico ni morfológico. Pareciera que el símbolo antecede a la palabra o significante que utilizamos para dar cuenta de lo soñado. El sueño se libra de la tiranía de la palabra, y la palabra misma es la ruina deshabitada del sueño. La marca y testimonio del mismo sueño en la vida latente.

Sin embargo, en contra de todo lo dicho Freud insiste con el aspecto léxico.[10]

Esto plantea una discontinuidad respecto al criterio iconico del símbolo. Como que el sueño tenía la capacidad de rebasar los límites del lenguaje. A pesar de que se vuelve sobre la cuestión del carácter fonético del símbolo en tanto palabra, que se deja en segundo plano la cuestión de lo iconico; aunque el mismo también admite que estos símbolos pueden abarcar un campo o registro más amplio que el del lenguaje.[11]

Si vamos a las psicopatologías de la vida cotidiana encontramos que el simbolismo funciona de otra manera respecto del simbolismo de los sueños. Presenta una naturaleza distinta el simbolismo de la vida onírica y el de la vigilia.

En este caso las expresiones lingüísticas son las que adquieren un significado simbólico, pero este ya no está representado por una imagen u icono, sino que es construida discursivamente. Es decir que podrían haber dos dimensiones simbólicas, una dominada por la imagen o icono y la otra por la palabra y el discurso.[12]

Esta cuestión, aunque deber ser tenida en cuenta, es menor en relación a la tensión que existe entre la postura de S. Freud y las de C.G. Jung respecto del simbolismo. El centro de esta discusión reside en la naturaleza sexual del símbolo. Mientras que Freud sostiene que el símbolo está estrechamente ligado a lo sexual, y ya sea por las equivocaciones orales que den forma a expresiones contengan significado sexual; o símbolos producto de la vida onírica. En el caso de Jung el símbolo no tiene que estar necesariamente ligado a un contenido sexual[13].

Freud, por medio de la tesis de Sperber, logra establecer que el origen del lenguaje fónico es sexual. Originalmente el lenguaje responde a las necesidades sexuales del hombre. Eventualmente hubo un desplazamiento del lenguaje a otras actividades –así como de interés sexual- como el trabajo haciéndolo equivalente y sustitutivo de la actividad sexual.[14]

La conclusión de Freud es que los sueños o los símbolos que en ellos encontramos son la deformación por mano de la censura de deseos inconscientes reprimidos. El simbolismo es el mecanismo que encuentra la represión para disfrazar el objeto de la representación, que siempre es de origen sexual.

El simbolismo en Klein.

Es necesario reconocer que entre Análisis Infantil de 1923 y La importancia en la formación de símbolos… de 1930 existe una reformulación teórica. A pesar de las pequeñas discrepancias en estos dos artículos, el desarrollo en torno al simbolismo mantiene coherencia. La principal diferencia en estos trabajos es que, en el caso del primero, el foco esta puesto en como por medio de la catexia simbólico-sexual es posible desplazar ciertas inhibiciones a actividades que permitan liberar su contenido sexual por medio de la sublimación. Esto está directamente relacionado con la capacidad de desarrollar el talento. En el caso del segundo artículo encontramos al sadismo como fuente motora de la capacidad de establecer representaciones simbólicas a partir de las cuales se establecerá un vínculo con la realidad.

En el caso de Klein, a diferencia de Freud, el simbolismo presenta otras características al considerar en su trabajo con niños, el juego como la expresión simbólica de conflictos, deseos y fantasías inconscientes subyacentes[15]. El simbolismo no responde a las manifestación oníricas, sino más bien a la capacidad de relacionar o asociar campos de experiencia equivalentes en términos que las dos maneras permiten realizar descargas pulsionales. La catexia simbólica sexual permite relacionar las inhibiciones haciendo posible la sublimación mediante el desplazamiento de una de estas de manera mas consonante con las preferencias de su yo[16]. La capacidad de simbolización hace posible el desplazamiento de una inhibición mediante una sustitución que hace posible desaparece el monto de afecto reprimido. Contener este afecto reprimido puede provocar la formación de síntomas; de manera que la sublimación se presenta como una manera más acorde en consonancia con el yo para realizar las descargas pulsionales que se concentran en el aparato psíquico. Es a partir de la capacidad de establecer –ó catectizar- actividades que brinden algún tipo de satisfacción sobre la cuál pueda ligar simbólicamente fantasías libidinales que se puede realizar esta operación. Para esto se deberá considerar la disposición que presenta el individuo, y si está no encuentra demasiados obstáculos podrá convertirse en la fuente del talento[17].

Estas fijaciones por desplazamiento funcionarían con la misma lógica que las fobias, pero pueden dar dos resultados distintos, por un lado la formación del síntoma, y por el otro la sublimación. La diferencia entre uno y otro reside en que el primero se encuentra con la represión, mientras que en el segundo caso la actividad más adecuada.

La sublimación está relacionada con el desarrollo del talento en la medida que se constituye como el canal sustitutivo más expeditivo para realizar descargas de libido insatisfechas mediante actividades que son aprobadas ampliamente por la sociedad. El proceso de formación de símbolos desempeña aquí un papel de suma importancia en la sublimación, ya que posibilita establecer –ó catectizar- la asociación entre una actividad que posibilita una descarga efectiva que no deba enfrentar represión, con los deseos sexuales detrás de las pulsiones libidinales.

El desarrollo del talento entra aquí como resultado de la sublimación. La fijación, por la descarga de los impulsos libidinales, en una actividad hace que el desarrollo de la misma sea concebida como talento, de manera que sea consonante el reconocimiento por el mismo con el placer de la descarga. La alternativa de descarga por canales menos convenientes, o sometidos a represión, generan fijaciones que pueden derivar en síntomas. La sublimación sería una alternativa más constructiva de realizar descargas a través de actividades bajo las cuales un individuo pueda desarrollar su talento. Esto solo se puede lograr solo a través de la capacidad simbólica que catectice la inhibición con la actividad bajo la cuál se descargará los impulsos libidinales.

En los ejemplos de Klein estas actividades por lo general son los deportes, las lecciones, la música y el habla. En todos los casos sostiene la importancia que cumple el movimiento en estas actividades, que en todos los casos simboliza de alguna manera el coito con la madre.

El caso del habla resulta interesante porque nos lleva nuevamente a la problemática que hemos discutido en Freud. Esto es la relación entre el simbolismo y el lenguaje. Aunque Klein la menciona como una de las actividades que puede presentar catexia libidinal, lo hace más por la actividad de la lengua –que en sus movimientos simula el coito- más que por la capacidad de articular simbólicamente signos por medio del discurso. Aunque en su texto Análisis Infantil apela a la teoría de Sperber[18] –también utilizada por Freud- el lenguaje no aparece constituido a partir del signo, y el símbolo no guarda mucha relación con este. Aquí entran en juego las influencias de Jones y Ferenczi, a partirde las cuales adopta la tesis de Sperber según la cuál el desplazamiento de la función originaria del lenguaje –llamado de la compañera sexual- y su repetición ontogenética genera la sublimación. Jones se apoya en el desarrollo de la teoría de Sperberg, mientras que Ferenzci “postula que la base de la identificación, como estadio preliminar del simbolismo, está en el hecho de que en un estadio temprano de su desarrollo, el niño trata de redescubrir los órganos de su cuerpo y las actividades de éstos, en cada objeto que encuentra.[19]. “Según Jones, el principio de placer hace posible la ecuación entre dos cosas completamente diferentes por una semejanza de placer o interés[20].

Se podría concluir entonces de este artículo que el simbolismo es el fundamento de la sublimación y del desarrollo del talento, ya que catectiza simbólicamente actividades que se convierten en objeto de fantasías libidinosas[21].

En el artículo de 1930 “La importancia de la formación de símbolos en el desarrollo del yo” gran importancia al papel que el simbolismo juega en el desarrollo intelectual al hacer equivalentes las inhibiciones intelectuales a una inhibición de la función simbólica. Específicamente una inhibición de la formación de símbolos tiene graves consecuencias sobre el desarrollo del yo. El caso de Dick –quien ni jugaba, ni hablaba, ni mostraba afectos o angustia por el mundo que lo rodeaba- establece que se encontraba aterrado por su propia agresividad inconsciente que había proyectado sobre su madre la cual se había transformado, como consecuencia de sus ataques, en un objeto terrible que provocaba en el él inmensas angustias inconscientes contra las que había erigido poderosas defensas. Esta paralización en la formación de símbolos compromete el desarrollo del yo.

Lo que agregará Klein a su desarrollo anterior es que en el proceso de simbolización también contribuirá la angustia que es despertada por el exceso de sadismo movilizado por los mecanismos de defensa primitivos.

El sadismo en su etapa máxima activa el mecanismo oral-sádico que conduce ataques contra el cuerpo de la madre, el cuál integra al pene del padre, excrementos y niños en su interior[22]. Estos ataque sádicos que tienen por objeto a los padres despiertan en el niño culpa, la cuál se manifiesta como angustia persecutoria, consecuencia del temor a la retaliación. Este exceso de sadismo que genera angustia moviliza mecanismos de defensa contra su propio ser –la fuente del sadismo- y el objeto que es atacado.

En este caso la simbolización no está exclusivamente motivada por el interés libidinoso que permite la sublimación, sino que además, la angustia contribuye a que se equipare el objeto de los ataques imaginados –el cuerpo de la madre con el pene del padre y muchos bebés introyectados en él- desplazándolo a un nuevo objeto de angustia.

El proceso de simbolización es planteado como un proceso dinámico de reemplazo continuo de estos objetos, impulsados por la angustia generada por el sadismo. La angustia generada por el sadismo exige una continua formación de símbolos, que en una cantidad tolerable brindará una base satisfactoria para el establecimiento del yo. Este proceso de simbolización es lo que le permite al niño formar su yo.

Lo que debe quedar claro aquí es que el exceso de sadismo en el niño debe ser expulsado, pero el temor de retaliación hace sentir al sujeto que las armas empleadas en los ataque sádicos volverá sobre él (apuntan a su propio yo[23]). Las fantasías sádicas dirigidas contra el cuerpo de ladre constituyen las primeras relaciones con el mundo de la realidad[24]. La angustia funciona como el motor que impulsa el proceso de producción de símbolos. Es mediante este proceso de simbolización que se elabora la angustia y se forma el yo. El sadismo es producto del temprano conflicto edípico y la formación del superyo.

El caso de Dick presenta una incapacidad de formación de símbolos, dado que por exceso de defensa él no podía fantasear esa relación sádica contra el cuerpo de la madre. La falta de interés por las cosas se debía a esta misma razón[25].

El juego como actividad terapéutica que funciona con la lógica de la asociación libre permite detectar la culpa y establecer la relación simbólica que la provoca. De esa manera por medio de las representaciones del tren grande (padre) el tren pequeño (Dick) y del marco de la puerta como estación (madre) y la consiguiente angustia que estos símbolos despertaron al poder proyectar en ellos las tensiones de su conflicto edípico, fue posible reactivar el proceso de formación simbólica y desarrollo del yo. Por medio del análisis pudo empezar a expresar la expulsión del objeto dañado y de su propio sadismo.

Klein sostiene que en el período inicial del sadismo máximo pueden darse fijaciones que desencadenen en paranoia[26].

En conclusión se puede decir que en un principio la formación de símbolos cumple la función de poder desplazar –por medio de la catexia simbólico-sexual- una inhibición a un plano -de actividad física- sobre el cual no recae la represión y haga satisfactoria la descarga de pulsiones libidinales. Este proceso posibilita la sublimación y el desarrollo de los talentos haciendo equivalentes actividades e intereses a fantasías de naturaleza sexual.

El aporte posterior agrega a esto el sadismo como motor del proceso de formación de símbolos. El sujeto debe expulsar al exterior su sadismo en forma de pulsión de muerte. Este objeto atacado imaginariamente se vuelve persecutorio (retaliación) generando angustia en el niño. En la formación de símbolos se va gastando el sadismo y sofisticando la relación con el mundo exterior de la realidad. En este sentido el proceso de formación de símbolos permite el desarrollo del yo.

Conclusión.

En este trabajo hemos desarrollado las distintas concepciones del simbolismo en Freud y Klein. En un principio intentamos desarrollar una discusión en torno a la distinción de símbolo y signo. Esta se fue diluyendo a medida que avanzamos sobre la posición de Klein. Aquí podemos concluir que Klein no presta demasiada atención a la dimensión significante. Esto en parte a su terapia con niños y ver que la asociación libre muchas veces funciona en sistemas significantes más amplios que la del lenguaje. Aún así, estos sistemas funcionan con la lógica y dinámica del lenguaje. Esto es se pueden realizar, dentro de estos sistemas significantes, operaciones simbólicas de significación similares a las del lenguaje. En este sentido desplaza la tarea de significación a actividades como el deporte y otro tipo de juegos que impliquen actividad física. Pero esto aparece en estas teorías bajo el manto de lo simbólico.

Este trabajo presenta una omisión importante. No tratamos el texto “más allá del principio del placer”. La distinción entre principio de placer y principio de realidad que allí se presenta tendrá vital importancia para la noción de formación de símbolos de Klein.

En el caso de Freud vimos que los símbolos son figuras que representan en forma distorsionada fantasías de naturaleza sexual. Estas manifestaciones de los sueños intentan imitan miméticamente un objeto que es reprimido.

En el caso de Klein encontramos que el proceso de desarrollo de símbolos está relacionado con la capacidad de encontrar campos u actividades que simbólicamente pueda catectizar una inhibición que no permita liberar pulsión libidinal de una manera más satisfactoria. Esto permite el desarrollo del talento al fijar en cierta actividad fantasías sexuales que se puedan descargar sin ser objeto de represión.

Más tarde agregará que la angustia generada por el sadismo motorizará el proceso de formación de símbolos. La simbolización es lo que permite desgastar el sadismo que se expulsa como pulsión de muerte.


De Sassure, F. “Curso de Lingüísitica General”, Madrid, Akal. 1995.

Focault, M. “Las palabras y las cosas”; Siglo XXI, D.F. 1998.

Borges J.L, “Rangkör” en “Obras Completas” Emecé, Bs. As.1994.

Freud, S. El simbolismo en el sueño” en “Introducción al psicoanálisisObras Completas. Vol. 16; Biblioteca Nueva/ Losada. Bs. As. 1997.

Freud, S. “Piscopatologías de la vida cotidiana” en “Obras Completas” Tomo III. Biblioteca nueva. Madrid. 1972.

Jung, C.G. “Formaciones de lo inconsciente” Paidós. Barcelona. 1992.

Klein, M. “Análisis infantil” en “Amor Culpa y Reparación” Paidós, Bs. As. 1975.

Klein, M. “La importancia de la formación de símbolos en el desarrollo del yo” s/d.

Musumeli, L “La interpretación de los juegos” Material de Cátedra. Escuela Inglesa.


[1] Ricardo Esteves

[2]Entre esas defensas necesarias- que por excesivas y extremas son paradojales, porque así como aseguran la mínima integración, hipotecan desde el comienzo lo que luego será el curso ulterior de la formación de símbolos- hay dos que resultan decisivas: la expulsión de tánatos y la escisión. Son operaciones fragmentadoras que evitan la implosión y actúan sobre el aparato liberando pulsión de muerte que da origen al sadismo , y creando escindido un objeto prototípico a la vez persecutorio e idealizado” Lucrecia Musumeli, “La interpretación de los juegos” Material de Cátedra. Escuela Inglesa.

[3] M. Klein. “Análisis Infantil” en “Obras Completas: Amor, Culpa y Reparación y otros trabajos (1921-1945) Paidós. p.96.

[4] Ibid. p.116.

[5] S. Freud. “Obras Completas.16” Biblioteca Nueva/ Losada. Bs. As. 1997. p.2212.

[6] Ibid. 2216-2217.

[7] Ibid. 2217.

[8] En tanto fonema independiente. Esto no significa que el símbolo o icono no pueda ser articulado por medio del discurso.

[9] Por conveniencia nos referimos a convenientia, la vecindad de la similitud. “Son “convenientes” las cosas que, acercándose una a otra, se unen, sus bordes se tocan, sus franjas se mezclan, las extremidad de una traza el principio de la otra” M. Focault. “las palabras y las cosas” S.XXI, D.F. 1998. p.27.

[10]Los etimologistas han hecho verosímil la hipótesis de que el barco constituye una representación simbólica de la mujer. La palabra Schiff (barco), que servia primitivamente para designar un vaso de arcilla, no sería, en realidad, sino una modificación de la palabra Schaff (escudilla).” Ibid. p2220.

[11] Así, pues, para admitir esta filiación del símbolo que nos ocupa, sólo nos faltará comprender si personas de idioma distinto del alemán utilizan en sueños conceptos el concepto de habitación como símbolo femenino, y creo recordar que en un gran número de pacientes extranjeros tratados por mí en estos últimos años sucedía así en efecto, a pesar de que en sus idiomas respectivos la palabra ”mujer” carecía de relación alguna con lo de “habitación”, no existiendo tampoco locución alguna que aproximara ambos conceptos como en alemán sucede (Frauezimmer por Frau). Todavía existen otros indicios de que la relación simbólica puede debasar los límites lingüísticos, hecho que ya ha sido reconocido por el onirocrítico Schubert (1814).” Ibid. 2220

[12] Existe un caso en el punto V de psicopatologías … Equivocaciones orales, el ejemplo número 33 cuenta que un joven recién casado, utiliza sin autorización la borla de su esposa para afeitarse cuando expresa: “Ya estás otra vez echandote polvos con mi borla” Freud interpreta que esta expresión equivale a “realizar el coito”, y que la borla representa un símbolo fálico. S. Freud. “Obras Completas” Tomo III. Biblioteca nueva. Madrid. 1972. p.82.

[13] La postura de Jung es más esotérica en términos de que los símbolos pueden tener significados de ninguna manera relacionados con lo sexual. Por el contrario buscaba en el simbolismo señales de la manifestación de lo divino en el hombre. En sus experimentos de pintura libre él interpreta que según el estado del artista este podría reflejar estados de su alma y de conocimientos presentes desde la antigüedad en ciertas culturas no occidentales. C.G. Jung “Formaciones de lo inconsciente” Paidós. Barcelona. 1992.

[14] Ibid. 2224.

[15] M. Klein “Análisis infantil” en “Amor Culpa y Reparación” Paidós, Bs. As. 1975. Aquí habla de actividades como los juegos de naturaleza atlética, movimientos, entre otros, adquieren carácter simbólico para la teoría de Klein “…-en realidad, todos los juegos atléticos- resultaron tener catexia libidinal, y el simbolismo genital representaba siempre un papel en ellos”, pág. 88. “En los casos que he citado de placer en movimiento –juegos y actividades atléticas- debemos reconocer la influencia del significado sexual del campo de deportes, del camino, etc. (como símbolos de la madre), en tanto que caminar, correr y toda clase de movimientos atléticos representan la penetración dentro de la madre” pág. 97.

[16] En análisis infantil el caso de Felix es utilizado para ilustrar esta cuestión. “La catexia simbólico-sexual en comúnestableció una relación entre las dos series de inhibiciones, y fue en parte la intervención de su padre, conduciéndolo a considerar los juegos como una sublimación más en consonancia con su yo, la que lo capacitó para desplazar la inhibición de los juegos a las lecciones.” Ibid Pág. 94.

[17]Me refiero a la facilidad para que una actividad o dendencia del yo adquiera una catexia libidinal y la medida en que de este modo sea receptiva; en el plano físico, vemos una analogía en la rapidez con que es inervada una zona especial del cuerpo y la importancia que este factor en el desarrollo de los síntomas histéricos. Estos factores, que podrían constituir lo que entendemos por “disposición””. Ibid pág. 98.

[18] Sobre el origen sexual del lenguaje, y que la utilización del mismo para otras actividades constituye la primera sublimaciones. Ibid. pág. 96 y 114.

[19] Ibid. pág. 96.

[20] M. Klein “La importancia de la formación de símbolos en el desarrollo del yo” Pág. 210.

[21] Ibidem.

[22] Impulso epistemofílico.

[23] Ibidem.

[24] Ibid. págs 210-211.

[25]Simultáneamente con su incapacidad para tolerar la angustia, su prematura empatía había sido un factor decisivo en la represión de sus impulsos destructivos. Dick había roto sus lazos con la realidad yy había detenido su vida de fantasía, refugiándose en las fantasías del cuerpo oscuro y vacío de su madreIbid. 216.

[26] Ibid. 220.

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El interrogante lacaniano: ¿Porque los planetas no hablan?

¿Porque los planetas no hablan?
J. Lacan. “Seminario II”.

Jaques Lacan

La apetencia no podía lograr esto a causa de la independencia de la cosa; en cambio, el señor, que ha intercalado al siervo entre la cosa y él, no hace con ello más que unirse a la dependencia de la cosa y gozarla puramente; pero abandona el lado de la independencia de la cosa al siervo, que la transforma.”
G.W.F. Hegel “Fenomenología del espiritu”

Hace poco, estando en un casamiento, alguien imprudentemente me preguntó que estaba

Jaques Lacan

haciendo, a lo que contesté, entendiendo a Lacan. Los casamientos suelen ser acontecimientos felices . A pesar de esto, la felicidad que manifestaban los novios era sorprendentemente intensa. Esto me

hizo buscar la fuente de esta intensa felicidad. ¿Quién estaba tan feliz como para que los novios se sintieran de esa manera? O de manera un poco más perspicaz ¿Quién se estaba casando?
Sin duda no es lo mismo intentar entender estas cuestiones desde Hegel que desde

Lacan, o incluso desde la lectura de Hegel de Lacan. En tal caso hemos desplazado la pregunta desde los planetas a los muertos. ¿Pueden los muertos hablar? Pero claro que sí! Incluso hasta podríamos preguntarnos si nosotros, los vivos podemos hablar. Esto sin duda presenta una cuestión más dudosa.
Esto último resulta muy relevante a la cuestión de los planetas, o por lo menos a la relación entre el lenguaje y la palabra, y sin duda al problema del Otro y el otro.
Incluso Marx, otro muerto que rehúsa callar, hacía una observación que implicaba más que lo que él mismo, o al menos su tiempo podía comprender: “La revolución del siglo XIX debe dejar que los muertos entierren a sus muertos, para cobrar conciencia de su propio contenido”1. La metáfora aquí propuesta por Marx nos propone que la imposibilidad de cargar de nuevos significados al mundo, o al menos una época, el siglo XIX, se debe a que los muertos no han sido enterrados. Esto es, no se pueden decir cosas nuevas porque los muertos siguen hablando. Es hora de darle la palabra a los vivos.
Tal vez estos muertos hablen porque pueden, y a diferencia de los planetas, éstos sí tienen bocas y son sujetos (S) de verdad, bien atravesados por el “muro del lenguaje”. Una gran diferencia entre los muertos y los planetas es que los primeros tienen un yo imaginario, o al menos el yo de los vivos es más fácil de transferir en ellos que en los planetas. Esto es la objetividad de los planetas es completamente ajena a la subjetividad propia de los sujetos.
Aquí surge otra clave de lectura común entre Hegel y Lacan, esto es sus dialécticas. En el caso de Lacan no estaríamos en condiciones de hablar de dialéctica en los mismos términos que en Hegel, quien explícitamente desarrolla su esquema de pensamiento, su ontología, alrededor de esta noción.
Hegel en su sistema analítico propone tres momentos que se manifiestan simultáneamente y que están presentes en todo fenómeno. Esto es, la idea ética, en tanto espectro determinante de toda fenomenología se manifiesta simultáneamente en un momento universal y abstracto, universal concreto y particular. El momento universal abstracto es el que da origen a todo el movimiento dialéctico. Aquí lo espectral ejerce poder sobre la materia desde lo general a lo particular, resultando esto último no más que un títere de una idea ética universal y abstracta.
Los vivos hablan a través de los muertos, pero aún así, los vivos pueden hacer -imaginariamente- decir a los muertos lo que ellos desean. Esto es, la dialéctica es la misma, ya que no podemos decir nada que los muertos no hayan dicho antes, aún así, éstos no están aquí para custodiar sus palabras. Marx fue el primero pero no el último en poner de cabeza esta dialéctica.
La dialéctica de Hegel es una dialéctica de la necesidad, mientras que la de Lacan es una dialéctica del deseo2. La dialéctica del deseo está compuesta de un momento simbólico, otro imaginario y uno real. Existe una coincidencia en uno de los aspectos del momento universal y abstracto y el simbólico. La noción de Hegel es tan determinante como la noción falicocéntrica de Lacan. Pareciera que en ambos casos la dirección de la determinación parte en este momento. La diferencia es que en Hegel el momento particular, el otro extremo del esquema, es un mero títere del espectro universal abstracto, algo que no podemos decir de lo real, que es un pared, un obstáculo, tanto para el lenguaje como para todo tipo de subjetividad que provenga del sujeto. Lo real está fuera -como los planetas- de cualquier tipo de desplazamiento imaginario. Por esto mismo podemos imaginar un diálogo entre dos muertos como Lacan y Hegel, pero no podemos imaginar un diálogo entre dos planeta como Urano y Neptuno. Lo real escapa a nuestra subjetividad como a todo tipo de subjetividad. Lo real, lo objetivo, se presenta por fuera de nuestra existencia imaginaria, incluso fuera de nuestra teoría del campo unificado. No son los planetas que se orden alrededor de una mecánica celeste universal sino nosotros. Nosotros, o nuestros muertos, tienen algo que decir. Es por eso que nosotros hablamos y no los planetas.
Resuelta la cuestión de porque los planetas no hablan queda por dilucidar una cuestión, que relevancia tiene todo lo aquí dicho con el acto analítico. Otra pregunta válida es ¿relevante para que?
Damos por sentado una situación analítica como la única situación analítica. Una vez más hacemos de los hombres planetas y los hacemos repetir las mismas órbitas. Pero el universo, el universo real –al que paradójicamente no podemos acceder sino por medio de nuestra imaginación- al igual que los hombres, responden a un orden contingente puramente caótico3.
En tal caso el acto analítico debería operar en los tres momentos, universal abstracto, universal concreto y particular, como en el simbólico, imaginario y real. A pesar que los efectos de la operación analítica debería repercutir sobre la dialéctica del deseo en su totalidad, la operación debería realizarse en un plano particular. Aunque la operación se da en una dimensión imaginaria, se busca que este desplazamiento imaginario se haga real, esto es que calle al síntoma, que haga de él planetas.
La operación analítica que busca la cura no debe proponerse integrar las pulsiones parciales en un yo fijado en la imagen real. Por el contrario debe lograr que el yo atraviese la muralla del lenguaje para reencontrarse con un yo ausente, Otro que responda a un sujeto verdadero.
El yo de los vivos debe tomar la palabra de los muertos para empezar a hablar. Aventuraré que el acto analítico debería ayudarnos a entender quien habla a través de nosotros y aceptar esa relación imaginaria.
Retomando la anécdota del comienzo. La pareja de recién casados estaba feliz simplemente porque imaginariamente para ellos su casamiento era como debería ser. Porque su casamiento se parecía a los casamientos, a lo que esa cristalización –simbólica- que es la ley, dicta que debe ser un casamiento. Ese casamiento fue todos los casamientos anteriores. Era la clara manifestación de ese encuentro con el Otro ausente. Una reconciliación con
Otro que se estaba casando ahí mismo.

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