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El proyecto de la post-historia

Hoy -como si el deíctico, específicamente hablando de la historia o la post-hitoria, sirviera para demarcar un punto de referencia en un contuno sirviera de algo- comienza el proyecto de la post-hisstoria. Comieciclnza un trabajo de construcción que implica la destrucción de una ontología unificada, totalizada en lo universal como marco de la historia como continuo, como ciclos, como devenir, como oposición y negación, por el encuentro de fuerzas, como búsqueda del origen mítico, como esfuerzo de reconstruir los acontecimientos del pasado, como posibilidad de ver en el presente los legados de los muertos, como juego de espectros que se proyectan  en distintos planos, como interpretacion de los hechos del pasado, en definitiva, destruir la historia como tal, como relato, como Logos, idea totalizante de una mirada capaz de observar desde la suficiente distancia esta constante lucha entre la naturaleza y la cultura que permita un desapego y desinvolucramiento que implicaría desnaturalizar la mirada que ya parte de una historia que lo penetra, lo encarma y agencia.

La pregunta es en que medida estas aventuras de abrir grietas, margenes, umbrales, rincones nos ha brindado una visión constructiva que pueda compensar el vértigo de la destrucción total de las referencias que nos constituyen en esa segunda naturaleza, que es la naturaleza primera, la del sujeto histórico, nos han revelado un proyecto que terminara cayendo en los mismos defectos de los del proyecto iluminista.

Acaso el ocaso del humanismo ha permitido florecer las fuerzas creadoras de un nuevo mundo de la reununcia, de la verdadera libertad? O por el contrario, lo que nos pudo dejar el humanismo, más que renunciar, es un compromiso a un cotrol de la vida que contenga los excesos, la excepción, en otras palabras, la vida misma.

El mundo está demasiado atado a sus compromisos, a sus historias. Es momento de que las fuerzas reactivas terminen de devorar su historia. La pregunta es que haremos sobre las ruinas de ese viejo mundo. Acaso como primitivos cobardes iremos a buscar cobijo en las ruinas de las culturas ya muertas, y de a poco comenzar a habitarlas, comenzar a implementar las lógicas implicitas del orden retorritorializado.

Esto es destruir por un deleite narcisista -no por un genuino gesto escéptico o de sospecha- más que por un ánimo creativo, por la necesidad de introducir en el mundo acontecimientos por fuera de las cadenas de significación establecidas en una meta-estructura cada vez más reducidas.

El hombre (o el inhumano) del siglo XXI, con su naturaleza historica, su singularidad, la épica de la migración digital, el feómeno de los nativos digitales, la era de la virtualidad del sujeto, de la vanalidad y de la descomposición del mundo hegemónico, de la estructura (de la historia) del primer, segundo y tercer mundo. Casi ha erminado la historia de los paises industrualmente desarrollados, en vias de desarrollo o vias de de-industrialización. La historia del centro como completud, ha sido descolonizado, invadido por historias, interpretaciones, lecturas, usos y opiniones de cuerpo inerte que yase en el pasado, inmovil, en descomposición, y del que echamos manos, ya en busca de alimento, de inspiración, de nostalgia, al que regresamos a plagiar la forma para reproducir aquella misma historia muerta aquí mismo (Otro deictico innecesario, inreferente) que aparece como un cadaver en un continuo que se ha detenido.

Hemos poblado el presente de muertos que quedaron atrapados como zombies en un tiempo presente que ya no les pertenece en el que ya no habitan. Y efectivamente, como en la metáfora del zombie que se alimenta de tu cerebro, este pensamiento, esta historia del pesado, de los muertos, acabará por convertirte en uno de ellos.

Comienza el proyecto de la post-historia, como una historia misma pero ya no en un continuo sino en un punto fijo. Una historia de presente, o la historia de un lugar sin tiempo. La post-historia no como un fin que ha llegado a su complitud y que de a poco, su propia teleología llevará magicamente a la reunificación (la reificación) de todo los ordenes en un orden superior centralizado como la propuesta de Kant de la paz perpetua; sino por el contrario una renuncia a la naturaleza histórica y la idea de Logos, como mirada totalizante, unificante, y constituyente de la idea de los universales con sus imperativos éticos que exigen la unidad del estilo (la estética) en una época determinada.

Este proyecto de post-historia en definitiva no busca encontrar una crítica, un punto de vista de paralaje, ni superador, ni de desconcierto, extranamiento, y alejamiento (como si esa práxis no estuviera en esa naturaleza historizada), es un trabajo de fuerza creativa, de imponer, fuera de la juntura del tiempo y del continuo de la historia una nueva fé, con rituales paganos, que más allá de satisfacer las preguntas filosóficas, satisface sus pulsiones más simples, más bajas, de las que brindan satisfacción natural, de la primera naturaleza, la que se opne a la hisstoria.

Esto es alimentar la naturaleza en nosotrs y no la cultura. Esto es renunciar a la continuidad, al anudamiento y al compromiso de sujetarse en un discurso, una identidad, un sujeto que se haga cargo de los enunciados del relato de la historiaa.

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