La fantasía del Devenir del Historia como Progreso Continuo pero Estratificado

La fantasía del Devenir del Historia como Progreso Continuo pero Estratificado: Un Prólogo a John carter

La fantasía del Devenir del historia como progreso continuo pero estratificado es lo que legitima el desarrollo constante pero desigual -a partir de distintos criterios, raza, género, clase, y nación- de distintos grupos dentro de un orden o lógica hegemónica. Esto sería la fantasía que debajo del espejismo que refleja una imagen de orden y funcionamiento armónico se encuentran una serie de tensiones y conflictos que en parte no encuentran su expresión en esta imagen totalizadora del orden hegemonico que logra imponer la imagen del orden harmónico.

Esta naturalización del desarrollo desigual como una condición y un devenir de la naturaleza y la historia  -casi como las religiones que prometen una recompensa en otra vida más allá de esta- plantea un progreso «absoluto» en relación de las condiciones materiales crecientes que una sociedad capitalista brinda en relación a las generaciones anteriores, siempre y cuando la distinción «relativa» (de la diferencia propocional) no sea cuestionado.

Algo así como que el devenir progresista solo está dispuesto a mejorar las condiciones materiales de los estratos más bajos sobre el principio de la explotación de los mismos. En este sentido el progresismo es presentado aquí como una prolongocación hegemónica de la dominación de una clase dominante a través de una relato, un discurso del progreso y las mejoras de las condiciones materiales de los estratos más bajos.

En este sentido los discurso democráticos que apelan a adherir a cierta opción política por el bien del país -como un todo- y denuncian el clientelismo, como si beneificiarce de la política fuera algo malo, o algo peor que no beneficiarse en nada, y dejar que ese bien supremo de un sujeto abstracto «el bien del país» se realice y nos ilumine quien sabde de que forma.

En este sentido el discurso progresista denuncia todo intento de resistirse a esta forma de desigualdad como un atentado a este progreso colectivo donde la desiguladad es el principio que genera solapadamente esta violencia.

Esta fé en el continuo progreso de la historia deposita la esperanza que ésta misma, progresivamente, dentro del estrato que le corresponde, irá mejorando sus condiciones materiales. Esa es la esperanza de los estratos ubicados en los niveles inferiores de esta clasificación.

Las aspiraciones de los estratos sociales a diferencia de los anteriores no es progresar sino seguir manteniendo sus privilegios. En este sentido mientras que para un estrato la aspiración de progreso se mide en términos absolutos (cuanto más ingreso percibirá), para los estratos superiores se mide en terminos relativos (cuales serán sus privilegios grente a otros estratos).

Deja un comentario

Archivado bajo Uncategorized

La fantasía del Devenir del Historia como Progreso Continuo pero Estratificado

La fantasía del Devenir del Historia como Progreso Continuo pero Estratificado: Un Prólogo a John carter

La fantasía del Devenir del historia como progreso continuo pero estratificado es lo que legitima el desarrollo constante pero desigual -a partir de distintos criterios, raza, género, clase, y nación- de distintos grupos dentro de un orden o lógica hegemónica. Esto sería la fantasía que debajo del espejismo que refleja una imagen de orden y funcionamiento armónico se encuentran una serie de tensiones y conflictos que en parte no encuentran su expresión en esta imagen totalizadora del orden hegemonico que logra imponer la imagen del orden harmónico.

Esta naturalización del desarrollo desigual como una condición y un devenir de la naturaleza y la historia  -casi como las religiones que prometen una recompensa en otra vida más allá de esta- plantea un progreso «absoluto» en relación de las condiciones materiales crecientes que una sociedad capitalista brinda en relación a las generaciones anteriores, siempre y cuando la distinción «relativa» (de la diferencia propocional) no sea cuestionado.

Algo así como que el devenir progresista solo está dispuesto a mejorar las condiciones materiales de los estratos más bajos sobre el principio de la explotación de los mismos. En este sentido el progresismo es presentado aquí como una prolongocación hegemónica de la dominación de una clase dominante a través de una relato, un discurso del progreso y las mejoras de las condiciones materiales de los estratos más bajos.

En este sentido los discurso democráticos que apelan a adherir a cierta opción política por el bien del país -como un todo- y denuncian el clientelismo, como si beneificiarce de la política fuera algo malo, o algo peor que no beneficiarse en nada, y dejar que ese bien supremo de un sujeto abstracto «el bien del país» se realice y nos ilumine quien sabde de que forma.

En este sentido el discurso progresista denuncia todo intento de resistirse a esta forma de desigualdad como un atentado a este progreso colectivo donde la desiguladad es el principio que genera solapadamente esta violencia.

Esta fé en el continuo progreso de la historia deposita la esperanza que ésta misma, progresivamente, dentro del estrato que le corresponde, irá mejorando sus condiciones materiales. Esa es la esperanza de los estratos ubicados en los niveles inferiores de esta clasificación.

Las aspiraciones de los estratos sociales a diferencia de los anteriores no es progresar sino seguir manteniendo sus privilegios. En este sentido mientras que para un estrato la aspiración de progreso se mide en términos absolutos (cuanto más ingreso percibirá), para los estratos superiores se mide en terminos relativos (cuales serán sus privilegios grente a otros estratos).

Deja un comentario

Archivado bajo Uncategorized

Sam Childers – La conciencia ahistórica

«La Historia pertenece, ante todo, al hombre de acción, al poderoso, al que desata una gran lucha y necesita modelos, maestros y confortadores que no halla en su entorno ni en su época.»

F. Nietzsche «Segunda consideración intempestiva«

Un ejemplo de este proyecto de la post-historia de ver la historia desde el presente Sam Childers (el predicador ametralladora)  de la vitalidad que proviene de la conciencia ahistórica. La conciencia ahistórica, que no tiene noción de las series y relaciones, de los pactos, los distanciamientos, las rupturas y continuidades, como las condiciones de una subjetividad que posibilitan las identidades y prácticas singulares que hacen a la historia; brinda al sujeto una vitalidad que le permite actuar libremente, sin compromiso con ese presente configurado por una serie de fuerzas. Ésta conciencia ahitórica es la de Sam Childers también conocido como el predicador ametralladora, cuyo personaje fué representaddo por el cine en la película omóloga a su apodo. Sam Childers es un norteamericano de 42 anos quien después de un violento pasado como motociclista al margen de la ley descubrió al senor y transformó su vida. Por la iglesia a la que asistía conoció a un misionero con el que viajó a Sudán del Sur, país en el que pasaría la mayor parte de su tiempo por el resto de su vida, que aún continúa. Childers estableció en este país una misión cristiana en la que tiene una guardería para ninos rescatados de las guerrillas del LRA (Lords Resistance Army – Ejército de la Resistencia del Senor) en una guerra civil contra el SPLA (Sudans People Liberation Army – Ejercito de Liberación Sudanesa).

Sudán del Sur es un país que obtubo su autonomía de Sudán en 2005 y recién en 2011 -mediante un referendum aprobado por un 98% de la población- logró su independencia. En este sentido la «historia» -como período transcurrido entre estos anos- de Sudán del Sur es tan corta como la memoria de Childers que se da el lujo de actuar como si él simpre hubiera estado ahí ó como si hubiera sido absorbido por el relato sin tiempo de un pueblo sin historia de una tierra tan sumergida en la naturaleza como es el territorio africano. En ese sentido Childers es un salvaje oprimido por la civilización que encontró su resención en la barbarie de la guerra civil africana.

Sam Childers en una alegoría de las paradojas que encierra este devinr de un motociclista pandillero transformado (transfigurado) en un salvador, un predicador cristiano blanco, un guerrillero. Como la divina trinidad, Childers es la tres cosas al mismo tiempo, lo que lo hace una figura mítica y redentora, un Cristo blanco en el corazón de Africa.

Solo una conciencia sin historia podría intervenir con tanta facilidad y arbitrariedad en una situación tan históricamente condicionada como la segunda guerra civil de Sudán. Uno de los hechos paradigmáticamente históricos es la funadación de un país. Un país con un historia autónoma tan larga como la historia de redención de Childers. Un hombre que ya es parte de la historia de ese país en tanto actor y fuerza moldeadora de la tierra, el recuerdo y memoria. Porque puede que Childers haya intervenido sin conciencia histórica, pero la historia sí tiene conciencia de Childers, aunque sea de los resabios de la conciencia colonizadora que todavía persiste en las iglesias bautistas norteamericanas compuesto por el segmento demográfico blanco y conservador.

En este sentido Childers no se despoja a sí mismo de la marca de sujeto histórico (sino que se asume como sujeto histórico) pero sí despoja a Africa de esta marca de la historia. El pasaje Estados Unidos – Africa permite este desplazamiento dentro – fuera de la historia. Los Estados Unidos es una tierra donde rige la ley y el reloj del tiempo de la historia, mientras que en Africa es una tierra donde gobierna la anarquía y no tiene historia.

Africa ya ni representa el ideal romántico del buen salvaje sino la barbarie en su más pleno exponente. Africa es en esa conciencia ahistórica de Childers un territorio sin unidad de ningún tipo, ni geográfica, ni étnica, ni cultural, ni religiosa, ni linguistica, ni política. Esta fragmentación se le aparece a Childers más que como una manifestación de una singularidad que resiste a las formas de integrar diferencialmente a Africa en el discurso de la ilustración; como algo que fuera de su unidad es carente de libertad, y entonces como conciencia que no es libre debe ser liberada.

Podríamos decir entonces que Childers opera, interviene en una situación singular con una conciencia, una moral, histórica y geográficamente localizadas, que en una situación de excepción, cuando la historia se detiene, [como lo es Africa en tanto portal a una tierra sin historia] le permite actuar con total impunidad.

Este actuar tan vital, tan libre, tan creador de Childers, se basa en una creencia, la creencia en que está actuando correctamente, de acuerdo a un bien divino. El predicador actua convencido en su hacer. La fé lo moviliza. Esa creencia de estar haciendo lo correcto le permite a Childers hacer cualquier cosa, incluso actos violentos y despóticos como los que utilizan el LRA. Su fé, su creencia en el bien supremo basado en nuestro senor jesucristo le permiten proceder con toda violencia y crueldad contra sus enemigos. En muchos aspectos esta mirada arrogante y condescendiente del colonizador ilustrado que ve en este gesto dominador una ayuda necesaria para que el otro incapaz pueda alcanzar su libertad. La mirada que tiene Childers de Africa más que estar abierta a lo que realmente pasa -en terminos históricos- en una situación determinada, sino que fetichiza al negro como atrasado (en la historia), inferior, sin razón que pueda brindar una conciencia de pueblo capaz de historia.

En muchos sentidos Childers considera a los Sudaneses, acaso los Nilotic, los Dinka, los Azande -por mencionar alguna de las etnias que componen este estado trazado por esta mirada europea universalista adulta. Para Childers los ninos son su misión y su objeto. El nino cumple una doble función. Primero como sujeto ahistórico. El nino, en tanto que no tiene (como el adulto) una conciencia histórica, es el sujeto prinvilegiado para el discurso -como mirada externa que se le devuelve al sujeto- de Childers. En este sentido los ninos -de la misma forma que para el LRA- son la materia moldeable que se entrega docilmente a un relato que como práctica generará sus propias marcas que permitirán el establecimiento del recuerdo y la memoria. Por otro lado los ninos son la fuente de la fé que mueve a Childers a actuar. De las atrocidades y males que padeciera el pueblo del sur de Sudán, la que más afectó a Childers fue el sufrimiento de los ninos. De semejante injusticia, el sufrimiento de los ninos, procede la justificación de la cruzada armada de Childers. -«Cuando se trata del sufrimiento de los ninos todo es válido» afirma Childers.

La mirada fetichizadora de Childers, como un nino, crea un relato fantacioso del reverendo amatralladora. La película que se realizó basada en su autobiografía «Another Man’s war» ficcionaliza a este hombre y su labor en Sudán del Sur, aunque polémico lo muestra como un heroe redentor. Como siempre, el relato de la historia monumental magnifica algunos aspectos callando y mitigando otros. Éste relato no tiene nada para dar cuenta de la mirada compadeciente de Childers, sobre los apoyos y disensos que provoca una violencia fundamentalista como la propuesta por el predicador ametralladora.

Deja un comentario

Archivado bajo Uncategorized

Historia a Contra-pelo y para la vida

Desde donde destruir la historia? / Desde donde construir la post-historia?

Una de las características de las filosofías que se mueven en torno al «post», que se ganan este adjetivo, este prefijo, es cuestionar la misma estructura, aquello que le da unidad a una episteme, a un campo unificado, a un relato único, la historia. Este «post’, estar o ser algo posterior, algo que acontece a continuación, después de algo.

Así como el post-estructuralismo, no como una teoría estructurada, sino como el trabajo autónomo de una serie de filósofos en torno a la teoría dominante de su tiempo: el estructuralismo. Los trabajos de Foucault, Derrida y Barthes, en algún sentido logran historizar -o deshitorizar- una teoría que le daba sustento al pensamiento social, prácticamente todas las disciplinas  -antropología, lingüística, literatura, sociología, psicoanálisis, historia- habían adoptado el estructuralismo como marco teórico de fondo.

El lujo de estos pensadores, de poder pensar esos procesos sociales por fuera de la estructura, el esquema brindado por el estructuralismo, en un tiempo donde esas mismas ideas agenciaban, desde las instituciones, desde el poder, que había logrado encerrar en la estructura, la posibilidad del ser. En la estructura  no hay ser, no hay acontecimiento, sino comportamiento en tanto repetición y diferencia, en tanto probabilidad estructurada (que cuenta con el margen de error para terminar, completar de forma perfecta, este aparato imperfecto).

El gesto subversivo de desensamblar el aparato del estructuralismo, desde dentro (Barthes), desde el margen (Derrida) y desde afuera (Foucault) brindan un espíritu renovado para ver esa misma realidad social -que antes se encontraba atrapada en la estructura- como una contingencia de la literatura y los relatos que como la historia pretender construir una trama que brinde unidad y sentido, permitiendo desarticular el logos y el punto de vista totalizante. Esto les permitió hacer historias de todo tipo de cosas, la escritura (la gramatología), de la locura, de la clínica, de la sexualidad, de las prisiones, y por sobre todo, del estructuralismo. La crítica, acaso la historia que hacen estos pensadores del estructuralismo es un acto, una proeza de desafío y valentía. Mirar al estructuralismo -en su momento de plenta vigencia- como lo hace la historia, observando los acontecimientos ya muertos, desde su ruinas (en este caso aún habitadas) . Este gesto de descontesxtualizar, extranarse de lo presente, rastreando su origen, (como en una genealogía), mirar lo que está ante uno, como un resavio del pasado, como un ente, un fantásma, que necesita de una cobija, vieja, ya usada, para animarse y manifestar una forma bajo la vieja careta. Esto no es tanto destruir como desmontar el andamiaje que constituye el escenario en el que se interpreta esta drama.  Esto es mirar con un nuevo sentido, el objeto o la histaria, ya no como un expactador dispuesto, sino como un dramaturgo crítico, atento a los efectos, al trazo y sus dispositivos. Esto es, no ver la historia, la obra de teatro, como un relato sino como un montaje una producción. Para este nuevo punto de vista el verdadero espectáculo es el montaje, la producción y puesta en escena de esta obra y no el relato. Esto, en sí, es secundario, una sustancia que vale solo como un dato en sí, la evidencia de esa puesta en escena.

En este sentido, de todo este movimiento podríamos aprender un acto, tal vez inutil, de construir una historia ya no de los relatos, una historia de los montaj que nos permita ver en cada momento las técnicas, los dispositivos, los estilos, las temáticas, delas distintas tragedias a las que asistimoss en los diferentes momentos históricos. Una historia, mas que de los cuentos, las formas y los recursos utilizados para montar y contar esos relatos.

Pero por sobre todo, la lección que aquí deberíamos aprender, es hacer historia sin estructura. Esto es volver a adoptar los mismos andamiajes que tanto trabajo nos costó desmontar, destruir. Por ello, es importante tener el valor y coraje de aceptar el abismo que presenta el vacío, un vacío que nunca está vacío del todo, que está lleno de estas estructuras, de las que debemos concientemente prescindir, para permitir que la historia se manifieste libremente y no encorsetada en un marco teórico.

Como un juego sin fin, nuestra historia es una historia de las personas en tanto es una historia de como piensa, se piensan a sí mismas, esas persona; es decir debemos ver en las personas los reflejos de las ideas, las epistemes de una época en sus acciones y las fuerzas que involucran en la construcción de ese relato del presente.

Una historia a Contrapelo propondría Walter Benjamín. Esto es una historia en sentido inverso, que se cuenta de adelante para atrás. Que construye a partir de las cristalizaciones del presente la acumulaciones del pasado. Una historia que busca la historia en el presente. Una historia que busca ganadores y vencidos para construir ese relato, de la lucha que dejó como ganadores a los ganadores y como vencidos a los vencidos. Una historia de ea lucha, de las luchas, las batallas, que le dieron el poder a los vencedores; que permitió la construicción de esos relatos en los que vivimos y de los que debemos alejarnos de forma íntima para apreciar con claridad.

La historia debería ser como una termodinámica, un ciencia de las fuerzas, presiones y resistencias que se aplican en un sistema abierto, en constante desequilibrio, en el constante caos de la apertura que siempre es reprimida por la estructura, que su ancias de poder mostrarse completa, está dispuesta a quitarle al espíritu su escencia de ser.

La historia que cuentan los vivos, no en sus palabras, sino en su mera existencia como sujetos, como expectador de esta tragedia, como parte de este andamiaje complejo del que él es parte fundamental (como expectador). La histoia que cuentan los actos y prácticas de los vivos, de los ganadores y de los relegados. Una historia que no va a las ruinas del pasado, sino que ver al pasado recobrar vida, como los fantásmas bajo las sábanas, en el presente.

Esta historia a contrapelo, este rastreo en el presente del pasado, esta ciencia de las fuerzas y resistencias de los cuerpos, debe servir a un único propósito, que por cierto, no es el de la historia que leemos. La historia debe servir a la vida. Animarla, no deprimirla, apenarla, sujetarla a las estructuras, los deseos y aspiraciones que nuestros antepasados nos dejaron, para que continuemos con este legado y agenciamiento escribiendo la historia de los muertos y no la de los vivos.

Marx, al comienzo del 18 brumario decía: «Es tiempo que los muertos entierren a sus muertos«. Es tiempo de quitarle a los muertos la historia y hacerla una historia de la vivos. La historia para la vida es una historia que por el contrario, fuera de la estructura, está más preocupada en lo que quedó abierto, sin hacer, más que en los laberintos que nos conducen al pánico y angustia. Una historia de los vivos que cuente con su voz lo que nos han dejado los muertos. Es tiempo que los muertos descansen en paz en sus lechos. Es hora de reconocer que lo único que quedan de esos muertos son los desechos de los gusanos que se alimentaron de ellos. No tiene sentido utilizar esta materia putrefacta para hacer historia.

La historia debe tener un aliento nuevo, fresco, lleno de vida. Que parta de la vida y que esté hecho para ella misma. Para que prolifere, se extienda y ramifique de las formas más variadas y singulares -que como la vida- puede dar. El relato del viviente desde su experiencia de libertad frente al futuro, como actitud constructora del presente. Una actitud destructora, desmantelante, que construye, por medio de impulsos (fuerzas) liberadoras, una historia del presente en el que el sujeto se escribe a sí mismo.

Esta historia es un proyecto solidario con la post-historia

 

 

Deja un comentario

Archivado bajo Crítica, Filosofía

Terceras Jornadas Debates Actuales de la Teoría Política Contemporánea

Terceras Jornadas Debates Actuales de la Teoría Política Contemporánea
Invitamos a participar en las terceras jornadas a realizarse en la Ciudad de Buenos Aires los días 10 y 11 de Agosto de 2012.
Nuestra propuesta de trabajo consiste en una activdad de dos días seguidos. El primer día s desarrollaran debates en los grupos de debates y el segundo en debates plenarios.
El primer día por la mañana los participantes podrán presentar las posiciones y argumentos para por la tarde debatir estas cuestiones dentro del grupo de debate. Durante el segundo día por la mañana los grupos de debate podrán recapitular las discusiones y por la tarde se realizará el debate plenario.
Se podrá tanto participar como asistir a los debates en grupos y plenarios. Los participantes podrán intrvenir plenamente en todas las discusiones. Los asistentes están invitados a presenciar todos los debates y a intervenir a partir del segundo día del debate.
Los ejes temáticos en los que se conformarán los grupos de trabajo siguen siendo:
Propuestas de Trabajo e Inscripciones
Los participantes deberán enviar un resumen de su propuesta de trabajo y posteriormente un texto de no más de 15 carillas (no excluyente) que será publicado en el blog con anterioridad a las joradas.
Envío de Resúmenes:
Primer llamado de resúmenes de propuestas es 3 de abril
Último llamado de resúmenes de propuestas es 23 de abril
Envío de Textos:
Primer llamado de textos: 25 de Junio
Último llamado de textos: 10 de Julio
Los textos enviados con posterioridad a esta fecha no serán publicados en el blog.
Para asistir a las jornadas para presenciar los debates se podrán inscribir el mismo día de las jornadas.
Para Mayor Información:
debatesactuales@gmail.com

Deja un comentario

Archivado bajo Crítica, Filosofía

El proyecto de la post-historia

Hoy -como si el deíctico, específicamente hablando de la historia o la post-hitoria, sirviera para demarcar un punto de referencia en un contuno sirviera de algo- comienza el proyecto de la post-hisstoria. Comieciclnza un trabajo de construcción que implica la destrucción de una ontología unificada, totalizada en lo universal como marco de la historia como continuo, como ciclos, como devenir, como oposición y negación, por el encuentro de fuerzas, como búsqueda del origen mítico, como esfuerzo de reconstruir los acontecimientos del pasado, como posibilidad de ver en el presente los legados de los muertos, como juego de espectros que se proyectan  en distintos planos, como interpretacion de los hechos del pasado, en definitiva, destruir la historia como tal, como relato, como Logos, idea totalizante de una mirada capaz de observar desde la suficiente distancia esta constante lucha entre la naturaleza y la cultura que permita un desapego y desinvolucramiento que implicaría desnaturalizar la mirada que ya parte de una historia que lo penetra, lo encarma y agencia.

La pregunta es en que medida estas aventuras de abrir grietas, margenes, umbrales, rincones nos ha brindado una visión constructiva que pueda compensar el vértigo de la destrucción total de las referencias que nos constituyen en esa segunda naturaleza, que es la naturaleza primera, la del sujeto histórico, nos han revelado un proyecto que terminara cayendo en los mismos defectos de los del proyecto iluminista.

Acaso el ocaso del humanismo ha permitido florecer las fuerzas creadoras de un nuevo mundo de la reununcia, de la verdadera libertad? O por el contrario, lo que nos pudo dejar el humanismo, más que renunciar, es un compromiso a un cotrol de la vida que contenga los excesos, la excepción, en otras palabras, la vida misma.

El mundo está demasiado atado a sus compromisos, a sus historias. Es momento de que las fuerzas reactivas terminen de devorar su historia. La pregunta es que haremos sobre las ruinas de ese viejo mundo. Acaso como primitivos cobardes iremos a buscar cobijo en las ruinas de las culturas ya muertas, y de a poco comenzar a habitarlas, comenzar a implementar las lógicas implicitas del orden retorritorializado.

Esto es destruir por un deleite narcisista -no por un genuino gesto escéptico o de sospecha- más que por un ánimo creativo, por la necesidad de introducir en el mundo acontecimientos por fuera de las cadenas de significación establecidas en una meta-estructura cada vez más reducidas.

El hombre (o el inhumano) del siglo XXI, con su naturaleza historica, su singularidad, la épica de la migración digital, el feómeno de los nativos digitales, la era de la virtualidad del sujeto, de la vanalidad y de la descomposición del mundo hegemónico, de la estructura (de la historia) del primer, segundo y tercer mundo. Casi ha erminado la historia de los paises industrualmente desarrollados, en vias de desarrollo o vias de de-industrialización. La historia del centro como completud, ha sido descolonizado, invadido por historias, interpretaciones, lecturas, usos y opiniones de cuerpo inerte que yase en el pasado, inmovil, en descomposición, y del que echamos manos, ya en busca de alimento, de inspiración, de nostalgia, al que regresamos a plagiar la forma para reproducir aquella misma historia muerta aquí mismo (Otro deictico innecesario, inreferente) que aparece como un cadaver en un continuo que se ha detenido.

Hemos poblado el presente de muertos que quedaron atrapados como zombies en un tiempo presente que ya no les pertenece en el que ya no habitan. Y efectivamente, como en la metáfora del zombie que se alimenta de tu cerebro, este pensamiento, esta historia del pesado, de los muertos, acabará por convertirte en uno de ellos.

Comienza el proyecto de la post-historia, como una historia misma pero ya no en un continuo sino en un punto fijo. Una historia de presente, o la historia de un lugar sin tiempo. La post-historia no como un fin que ha llegado a su complitud y que de a poco, su propia teleología llevará magicamente a la reunificación (la reificación) de todo los ordenes en un orden superior centralizado como la propuesta de Kant de la paz perpetua; sino por el contrario una renuncia a la naturaleza histórica y la idea de Logos, como mirada totalizante, unificante, y constituyente de la idea de los universales con sus imperativos éticos que exigen la unidad del estilo (la estética) en una época determinada.

Este proyecto de post-historia en definitiva no busca encontrar una crítica, un punto de vista de paralaje, ni superador, ni de desconcierto, extranamiento, y alejamiento (como si esa práxis no estuviera en esa naturaleza historizada), es un trabajo de fuerza creativa, de imponer, fuera de la juntura del tiempo y del continuo de la historia una nueva fé, con rituales paganos, que más allá de satisfacer las preguntas filosóficas, satisface sus pulsiones más simples, más bajas, de las que brindan satisfacción natural, de la primera naturaleza, la que se opne a la hisstoria.

Esto es alimentar la naturaleza en nosotrs y no la cultura. Esto es renunciar a la continuidad, al anudamiento y al compromiso de sujetarse en un discurso, una identidad, un sujeto que se haga cargo de los enunciados del relato de la historiaa.

Deja un comentario

Archivado bajo Uncategorized

El Post-estructuralismo en cinco fáciles pasos

Diez cosas que siempre quiso saber sobre el postestructuralismo y nunca se animo a preguntar

1 comentario

Archivado bajo Crítica, Filosofía, Internet, Literatura, Política, Psicoanálisis

Diez cosas que siempre quiso saber sobre el post-estructuralismo y nunca se animó a preguntar

Deja un comentario

Archivado bajo Crítica, Filosofía, Internet, Literatura, Política, Psicoanálisis

Fotos de las Oficinas de Facebook & Twitter

Facebook y Twitter, dos fenómenos de la era digital muestran sus oficinas. Este es el detrás de escena de la magia de Facebook y Twitter. Fotos de las oficinas de Facebook y Twitter.
Pensando esto en términos materialistas dialécticos podríamos decir que la forma del capital determinan la forma de trabajo y las mercancías.
En este sentido podríamos pensar una nueva forma de capitalismo, un capitalismo digital.

Esta es entonces la forma universal concreta que adopta el capital digital.

Deja un comentario

Archivado bajo Crítica, Economía, Foto

Avatar – La nueva película de James Cameron

Avatar es la nueva película de James Cameron -director de películas como Titanic y Terminator 1 y 2- realizada exclusivamente para cines 3-D. En esta película volvemos a experimentar otro salto en tecnología visual llevando la fantasía de la realidad a un nuevo nivel.

Ver Trailer «Avatar»

Deja un comentario

Archivado bajo Film

Ver Padre de Familia On-line 2009!

Family Guy - Padre de Familia - Ver Online

Family Guy - Padre de Familia - Ver Online

Desde hace un par de años encontramos intermitentemente algún servicio de video on-line en los que se podía ver capítulos completos de Padre de Familia (Family Guy).

La serie de dibujos animados de humor políticamente incorrecto donde hacen chistes de los discapacitados, racismo, depravación sexual con un fuerte contenido cínico. Podríamos decir que el humor de Padre de Familia no tiene parangón en la televisión.

Esta familia compuesta por Peter Griffin, el padre idiota; su mujer Lois y sus tres hijos, Chris, Meg y el Bebé -quien tiene una fantasía narcisista de domincación mundial- Stewie. La voz de la conciencia en esta familia la lleva el perro, Brian Griffin.

Definitivamente Fox decidió brindar un servicio para ver Padre de Familia Gratis en Internet. Entrando a la página Mundo Fox deberán registrarse y al confirmarse podrán ver capítulos de padre de familia on-line.

Este servicio requiere suscribirse como usuario. Por el momento parecería que el servicio es irrestricto y libre. Las condiciones de uso no están disponibles. Fox se » reserva el derecho de cambiar esta Política de Privacidad y sus Condiciones de Uso en cualquier momento. Por el momento se puede ver Padre de Familia en ese sitio.

En Mundo Fox encontraran Apenas media docena de capítulos. Cuatro de la quinta temporada y otros dos de la tercera.

El streaming es bastante bueno y la experiencia de ver el episodio es bastante similar al de la televisión con la ventaja de que no tiene cortes, salvo algunos mensajes de la cádena al comienzo del capítulo.

7 comentarios

Archivado bajo Televisión

Debates Actuales de la Teoría Política 2009: La era Obama

Estimados Amigos,

Quedan todos invitados a participar de este decatlón filosófico titulado «Debates Actuales de la Teoría Política Contemporánea» que tiene como objeto ejercitar un gesto subversivo.
Este año repetiremos la actividad realizada en 2008 bajo el título «Debates Actuales de la Teoría Política contemporánea«en la que esbozamos un ejercicio de pensamiento sobre la realidad política de nuestro tiempo.

Esta actividad está pensada para realizarse durante el primer cuatrimestre del 2009 a partir de la tercer semana marzo, los miércoles de 19 a 21 hs. en la facultad de filosofía y letras de la UBA (aula a designar).

Anexo: Programa 2009

Deja un comentario

Archivado bajo Crítica, Filosofía, Política, Psicoanálisis

Este blog ha estado inactivo por casi un mes y su actividad ha estado declinando un poco en los últimos meses del año que acaba de terminar. Esto no se debe a que en el mundo no estuvieran sucediendo cosas. Todo lo contrario, el mundo está en fuego. Aquellas cosas de las que veníamos escribiendo estallaron de forma impredecible. Terminamos el 2007 con el retorno -como de lo reprimido- de la palabra «capitalismo». Esta palabra velada -casi invisible- que al mismo tiempo es el significante que organiza todo el discurso: Capitalismo. Que esta palabra se haya vuelto a instalar en los medios, en las discusiones, en el discurso; abre la posibilidad de nuevos desplazamientos que permitan articular nuevos discursos, nuevas formas de decir nuestra realidad.
Empiezo el 2009 con una nueva tesis. Así como 1989 con la caída del muro de Berlín significó la desaparición del comunismo; el 2008 y su crisis financiera significó la muerte del liberalismo. La diferencia entre estos dos casos es que en el primero el socialismo cayó por la competencia contra otro sistema o ideología: «el liberalismo». En el caso del 2008, el liberalismo cae no en competencia sino por las contradicciones internas de esta formas actuales del capitalismo financiero. Para decirlo en palabras claras; el liberalismo cae cuando un presidente «ultra liberal» como George Bush realiza la intervención en la economía más bestial de la historia. Cuando sucede eso, que los liberales dejan de ser liberales, es que se comienza a desintegrar el liberalismo como ideología, sino como doctrina económica. Esto se puede observar a otro nivel cuando la revista Noticias dedica en la portado al hombre del año 2008 a John Maynard Keynes. Así es, el amigo de Ludvig Wittgenstein y responsable del modelo económico intervencionista que rescató de la crisis financiera de 1930 a Europa y Estados Unidos creando un Estado de Bienestar.
No creo que estemos en un retorno a esos modelos como de que se han desarrollado ciertas «revoluciones» en distintos campos aislados que no se les ha podido dar un contenido político. En otras palabras, el sistema económico-financiero mundial está enfrentando forzozamente un cambio, (los sistemas de las comunicaciones han revolucionado nuestras vidas), las subjetividades, las identidades y reordenamiento del Estado frente a estos nuevos (como el caso de Tania, la travesti que consiguió un DNI de mujer) Sujetos, que en consecuencia son políticos. Lo que no ha habido es un «ajuste» político que acompañara estos cambios y revoluciones. No ha habido una propuesta política que le de contenido a los cambios y transformaciones en estos campos.
En Debates Actuales de la Teoría Contemporánea (actividad academica subversiva) nos hacemos la pregunta sobre éste contenido político ausente en las transformaciones de las subjetividades e identidades de nuestro tiempo. En algún sentido en esta reflexión se identifica a la filosofía (no como institución y disciplina sino como en situación enunciativa) como herramienta para pensar en esos contenidos políticos. El principio del psicoanálisis es fundamental en el proceso de pensar las identidades políticas contemporáneas. El psicoanálisis comprendido como una teoría de la sexualidad y en algún sentido del amor, y de lo imaginario y lo Real. Una teoría que nos permite ver la revolución como un análisis interminable, que nos enseña que no hay un final superador último sino (en el mejor de los casos) formas sublimadoras de realizar nuestros deseos que debido a las prohibiciones socieales que al precio de establecer su propio orden hace que los deseos alimentados por nuestras pulsiones (corporales) se hagan a nuestra conciencia individual (yo) inconcebibles y deban ser reprimidos, enterrados bajo la conciencia, constituyendose como la fuente de sintomas de distintos tipos.
Pensar esto, no en un campo especulativo puramente formal sino instalar estas reflexiones en el espacio de lo Real. Encontrar el objeto a, esa porción de lo real en lo que podemos proyectar ese objeto imaginario e inalcanzable que es objeto primario de nuestra afección infantil (como pueden ser las utopias políticas). Esta concepción nos permite ver los procesos revolucionarios no como formas de alcanzar utopias políticas sino como formas que permitan satisfacer (que brinden un goce) en el campo de lo Real, las demandas de distintos sujetos.
El populismo -por como bajo la idea de «Pueblo»- permite identificar de la misma manera a personas con demandas distintas. Hemos visto como la teoría del populismo nos promete un poco más que nuestros gobiernos latinoamericanos han logrado. Indudbalemente esta es una buena dirección, pero las formas que estamos aplicando para recorrer estos caminos todavía pueden perfeccionarse mucho.
En este sentido empezamos el 2009 con la tarea de pensar y hacer el contenido político de este nuevo momento de la historia. Comenzamos el 2009 con esta tarea y este compromiso.

Deja un comentario

Archivado bajo Crítica, Filosofía, Internet, Política, Psicoanálisis

En busca de la dimensión operacional de la teoría política contemporánea:


por: Ricardo Esteves

Ni método, ni reglas, ni recetas, tan sólo una larga preparación. Bodas, pero no parejas ni conyugalidad. En lugar de resolver, reconocer y juzgar, hallar, encontrar y robar.

Gilles Deleuze

La pregunta que da origen a esta reflexión es sobre si es posible una ciencia de lo político. Una respuesta apresurada podría ser que ya existe una ciencia política. En este sentido podríamos replantear esta pregunta: -¿De que manera la ciencia política puede dar cuenta de la política a partir de lo político? En esta formulación lo político es mucho menos evidente que la política. Esta pregunta también es relevante en el sentido de la opacidad de lo político, que muchas veces se lo desplaza a otros campos como –en especial- lo económico; lo social, lo demográfico o a las instituciones.

Esta pregunta también se anuda en la particular realidad que vivimos en siglo XXI, agravado por los acontecimientos recientes del desplome financiero en los Estados Unidos, del que podemos esperar repercusiones a nivel global que darán nueva forma a la política y al capitalismo de nuestro tiempo. El supuesto que subyace en esta presentación es la del quiebre que experimentó la realidad política del mundo a partir de los acontecimientos de septiembre del 2001. El 2001 es considerad o aquí como una marca que anuncia un corte, un quiebre, una alteración en la linealidad de la historia, como pudo ser 1914, 1930, 1945 ó 1989, casi como nombrando este acontecimiento –ese dislocamiento del sentido de lo políticamente posible- con un atributo real de sí, como puede ser el año que sucedió.

En este sentido la pregunta sobre lo político hace referencia a la forma en que se le da sentido al conflicto inmanente en un momento específico, donde el tiempo “ha perdido su juntura” y el horizonte de lo posible para la política es mucho más amplio que el de las categorías que poseemos para dar cuenta de la política (pensada como una consecuencia de procesos económicos, sociales, demográficos o institucionales).

Esta pregunta sugiere interrogarse sobre una lógica específica que se despliega en situaciones singulares y que acontece mediante la articulación de un Sujeto. Esta lógica de lo político que propone la teoría política contemporánea, con sus categorías, objetos y unidades articuladas de manera específica, implicarían enfoques metodológicos distintos al de otras corrientes teóricas, como podrían ser los sistemas funcionales (David Easton), el esquema institucionalista (Samuel Huntington) y hasta la elección racional (Jon Elster).

La corriente teórica dentro de la que nos proponemos pensar una metodología, es lo que a pesar de las divergencias y matices se clasifica bajo el nombre de post-estructuralismo. Proponemos aquí el debate actual de la teoría política como la discusión entablada actualmente entre autores como Alain Badiou, Slavoj Zizek, Ernesto Laclau, y –ya fallecido- Jaques Derrida.

La pregunta clave aquí es cómo se articulan estas cuestiones teóricas a nivel metodológico. Esto sería lo mismo que preguntarse sobre la dimensión operacional de las categorías que proponen estas teorías contemporáneas. Si por un lado las teorías de sistemas cerrados, completos, racionales, sugieren caminos metodológicos como los que conocemos, ¿Cuál es la propuesta metodológica de las teorías del acontecimiento, del discurso, de la sociedad imposible, de la hegemonía entendida como la lógica del objeto a de Lacan?

En una ocasión, en referencia a la obra de Ernesto Laclau, alguien afirmó: – “Pero esa teoría no opera a nivel empírico”. Esto propone que textos, como los del mismo Laclau, son novelas, bellas por su complejidad estructural, pero como toda ficción, sin un referente real que podamos encontrar en el mundo. En todo caso esto sería ignorar el artificio del lenguaje como escritura –o gramatología- y naturalizar el signo, como si este mismo estuviera en la esencia de las cosas; que sería lo mismo que decir, esto se aplica –ya no a los textos de Laclau- sino a todos los textos.

Este problema es inherente –entre otras cosas- a como la realidad después del 11 de septiembre de 2001 se ha distanciado del lugar donde creíamos que la podíamos encontrar. Este es un enunciado muy fuerte para decirlo así nomás sin alguna evidencia; por eso tomo un indicador al alcance de cualquiera, como la palabra capitalismo; que hasta hace poco estaba confinada a textos que circulan en ámbitos reducidos, ahora aparece en los noticieros de la televisión a cada rato. Uno, no sin dificultad, debería reconocer algo de cierto en esto. En este sentido intentamos preguntarnos sobre los procedimientos metodológicos para a través de este material empírico tan evidente, dar cuenta en términos científicos de la realidad política del siglo XXI.

El recorrido que aquí proponemos es en primer lugar hacer algún comentario de las transformaciones socio-políticas que configuran el panorama del escenario político de comienzos del siglo XXI. En este caso antes de hablar del método sería necesario señalar los problemas –o cuestiones a problematizar- que debería enfrentar este método, prestando especial atención a lo político. Dentro de estas transformaciones podemos considerar las transformaciones en las ciencias. En este punto es necesario introducir los principios teóricos de lo que estamos presentando bajo el nombre de post-estructuralismo. Habiendo indicado la dirección de algunos problemas, presentando los principios teóricos del post-estructuralismo, estamos en condiciones de proponer maneras de abordar metodológicamente estas cuestiones y obtener evidencia empírica para sustentar investigaciones científicas.

Lo que podemos adelantar aquí respecto de los aportes más relevantes de esta corriente son las categorías de Sujeto, acontecimiento; la imposibilidad de la sociedad y la lógica de la hegemonía, el giro hacia una concepción retórica y subjetivista de la política, entre otras cuestiones que sirven como ejes en los análisis de esta perspectiva. Esto se podría considerar un nuevo enfoque para el abordaje de lo que -con sentido polisémico- se llama ideología.

Resumiendo: Aquí nos interrogamos sobre la manera en que se puede abordar, desde la metodología de las ciencias sociales, ciertos problemas –específicamente políticos- que aparecen a comienzos del siglo XXI. En esta exposición hay dos posturas asumidas. La primera, que estamos experimentando cambios ó transformaciones políticas en respuesta a la crisis financiera, energética, de alimentos y de seguridad (desatada por el unilateralismo militar de los Estados Unidos). La segunda, que hay una discusión innovadora sobre el horizonte de la política de nuestros tiempos en los debates actuales de la teoría política que se caracteriza por rasgos como los del giro lingüístico, el psicoanálisis y la filosofía de Heidegger.

El gran desafío aquí es poder presentar una propuesta que logre operar a nivel empírico con estas teorías.

Las transformaciones político y sociales del siglo XXI

Historiadores como Eric Hobsbawm aseguran que el siglo XX finalizó en 1989 con la caída del muro de Berlín. Si el siglo XX finalizó en 1989 podríamos decir que el siglo XXI comenzó en algún momento de septiembre del 2001. Entonces ¿Qué tiempo fue el que transcurrió desde 1989 al 2001? Es como si durante esos años hubiéramos experimentado diferencias –respecto “como eran las cosas en el siglo XX”- casi imperceptibles hasta que se acumularon haciendo una brecha de la que el siglo XXI quería emerger a la visibilidad. Pero fue un acontecimiento el que desató al siglo XXI. Casi como en el cuento de Borges (Rangnarök) donde soñamos una esfinge para explicar el horror que sentimos, tuvimos que vivir el horror del 11 de septiembre para dar cuenta que el tiempo había cambiado. Vivíamos en un mundo nuevo. En este sentido, como una crónica anunciada, las torres gemelas ya habían desaparecido. Su tiempo ya pertenecía al pasado, al siglo XX, un tiempo con otra arquitectura y proyectos políticos. La realidad política del siglo XXI ha trazado nuevos senderos que han advenido en este crítico e inestable presente con un porvenir incierto.

Para ilustrar esta distancia, la diferencia en la realidad, en la cosas, el deslizamiento de las fronteras entre una cosa y otra, vale mencionar un capítulo reciente del programa de televisión «Los Simpson» donde Homero y Marge recuerdan su vida durante los años 90 (no el recuerdo, sino una ficción evocada). Un elemento que llama la atención en esta crítica casi revisionista de los 90 es cuando Homero -el de los años 90- enfatiza que nunca habrá un presidente peor que Bill Clinton. Esto significa que para la realidad de los años 90 -o del siglo XX- lo peor que podía hacer un presidente era tener sexo con una pasante en la casa blanca. La realidad del siglo XXI demuestran que el fraude electoral y mentir para invadir militarmente un país no son cosas tan graves que ameriten el juicio político (impeachment). Esa es la distancia entre el siglo XX y el XXI.

Así como el siglo XX se agotó con el proyecto político del comunismo, el siglo XXI inició con la propuesta de hegemonizar la democracia norteamericana a escala planetaria, para -en palabras de Fukuyama- ponerle fin a la historia. El siglo XXI comienza con la pretensión de un mundo unipolar que no ha dejado de ser erosionado por la misma arbitrariedad de los Estados Unidos, que ha abierto una nueva discusión sobre la democracia.

Durante la década del 90 la discusión de la ciencia política se centraba en la cuestión de las probabilidad de sobrevivencia de la democracia en distintos sistemas política y se reducía distinguir si las condiciones determinantes eran económicas (A. Przeworski) o culturales (Lipset). Hoy la pregunta -implícita- es ¿que es la democracia? Acaso la democracia puede ser un régimen hostil y capaz de generar inestabilidad al mismo interior de la comunidad de naciones. Aunque sigue irrefutable el aforismo de que «las democracias nunca entran en guerra con otras democracias», la realidad es que las democracias pueden responder con violencia y unilateralmente defendiendo intereses en términos narcisitas.

El otro grupo de democracias del hemisferio norte -Europa- ha realizado un redescubrimiento de la política que ha transformando su entorno de forma radical. El camino recorrido por Europa en estos 100 años ha transitado por la devastación de la guerra a la construcción de una comunidad política -que a pesar de sus propios desafíos- vive en prosperidad e integrada pluralmente. El siglo XXI presenta una nueva invención de la política: la Unión Europea. Esta nueva forma de organización supranacional anticipa un movimiento de integración en bloques regionales que paulatinamente no hacen otra cosa que afirmar el declive de la dominación global de los Estados Unidos.

Si el siglo XX fué el siglo de occidente, del centro, el siglo XXI es el siglo de la periferia. El siglo XXI comienza con la afirmación de otra identidad. El siglo XXI comienza con la voz del otro, con la apertura de un afuera maligno que se afirma en rechazo y como resistencia al modelo norteamericano de democracia.

Este afuera es diverso y en algunos casos disputa el centro, la pretensión de poder universalizar su propia visión del mundo. Uno podría decir que a partir del 2001 aparece en escena el mundo musulmán, el cuál fué utilizado por los neoconservadores para constituir un enemigo externo que pudiera reunificar a la nación americana después del fraude electoral que llevó otra vez al poder a los Bush.

La «cuestión musulmana» abre una nueva serie de problemáticas no solo sobre su propìa identidad, sino sobre la misma identidad de occidente. El caso de Francia y la prohibición del velo muestra las tensiones y resistencias en los procesos democráticos europeos.

Pero el afuera no solo está constituido por el mundo musulmán exclusivamente sino por lo que fue conocido en el siglo XX bajo el nombre de tercer mundo. El tercer mundo, que pasó por el término «países en vías de desarrollo», hoy busca su propia autonomía resistiendo a ubicarse en tercer lugar detrás de nadie. El caso más ostensible de esto es China. El fenómeno de China indudablemente amenaza con desplazar el eje del capitalismo. China se presenta como un fuerte contendiente a ser la potencia económica del siglo XXI. Esto implica consecuencias no esperadas que afectan de distintas maneras a distintos actores.

Este fenomenal desarrollo de China ha introducido muchas discusiones, entre las cuales está el interrogante de como podría ser un país de más de mil millones de habitantes que brindara el mismo confort de vida que las democracias. En este sentido está claro que China se presenta como un mercado gigantesco. Pero este nuevo nivel de producción masiva levanta el interrogante sobre los recursos naturales.

En este escenario de nuevas demandas de recursos naturales, Americana Latina, que ya por más de dos siglos había desplegado una estructura de producción extractiva, aparece como un gran candidato de seguir abasteciendo al mundo pero bajo un nuevo regimen.

2001 signa también para Latinoamérica un nuevo camino. Comenzó una nueva convergencia política solo comparable con los procesos de democratización de los años 80 del siglo XX . Emergen en Latinoamérica una serie de gobiernos populares -o populistas- que revierten dramáticamente la dirección establecida por el neoliberalismo en la región durante los años 90.

Este nuevo esquema presenta el viejo esquema de países exportadores de materias primas bajo un nuevo régimen donde los Estados Nacionales capitalizan este intercambio comercial. Tales son los casos de Venezuela y Bolivia con la estatización de los hidrocarburos y la Argentina con las retensiones al campo.

Esto presenta un escenario de prosperidad económica para las cuentas de los Estados, que poco tiempo atrás atravesaban un período de banca rota. Esto les permite -en distinta medida y frente a distintos problemas- cierta estabilidad política que permite a estos proyectos políticos extenderse por segundos mandatos buscando consolidarse y proponer estilos nuevos de democracias.

El gran interrogante político sobre América latina es cuál será su modelo de democracia. Está claro que el populismo en sus variantes menos institucionalizadas (Venezuela) a más institucionalizadas (Argentina) han logrado introducir nuevos contenidos a la democracia como la participación y los derechos humanos. Entre las formas más radicales se asoma una democracia más participativa donde la ciudadanía organizada decide de forma asamblearia para gestionar locamente sus necesidades políticas. Este mismo erosiona el mismo centro que trata de hegemonizar esa misma práctica política creando más inestabilidad y dejando en última instancia que se siga imponiendo el orden institucional dado.

La cuestión de los recursos naturales y su escasez frente a las nuevas demandas del mundo han hecho de la ecología un tema central. Durante el siglo XX la ecología seguía siendo un tema marginal. Eran pocos los casos -el partido verde alemán- de proyectos políticos que consideraran la ecología. Lo que muestra un cambio en esta tendencia es la campaña de Al Gore que busca introducir esta discusión en el seno de la opinión pública de la nación que más contamina en el mundo. Evidentemente el partido demócrata está perdiendo el interés en el tema al introducir otras cuestiones como género y raza en estas elecciones.

Tal vez uno de los hechos que modificará de forma más radical la fisonomía del siglo XXI será -algo que ya se prevé- el agotamiento del petróleo. El agotamiento del petróleo y la búsqueda de nuevas fuentes renovables es el desafío energético más grande de este siglo.

Un hecho curioso es que cuando poco tiempo atrás enviaba el –por cierto provocador- resumen de este trabajo planteando este desajuste entre las categorías de las ciencias sociales y la realidad, todavía la crisis financiera internacional no había sacudido al mundo. Este acontecimiento ha desarticulado de forma más violenta este estado de cosas. Hoy Inglaterra vive un “corralito” al mejor estilo Cavallo y un gobierno liberal y conservador como el de Bush pide la más grande intervención del Estado en la economía de la historia norteamericana. Mientras Estados Unidos se endeuda lapidariamente, Argentina cancela su deuda con el club de Paris. Mientras el mundo se sumerge en un gran depresión económica, países como la Argentina tienen una economía de bienes poco flexibles como los alimentos. Sin duda el siglo XXI ha puesto al mundo de cabeza. Es necesario una ciencia de lo político que pueda pensar en una apertura que introduzca nuevo sentido al mundo.

Hacía un arte metódico de lo político.

Jaques Derrida: La deconstrucción ó como el adentro se convirtió en el afuera.

No sería apropiado pensar que la propuesta teórica de Derrida –ó la deconstrucción- como una metodología. Por el contrario, el gesto de la deconstrucción consideraría las ciencias sociales un discurso proveniente de textos de una época y lugar determinados, que deberían ser abordados con la misma distancia que textos de frenología, alquimia, o la Anglo-American Cyclopedia que menciona Borges en Tlön, Uqbar, Orbis Tertius. La propuesta de la deconstrucción busca subvertir el orden de los géneros literarios borrando las fronteras entre filosofía y la literatura. El Logos ya no se encuentra anclado a una verdad absoluta sino que es construido a partir de signos que devienen de otros signos.

El punto de partida de este razonamiento –la hipótesis gramatológica– se encuentra en la pregunta sobre la ciencia de la escritura. Si uno tuviera que abordar la escritura desde una perspectiva científica se enfrentaría ante la paradoja de que su objeto de estudio y su medio serían el mismo. La ciencia solo es posible a través de la escritura. Una ciencia de la escritura entonces no sería otra cosa que una ciencia de la ciencia. En este sentido, la problemática del lenguaje no es otra problemática entre tantas, sino el problema que da origen a los demás. El signo no se encuentra anclado a las cosas sino a otros signos, de manera que lo que hay detrás de un signo es otro signo, lo que hace completamente fútil cualquier búsqueda de un origen.

La obra de Derrida insiste sobre la demolición de la estructura –(estructuralismo francés) teoría enormemente prolífera entonces- en las ciencias sociales, desplazándola por la noción de diferencia como punto de origen de todo sentido.

Aquí la pregunta entonces sería ¿Si la propuesta teórica Derrida no presenta –siquiera en la deconstrucción- ningún aporte a una metodología de las ciencias sociales –incluso hasta la reduciría esta a un género literario singular-, porque traerlo a colación aquí?

El aporte de Derrida va más allá de la metodología de las ciencias sociales, presentando una crítica a la ontología y la metafísica de la presencia. Esta crítica a las ciencias humanas cuestiona radicalmente el estatuto de la verdad. Sería una lectura muy pobre confundir esto con el relativismo. En esta crítica no habría un relativismo al estilo “cualquier cosa es verdad”. Sino por el contrario “La verdad es cualquier cosa”, entendido como que él único acceso a las cosas es por medio del signo; y en definitiva el signo solo se define a partir de otro signo. En este sentido la verdad existe, pero no posee un estatuto ontológico sobredeterminado. Este desplazamiento de la verdad pondría a las ciencias sociales en el lugar de la crítica literaria; una disciplina que busca la verdad rastreando en textos las marcas de otros textos.

La forma recurrente que utiliza Derrida –casi como un ejercicio de la deconstrucción- frente a un objeto como el estructuralismo, la representación, la justicia, etc. es mostrarse extrañado frente a él, simular que ese término fue acuñado por una lengua ya muerta, o que llegó a nosotros de una forma misteriosa, como un mensaje dentro de una botella, o como un descubrimiento arqueológico de una cultura desconocida.

El aporte de Jaques Derrida a la metodología de las ciencias sociales está en el gesto sugestivo de invertir el orden entre el adentro y el afuera, desbaratando toda posibilidad de estructura en pos de la diferencia, que es en definitiva el motor de toda forma de expresión del Ser.

Slavoj Zizek: La paralaje ó un materialismo dialéctico lacaniano.

Slavoj Zizek, en sus propias palabras es –“un materialista dialéctico ‘old fashion’”. Posee una lectura muy particular de la obra de Lacan que logra articular en la dialéctica hegeliana. El método de muchos de los análisis de Zizek se puede remontar a Walter Benjamín. Así como Benjamín realizaba análisis de la cultura –casi desde el umbral de la sociología y la crítica literaria- a través de manifestaciones corrientes como las marquesinas de las tiendas ó la literatura; Zizek realiza análisis de la cultura popular (global si se quiere) desde las fantasías que se representan en las películas de Hollywood. Aunque muchos de sus análisis abordan cuestiones, que hemos incluido anteriormente como los problemas en torno a lo político, lo hacen en clave de ensayo ó ensayo filosófico ó ensayo político. En este sentido el análisis opera a nivel empírico. Construye su argumento en evidencia empírica tan tangible como declaraciones públicas de funcionarios como George Bush, películas y programas de televisión.

La dificultad de resumir la propuesta teórica de Zizek tiene que ver en buena parte por la falta de ‘organicidad’ en su obra y algo de frenetismo argumentativo que muchas veces ronda la deshonestidad.

Una categoría clave –para todos estos autores- como la de Sujeto, es presentada de manera muy pintoresca por Zizek. Para Zizek el Sujeto es aquel que intenta interpretar el papel de sí mismo, sin estar seguro que lo está interpretando bien. Un ejemplo que utiliza para ilustrar esto nos toca muy de cerca. Zizek rescata un episodio de la crisis del 2001 en la Argentina. Entonces un grupo de ahorristas perjudicados por el “corralito” se manifestó en la puerta de la casa de Domingo Cavallo. Éste, para poder escapar de allí se disfrazó con un máscara de él mismo. Una forma muy colorida de presentar esta idea es la metáfora del “secreto judío circunciso”. El rasgo definitorio de un Sujeto, como el ser judío, reside en un rasgo (como estar circuncidado) que no podemos apreciar a simple vista.

Este enfoque le permite a Zizek encontrar en el registro imaginario manifestaciones particulares del registro Real. Esto sería, encontrar en las fisuras del discurso, la manera en que lo real irrumpe inrreprimiblemente. Zizek consigue una mirada renovada de la ideología a partir del psicoanálisis lacaniano y sus fundamentos reales. Aunque Zizek consigue en su “Sublime Objeto de la ideología” esquematizar los elementos que constituyen las identidades en la teoría Lacaniana. La propuesta de la paralaje presenta la tensión dialéctica -clásica en la filosofía- entre el objeto y el sujeto. El materialismo de Zizek intenta incluir en la mirada del Sujeto la realidad objetiva que brinda su soporte. La paralaje intenta dar cuenta del espacio vacío entre dos perspectivas opuestas. Lo Real no experimentaría la tensión de miradas disidentes, pero tampoco puede ser sintetizada por la paralaje. La economía sigue teniendo un peso preponderante en el pensamiento de Zizek. A pesar de que lo Real en Zizek posee un estatuto ontológico cerrado, parecería aparecer irreducible a una mirada. En este sentido la paralaje no busca resumir o sintetizar en un punto medio estas miradas antagónicas. Por el contrario, busca mostrar la distancia entre estas y lo real.

Ernesto Laclau: Hegemonía, Identidad y el retorno político de la retórica.

Laclau (2005) presenta un esquema pensado para operar empíricamente. Define su unidad de análisis –las demandas sociales- para a partir de éstas y sus lógicas articulatorias explicar la razón de regimenes políticos que logran constituir una identidad popular, un pueblo. De hecho ilustra el funcionamiento de esta lógica en casos históricos concretos como, la revolución francesa, la larga marcha de Mao Tse-Tung, Reagan en Estados Unidos y Perón en Argentina. La clave de la razón populista está en la lógica articulatoria –equivalencial o diferencialmente (que funcionarían como ejes paradigmáticos y sintagmático)- entre demandas. Esto significa que esta unidad de análisis, las demandas sociales, se pueden articular de manera equivalencial –es decir agregarse- con otras demandas y al mismo tiempo y necesariamente articularse diferecialmente, es decir excluir otras demandas, trazando una frontera de la identidad constituida.

Un aspecto importante de este esquema es que opera en una dimensión afectiva. Estas articulaciones son el resultado de investimientos libidinales. Esto es un enfoque radicalmente distinto a los modelos racionalistas mencionados anteriormente. Este esquema presenta un modelo de análisis de la subjetividad, si se quiere, política. El abordaje de la subjetividad permite distinguir las identidades políticas (el resultado de las articulaciones entre demandas). El esquema de Laclau reivindica la dimensión retórica de la política. Es en este campo donde se constituyen las identidades políticas.

Ahora, ¿Concretamente, cómo opera esta teoría a nivel empírico? Despeguémonos por un momento de los ejemplos presentados por el mismo Laclau en la Razón populista. Utilicemos este modelo teórico para hacer algún análisis de nuestra realidad más cercana. Tomemos otro ejemplo, cercano a cualquiera de nosotros, en el que podamos implementar este modelo: El acto del Campo en el monumento de los españoles. ¿Cómo fue posible que este acto convocara a un público tan diverso y hasta en algún sentido –en términos “objetivos”-antagónico? El enfoque politológico que proviene de la sociología funcionalista relevaría datos básicos como sexo, edad, lugar de residencia, indicadores de nivel socio-económico y otros aspectos “objetivos” de este universo intentando buscar correlaciones entre estos para encontrar –si no una descripción- una explicación de este fenómeno.

El esquema de Laclau permite dar cuenta como las distintas demandas (que no poseen una sobredeterminación “objetiva” común) –las de la FAA, Coninagro, CRA, SRA, el movimiento de desocupados de Raúl Castells, la izquierda argentina, las clases altas de la ciudad de Bs. As., etc.- se articular equivalencialmente. Según este esquema, aquí no hay una convergencia de intereses “objetivos”, sino un efecto retórico que permite que demandas tan diversas entren en equivalencia. Concretamente, recuerdo que un participante de dicho acto explicaba sus razones para estar ahí diciendo: -“No queremos ser Venezuela o Bolivia”. En este caso, la demanda de este discurso (porque tampoco esta es una demanda de un individuo), no tiene que ver necesariamente con la retensiones en un sentido estricto. Aún así, ahí estaba apoyando al campo.

Ahora bien, ¿como encontrar, a nivel empírico, estas articulaciones? Las identidades se constituyen en el discurso. El discurso, definitivamente, es una sustancia inconsistente y que se puede encontrar más allá de las manifestaciones específicamente lingüísticas. El discurso no hace referencia a una forma enunciativa específica. Es decir, no es necesario que alguien enuncie bajo la forma “discurso” (como un orador hablando a una audiencia) para que opere el discurso. La noción de discurso, en algún sentido, puede considerarse una nueva manera de acceder a lo que se podría llamar la ideología. El discurso sería el marco invisible que subyace a las prácticas de los Sujetos. En este sentido el Sujeto no crea autónomamente un discurso, sino, por el contrario, el discurso habla al Sujeto. El Sujeto es la consecuencia de los discursos que lo constituyen. Las demandas –a los fines propuestos aquí, focalizar en torno a lo político– resultan una cristalización del discurso en una identidad política.

En esta propuesta retórica de la política no existe un significante con un sentido sobredeterminado. Un elemento clave en esta conceptualización es el objeto a de la teoría lacaninana (Ver esquema #2). El objeto a es el objeto Real sobre el que se deposita la fijación primaria, el objeto mítico del pecho de la madre. Este objeto de deseo primario –el pecho de la madre- es mítico e inalcanzable. Por su lado, el objeto a, -a pesar de no alcanzar la plenitud del deseo- genera un goce Real. La forma en que la propuesta de Laclau se articula con este principio lacaniano es fundamental para entender esta propuesta política. Ideales como la revolución o la emancipación humanas son como el deseo de volver a ser uno con la madre: imposibles e inalcanzables. La noción de populismo que introduce Laclau –con la lógica articulatoria equivalencial y diferencial- nunca alcanza una identidad plena capaz de reconciliar lo universal con lo particular. Pero permite elevar el objeto (mítico e inalcanzable) a la dignidad de la cosa, que es en definitiva lo que permite un goce real. (Laclau, 2005. p: 149). En este sentido la propuesta retórica de Laclau, aunque no reconoce sobredeterminaciones en el campo de lo social, busca redimir las demandas sociales en lo real.

Alain Badiou: Ser, acontecimiento y cómo Sócrates expulsó a los sofistas de la polis.

Este heterogéneo “movimiento post-estructuralista” tiene un restaurador de la Verdad: Alain Badiou. Badiou, con nostalgia (y hasta algo de resentimiento) ejercita desde la filosofía un retorno a Platón. La reivindicación de la filosofía que hace Badiou intenta expulsar estas nociones endebles de verdad. La filosofía –con sus procedimientos genéricos: la matemática (matema), la poesía (poema), el amor (el psicoanálisis) y la política- es la forma de reestablecer esta verdad.

Badiou se propone continuar con la labor de la filosofía continental de Heidegger y Sastre, institucionalizándola en la academia. Las principales categorías de la filosofía de Badiou que ofrecen utilidad para el pensamiento político y social son el Acontecimiento y Sujeto. En estas dos categorías podemos encontrar material fecundo para pensar lo político y lo social.

El acontecimiento aparece como una irrupción inesperada donde lo múltiple (la potencia) se presenta de forma singular. Badiou logra presentar el acontecimiento de forma matemática, asegurando su ontología natural y evitando toda posibilidad de deconstrucción (la matemática no es susceptible a la deconstrucción). El Acontecimiento es lo que sucede ahí, en un lugar localizable, circunscrito a una situación concreta. El acontecimiento –a pesar de su estatuto óntico- necesita un Sujeto que lleve la cuenta del mismo. En este sentido, el Sujeto debe mantener fidelidad con el acontecimiento, de lo contrario, se está frente a un simulacro, un forzamiento de la verdad en una situación. Esto le permite a Badiou introducir un elemento que desde hace tiempo se encuentra divorciado de la política: la Ética.

El electo común que sostiene Badiou con los demás pensadores es una visión radical de la política. La ética que propone Badiou para la política tiene cuatro características, “1) no es representativa, se presenta directamente; 2) no busca el poder de Estado, solo quiere forzar al Estado; 3) no es jurídica, es subjetiva; 4) no tiene un referente particular ni está ligada a los intereses de un grupo, una comunidad y es universal”. (Badiou, 1999, p:35.).

En este sentido Badiou propone la filosofía como herramienta para permitir una irrupción emancipadora de la política.

Podríamos reconocer otro registro –además de la filosofía- en la obra de Badiou en el que, no sin un hiato, opera a través del análisis sobre esta realidad contemporánea. Badiou reflexiona sobre los sistemas electorales y sus efectos cuestionablemente democráticos (Badiou, 2003). La regla de la mayoría, la formalidad del número y la paradoja del voto a favor y en contra, lo hacen algo que es necesario repensar. La guerra, tanto en medio oriente y Europa (Serbia), el terrorismo y el 11 de septiembre son algunas de las cuestiones que Badiou aborda exigiendo a la política una intervención singular que permita una apertura radical que posibilite la emergencia de un acontecimiento que posibilite nuevos horizontes.

La filosofía de Badiou integra –bajo un concepto rígido de verdad- elementos como la matemática, la literatura, el psicoanálisis y la política para poder pensar (algo a lo que hace tiempo la filosofía ya había renunciado) la realidad.

Las ciencias sociales, en especial la ciencia política, se puede nutrir muy concretamente de estos procedimientos genéricos de verdad. Por sobre todo, esta filosofía, logra demarcar los puntos cardinales de la reflexión política teniendo la ética como norte.

Esquema

Esquema

Conclusión.

En este trabajo hemos planteado que estamos experimentando un quiebre en un sentido muy amplio, que no solo exige una transformación epistemológica de las ciencias sociales como de las condiciones políticas en las que vivimos. La crisis actual –desatada en medio de la redacción de este trabajo- permite, no sin algo de afortunado oportunismo, presumir que hay algo de cierto en esta propuesta. Lo que resulta evidente es que la realidad política comenzamos a vivir es además de distinta a la del siglo XX, considerablemente más compleja. Esta realidad es en parte consecuencia de cierta obsecuencia de la ciencia política anglo-sajona –funcional y estructuralista- que no hizo otra cosa que señal a Irak tras el 11 de septiembre y hacer silencio cuando era más que evidente que Estados Unidos, habiendo perdido la hegemonía económica e intentaba desesperadamente mantener la única hegemonía que podía ejercer: La militar.

Esa ciencia política –que niega el núcleo problemático de lo político- ya se había dormido en la inmanencia democrática –del fin de la historia- con la que soñaba Fukuyama. Hoy más que nunca, la historia está abierta para que nuevos Sujetos la escriban.

La propuesta que aquí traemos busca introducir nuevos sentidos a la política desde los umbrales de –cierta- teoría política, que arbitrariamente llamamos post-estructuralista.

Reconocemos que la revisión de estos cuatro pensadores que presentamos aquí, en todos los casos, ha sido tan resumida, que apenas se rescata una idea de cada uno. También reconocemos que podríamos habernos extendido mucho más sin lograr más de lo que aquí presentamos.

Recapitulando.

El aporte de Derrida y la deconstrucción permiten cuestionar el logos o la verdad de forma radical. El signo es lo que media todo sentido en el mundo. No hay ninguna ligadura fundamental entre los signos y las cosas. Detrás de cada signo hay otro signo. El sentido no está atrapado en las cosas, sino que debe ser rastreado en textos (en un sentido amplio) que refieren a otros textos. En este sentido, la ciencia y la literatura se funden invirtiendo el orden del adentro y el afuera. Derrida, la deconstrucción y la obliteración de la estructura renuevan el pensamiento bajo el signo de la diferencia.

En una posición reaccionaria a ésta encontramos a Badiou que busca restablecer un logos que no puede disimular las grietas – que como un jarrón pegado con la gotita- nos recuerda cuando éste estaba intacto. De todas formas no nos hace perder el optimismo que el restaurador de la verdad y quien encarna la academia sea un duro crítico del parlamentarismo, la beligerancia de los EE.UU, la pasividad europea y que reinaugure la filosofía como una herramienta que permita pensar maneras en que la política introduzca nuevos sentidos en el mundo.

Zizek, ese converso discípulo de Laclau, que desafía los alcances de la teoría lacaniana en la dialéctica de Hegel, nos muestra que podemos encontrar evidencia empírica de la realidad política contemporánea en cualquier sala de cine. Las fantasías que se construyen en los films de Hollywood son un material que nos permiten acceder a las identidades, así como a las concepciones que se tiene del otro.

Laclau presenta un esquema que ha demostrado en la realidad una importante capacidad explicativa. La lógica articulatoria –diferencial y equivalencial- permite dar cuenta tanto de las identidades como del antagonismo de cualquier sociedad. Al mismo tiempo presenta un esquema que además de ser científico trae consigo una propuesta política emancipatoria anclada en lo real.

Algo común en todas estas propuestas es que a partir de la teoría del psicoanálisis han encontrado elementos para formalizar la subjetividad, entendiendo a esta como un elemento constitutivo de la objetividad. A partir de los procesos de identificación que propone el psicoanálisis logran dar cuenta del Sujeto, quien en definitiva es quien da cuenta del acontecimiento.

En algún sentido estos autores rescatan el espíritu político de Maquiavello en pos de Hobbes. En Maquiavelo el juego de lo político –siempre abierto- está dominado tanto por la razón como por la pasión.

Estas nociones teóricas aquí presentadas están en todo momento buscando los puntos de fuga, las rupturas y los horizontes de la política de nuestro tiempos. Estas son teorías que más que prescribir, permiten pensar e intervenir en esta realidad política tan apremiante.

Aunque muy solapadamente, estas teorías nos permiten escucha el clamor que Marx supo despertar el siglo XIX. Aunque esa tradición –salvo en Zizek- ha experimentado un impase, aparece de forma renovada en estos pensadores.


Badiou, A. (1989) “Manifiesto por la filosofía”. Buenos Aires, Nueva Visión.

Badiou, A. (2000) “Reflexiones sobre nuestro tiempo”. Buenos Aires, Del Cifrado,

Badiou, A. (2003) “El ser y el acontecimiento”. Buenos Aires, Manatial.

Badiou, A. (2004) “Circunstancias”. Buenos Aires, Del Zorzal.

Badiou, A. (2005) “Filosofía del Presente”. Buenos Aires, Del Zorzal.

Derrida J. (1989) La estructura, el signo y el juego en el discurso de la ciencias humanas en “La escritura y la diferencia” Barcelona. Anthropos.

Derrida J. (1998) De la hostilidad absolutaen Políticas de la amistadValladolid. Trotta.

Derrida J. (1998B) Márgenes de la filosofíaBarcelona. Cátedra.

Derrida J. (2000) [1971]De la gramatologíaBs. As. SXXI

Derrida J. (2001) La deconstrucción en las fronteras de la filosofíaBarcelona. Paidós.

Derrida J. (2005) Notas sobre deconstrucción y pragmatismoen Mouffe (comp.) “Deconstrucción y Pragmatismo” Bs. As. Paidós

Freud S. (2000)“El malestar en la cultura y otros ensayos” Madrid, Alianza.

Laclau E. (2005) “La razón populista”, Buenos Aires, FCE

Laclau E. (2005) Deconstrucción, pragmatismo y hegemoniaen Mouffe (comp.) “Deconstrucción y Pragmatismo” Bs. As. Paidós

Laclau E. & Mouffe Ch. (2004) “Hegemonía y Estrategia Socialista”, Buenos Aires, S XXI

Laclau E. (2002) “Misticismo, Retórica y Política”, Buenos Aires, FCE

Laclau E. (2000) “Nuevas reflexiones sobre la revolución de nuestro tiempo”, Buenos Aires, S XXI.

Zizek, S. (2000) “Más allá del análisis del discurso” en “Nuevas reflexiones sobre la revolución de nuestro tiempo”, Buenos Aires, S XXI.

Zizek, S. (2003) “El sublime objeto de la ideología”, Buenos Aires, S XXI.

Zizek, S. (2006) “Visión de paralaje, Buenos Aires, FCE.

Deja un comentario

Archivado bajo Uncategorized

DiOui: Del social-networking virtual al Real

Facebook está lleno de aplicaciones, muchas de las cuales son un obstáculo -más que una ayuda- a la construcción de social-networking. Una de las mejor es aplicaciones de Facebook es DiOui. DiOui permite agregar amigos a Facebook desde tu teléfono celular. Esto es, permite implementar la lógica del social-network en un ámbito real. Uno ya no busca en la red gente, sino que encuentra en su entorno real amigos. Esto es, si estás en cualquier lugar con gente, el DiOui te permite ver el perfil de Facebook de las personas que se encuentran en ese luagar. Si estás en una disco, la universidad, una fiesta, reunión de amigos, etc. y quieres ver quien de esas personas tienen perfil de facebook, el DiOui te permite hacer eso. El Di Oui requiere de un teléfono con Bluetooth y servicio con acceso a Internet.
Puedes descargar gratuitamente Di Oui en tu celular entrando (desde tu celular) a www.dioui.com/m
Una vez que hayas descargado esta aplicación solo sigue la instrucciones y comienza a agregar a la gente a tu alrededor a facebook.

Funciona con todos los sistemas operativos de teléfonos celulares. iPhone presenta algunas restricciones.

Deja un comentario

Archivado bajo Internet

Foto de la Juventud

un recordatorio de que no se necesita ser rico para ser feliz.

Deja un comentario

Archivado bajo Crítica, Foto

Los personajes de la historia.


Sócrates, Bill Gates, Pelé, Lenin, Bill Clinton, Bruce Lee, De Gaulle, Margaret Tatcher, Winston Churchill, Adolf Hitler, Benito Musolini, Saddam Hussein, Luvig Van Beethoven, Mao, Chrles Chaplin, Sigmund Freud, Putin, Mike Tyson, Albert Tyson, Moises, Ghandi, Van Gogh, Michel Jordan, Marylin Monroe, Nicolás Maquiavelo, Dalí, Luciano Pavarotti, Douglas MacArthur, Che Guevara, Fidel Castro, Napoleón Bonaparte, Marlon Brando, Arafat, George Bush, Pablo Picasso, Abraham Lincoln, Principe Carlos, Madre Teresa, Gorvachov, Osama Bin Laden, Julio César, Mozart, Karl Marx, Federico Engels, Roosvelt, La reina Isabel, Bufalo Bill, William Shakespeare, Gustavo Adolfo, Elvis Presley, lenin, Shirley Temple, Lewis Carrol, Ramses, Genkis Khan, Leonardo DaVinci,

3 comentarios

Archivado bajo Arte, Filosofía, Literatura, Política, Psicoanálisis

Justicia frente a la crisis finenciera internacional

Salten hijos de Puta

Salten hijos de Puta

Deja un comentario

Archivado bajo Crítica, Economía, Foto, Política

Salvataje para el Salvataje

El gigantesco salvataje aprobado por el congreso norteamericano para atenuer el desplome de su sistema financiero, no ha logrado detener las caídas de las bolsas a nivel global. Cabe señalar la paradoja de que un gobierno liberal pida una intervención tan brutal como esta. La palabra «Capitalismo», reservada para ámbitos académicos, circula por los medios masivos.
En este momento de incertidumbre se abre el horizonte de lo posibles para la política. Para la Argentina, estar fuera del mundo, en este tan particular momento, parece hasta favorecerla. De todas maneras, esta crisis tendrá repercusiones a nivel global. Este acontecimiento se da en el marco de la carrera electoral por la presidencia de los Estados Unidos. El resultado de los procesos de los «super-delegados» (eufemismo para este mecanismo restrictivo de la democracia) terminará de coronar el rumbo de la caída de los Estados Unidos. Esta elección puede dar como ganador a McCain y acentuar la pendiente de la caída de los Estados Unidos erosionando su poderío en la guerra de medio oriente. Caso contrario, puede que Obama sea elegido presidente, en ese caso, la caida será más progresiva, si logra llevar adelante algunas de sus propuestas electorales y logra implementar una política tipo new deal.
El gigante dormido, el eje Fracia-Alemania -por no decir Europa- tendrá que tomar una posición y retornar al campo de la política.

Entramos a una nueva era en la que tenemos la oportunidad de crear una nueva lógica de lo político, trayendolo al centro de la escena desplazando el dominio de lo económico.
empezó las post-historia.

Deja un comentario

Archivado bajo Crítica, Economía, Política

Argentina en la Crisis del 2001: Propuestas para el análisis.

Modelo para armar: complejidad y perspectivas de la protesta social en la Argentina reciente

Germán Pérez, 2002

Nos proponemos caracterizar a los principales actores del profundo ciclo de movilización social y participación política abierto en Argentina en los últimos años de la década del ’90 que se acrecentó con los acontecimientos de diciembre de 2001. Partiremos de un diagnóstico de las transformaciones sociopolíticas y socioeconómicas operadas durante la década del ’90, necesario para establecer el marco crítico dentro del cual el proceso se desencadena. Sugerimos pensar el fenómeno en los márgenes de una aparente paradoja: de un lado, la complejidad de los actores protagonistas en lo que hace a sus demandas, identidades y formas organizacionales, que dificulta pensarlos como un movimiento social en sentido tradicional, del otro, el profundo impacto político de sus intervenciones que han contribuido a cuestionar aspectos centrales del orden político como los modos de representación, los procesos de legitimación y la función del estado como agente de integración social.

Durante la década del ´90 se consumó en la Argentina una profunda transformación, tanto del régimen social de acumulación (RSA) como del régimen político de gobierno (RPG), que impactó fuertemente sobre los soportes tradicionales de conformación de las identidades políticas. En el primer aspecto, la combinación entre desregulación desordenada y apertura indiscriminada de la economía nacional en condiciones de competitividad desfavorables, tuvo como consecuencia un cuadro de crecimiento exponencial del desempleo y precarización de las condiciones de trabajo sumado a una distribución fuertemente regresiva del ingreso. En este marco, dominado por el eufemismo de la “flexibilización laboral”, fueron perdiendo consistencia social los referentes funcionales de conformación de identidades políticas, vinculados a la inserción en la estructura laboral, que habían tenido una fuerte impronta en los procesos de constitución de la ciudadanía social en Argentina hasta mediados de los años ´70. La consecuente “explosión de lo social”, denominación asignada a una situación en la cual el mercado de trabajo, más o menos regulado por el estado, ya no opera la mediación entre el RSA y la estructura de oportunidades materiales y simbólicas de amplios sectores sociales, significó una profunda complejización del universo de los sectores populares en la forma de heterogeneización y precarización del empleo con la consecuente fragmentación de sus identidades y organizaciones tradicionales.

Por el lado del RPG, el modelo neopopulista se sostuvo en un sistema político dominado por un proceso de fuerte personalización de la representación que permitió al gobierno concentrar recursos para la toma de decisiones, al mismo tiempo que limitaba las posibilidades del subsistema de partidos para estructurar una representación política organizada sobre la base de clivajes ideológicos y propuestas programáticas. La crisis final de la Alianza, desnudó el fracaso de una elite política que había piloteado la transición democrática, pero se revelaba definitivamente incapaz, tanto de estructurar formas racionales y participativas de representación, como de garantizar la vigencia de los más mínimos controles republicanos en el funcionamiento del sistema político.

Con la precipitación de la inevitable crisis financiera del estado argentino a lo largo de 2001, que remató en la implantación de la restricción fiscal del acceso al dinero depositado en los bancos y la virtual confiscación de los mismos, curiosamente denominada “corralito financiero”; más la evidencia ya inocultable del crecimiento exponencial de la desocupación y el dramático deterioro de las condiciones de vida de amplios sectores de la población, se rompe la ficción neoliberal del acceso al mercado como sustituto de un espacio público de reconocimiento social y constitución de ciudadanía. Este modelo de una ciudadanía de baja intensidad, configurada sobre la base de la doble interpelación como consumidor con diversos grados de acceso al mercado y cliente de empresas privadas monopólicas, liberadas de toda regulación y control estatal en la provisión de servicios públicos, se combinó durante buena parte de la década del ‘90 con una concepción delegativa de la democracia. Según esta concepción, la selección y legitimación de los liderazgos políticos se realizaba en función de la capacidad de las elites para mantener el estado de cosas, independientemente de la eventual clausura del espacio público como escenario de participación y control colectivo de la gestión de gobierno. La amenaza, estratégicamente reiterada, del retorno al descalabro hiperinflacionario -del mismo modo que había operado el fantasma del golpe institucional durante el primer tramo de la transición- contribuyó a sellar el pacto hobbesiano según el cual la seguridad pública frente a las remanidas figuras del terror sólo quedaba garantizada mediante la delegación de todo poder de decisión en el Ejecutivo. En definitiva, resultaba de esta trama una democracia defectuosa, sustentada en la capacidad de negociación directa de las elites con los grupos de interés más allá de cualquier instancia deliberativa o control republicano.

De esta suerte, el feroz desencadenamiento de la crisis a fines de 2001 enfrentó a amplios sectores de la sociedad argentina con la evidencia desesperada de la descomposición de los soportes de constitución de la ciudadanía en tres niveles concurrentes: en el plano de los derechos civiles, como consecuencia de la trasgresión de los controles republicanos operada por sucesivos gobiernos en su afán de aumentar sus prerrogativas y el manejo discrecional de la gestión pública, en el plano de los derechos políticos, por la aguda crisis de representación de un sistema político fragmentado y atravesado por la puja de intereses sectoriales sin prospectivas programáticas ni posiciones ideológicas claras y, finalmente, en el plano de los derechos sociales, como resultado del desmantelamiento del estado asistencial y la destrucción del mercado laboral.

Ante este panorama, la prescripción constitucional según la cual el pueblo no delibera ni gobierna sino a través de la intervención de sus representantes, fue ubicada por la dinámica del conflicto social posterior al 19 y 20 de diciembre en el centro de sus cuestionamientos. Precisamente el problema planteado por asambleas, piqueteros, ahorristas, etc., parece poder formularse del siguiente modo: ¿cómo pueden redefinirse las relaciones entre participación política ampliada, deliberación asamblearia, representación política y procesos de toma de decisiones frente al colapso del sistema político tradicional del cual la crisis de diciembre de 2001 fue su manifestación más profunda? Con diferentes modulaciones de acuerdo a la situación de oportunidades, posibilidades e intereses específicos de cada uno de los grupos, todos ellos expresan dramáticamente la crisis de legitimidad, esto es, la pérdida de validez intersubjetiva de las disposiciones que orientan la acción hacia la obediencia frente a un tipo de dominación política, de un sistema político altamente fragmentado y atravesado por la puja constante de facciones inestables.

Espacios de resistencia y nuevos actores sociales

Ahora bien, la incorporación activa de los sectores medios urbanos a la protesta social a fines de diciembre de 2001, en la forma de diversos núcleos asamblearios, debe analizarse considerando el espacio de resistencia a las consecuencias de desafección social de las políticas de ajuste estructural inaugurado más de un lustro atrás por el denominado movimiento piquetero. La lucha piquetera por el reconocimiento público de la figura del trabajador desocupado, en un primer momento estigmatizado como excluido del proceso de modernización por su incapacidad para reconvertirse o como mero apéndice de redes clientelares corruptas, abrió un espacio de resistencia y politización del conflicto social que durante la primera parte de los noventa permanecía sepultado bajo una concepción de la política como mera administración de las cosas, combinada con la obscenidad de un discurso político travestido con lo más vulgar de los lenguajes mediáticos. Además, la experiencia piquetera produjo una profunda reterritorialización del conflicto social generando complejas redes de sociabilidad al nivel del barrio o la pequeña ciudad, en un contexto donde la desindustrialización, la transferencia del gasto público a provincias quebradas y las privatizaciones de los servicios públicos habían dejado en una situación de desprotección extrema a amplias franjas de los sectores populares. También la gestión participativa, horizontal y deliberativa de la toma de decisiones, el modelo asambleario que parece recorrer todas las manifestaciones de nuevos actores políticos posteriores a la crisis de diciembre, tuvo sus primeras manifestaciones en las distintas organizaciones de desocupados. Por último, y acaso más importante, la prédica piquetera reinstaló la cuestión de la responsabilidad del estado como garante de la equidad indispensable para el ejercicio efectivo de la ciudadanía.

De modo que la masiva resistencia civil expresada el 19 y 20 de diciembre, insistimos, protagonizada fundamentalmente por sectores medios urbanos, contaba ya con un espacio de resistencia inaugurado por los más perjudicados por las políticas de ajuste, y respecto del cual cada nuevo actor político tendría que posicionarse. Si bien las consecuencias de desafiliación social provocadas por el régimen de acumulación ya eran evidentes mucho antes de la llegada de la Alianza al gobierno, el fracaso de la coalición precipitó la crisis del RPG que, más allá del disparador que sin duda significó la confiscación de los depósitos bancarios, constituyó el blanco de las críticas furiosas de los caceroleros y perdura hoy como núcleo duro de demandas en lo que queda de las asambleas populares. La clave del cuestionamiento al RPG se manifestó en la forma de una crítica profunda a la representación política expresada en la consigna que aun sustenta al complejo entramado de actores protagonistas de la movilización social: “que se vayan todos, que no quede ni uno solo”.

Así como el movimiento de trabajadores desocupados reconoce importantes y complejas divergencias internas: corrientes orientadas a una sindicalización democrática que incluya a los trabajadores desocupados, otras de corte autonomista concentradas en la producción de redes solidarias territoriales independientes del estado, aquellas que asignan al movimiento el carácter de vanguardia de una lucha de clase planteada en términos tradicionales; también los cuestionamientos a la representación política por parte de las asambleas post 19 y 20 manifiestan distintas vertientes no necesariamente concurrentes.

Tenemos, por un lado, las asambleas, en general autodenominadas populares, que se plantean el problema de la organización de un colectivo multiclasista cuyas diferencias deben ser abolidas en función de hacerlo coextensivo a una representación del pueblo como “unidad de los intereses en lucha”. Tanto la búsqueda de la unanimidad como horizonte normativo de la deliberación, como la estrategia de multiplicación de los ámbitos de reunión más allá de las pertenencias territoriales y las diferencias de clase, hacen de la participación en la asamblea popular una experiencia movimientista orientada a converger en un polo de poder que encarne “las aspiraciones del pueblo (en serio, y no en papeles)”. El cuestionamiento a la representación política conlleva en este caso el rechazo del propio sistema que la hace posible: la democracia representativa según la ha pensado la tradición del pensamiento liberal moderno.

La impugnación del principio representativo según el cual los gobernantes conservan cierto margen de independencia respecto de los gobernados, por parte de las asambleas populares, tiende a clausurar la diferencia entre decisión pública y voluntad general que fue ampliamente reconocida como la principal virtud del gobierno representativo. Más o menos situacionistas o autonomistas, se siguen de estas resistencias a la representación política modelos de gestión de la cosa pública próximos al ideal de un autogobierno plebiscitario que sólo sería posible, y aquí radica buena parte de las preocupaciones de este modelo asambleario por coordinar los intereses multiclasistas, en la medida que tales intereses resulten transparentes para el colectivo. Ese momento de la pura transparencia es también el momento en el cual el pueblo asiste a su propia autorrepresentación como colectivo indivisible y, consecuentemente, absolutamente soberano. Es decir, si la voluntad general fuera plenamente conmensurable la representación política sería un mero defecto a ser erradicado por el pueblo encarnado en la unidad de sus intereses.

Ahora bien, es precisamente contra esta ficción de una plena autorrepresentación de la voluntad general contra la que se erige la compleja maquinaria del gobierno representativo. Lo que la representación política erradica es la posibilidad de que un colectivo específico, un nosotros definido por intereses, demandas o identidades compartidas, se identifique con la voluntad general que, en tanto colectivo indivisible, debe resultar siempre últimamente irrepresentable. El gobierno representativo, manteniendo la brecha entre representantes y representados, garantiza la lógica proliferante de la homonimia política por la cual el desajuste entre las palabras políticas y los colectivos, derechos e intereses que designan, induce a la deliberación constante entre actores igualmente capaces de acción y de discurso. Justamente porque la representación mantiene la distancia, no ya entre representante y representado, sino, y aún más importante, entre lo representable y lo representado, es que toda representación, siempre frágil e inestable, requiere de la deliberación para estabilizarse.

De todos modos, claro está que no todos los procedimientos de representación dan lo mismo. Justamente, buena parte de la convulsión política que condujo al surgimiento de las asambleas puede interpretarse como el rechazo tardío a una forma personalista de concebir la representación según la cual la intervención del representado se limita no ya a la formación de consensos sociales ampliados, sino al mero consentimiento electoral prestado a figuras plenipotenciarias que, por el sólo hecho de triunfar en la competencia electoral, se consideraban inmunes a las demandas sociales. Desde este punto de vista, y esto es lo que parece suceder con la otra orientación de las asambleas, en general autodenominadas vecinales, lo que aparece son nuevas formas de participación política locales y autónomas del control de los representantes que transforman el mero derecho de libre expresión en el ejercicio organizado de petición y resistencia frente a las autoridades públicas. Aquí la demanda se orienta más a discutir las posibles rearticulaciones de la relación entre electores y elegidos, aboliendo los privilegios y generando formas más racionales y participativas de representación y control ciudadano, que al cuestionamiento de la representación en tanto tal. El gobierno representativo aparece para estos actores como un marco para desarrollar actividades autogestionarias y locales, que debe ser reformulado en la dirección de un republicanismo deliberativo, donde la gestión de la cosa pública no se restrinja a la manipulación de las elites amparadas en la razón de estado, sino que incorpore efectivamente instancias colectivas de participación deliberativa y control ciudadano. El propio estado, estigmatizado por su carácter de instrumento privilegiado de la dominación capitalista según la primera concepción, aparece en la cosmovisión de las asambleas autodenominadas vecinales como un conjunto de instituciones públicas que deben ser reapropiadas por los ciudadanos sustrayéndolas del control de las elites corruptas.

A modo de conclusión

Como se verá, las orientaciones son conflictivas y, consecuentemente, las perspectivas resultan intrigantes y abiertas. Sin embargo, una conclusión se impone aún asumiendo las perplejidades de la hora. Lo que estamos presenciando, y que debemos celebrar más allá de la complejidad que el fenómeno presenta en cada una de sus manifestaciones, es la acelerada recomposición del poder humano tal como Hannah Arendt nos enseñó a pensarlo: como la revelación de un espacio público entendido como un mundo común que surge entre nosotros, invitándonos a coordinar acciones ante la evidencia gozosa de la pluralidad humana. En este sentido vale recordar que la deliberación no constituye una actividad desinteresada y orientada originalmente a una verdad que subtiende o trasciende al propio momento del encuentro en el espacio público, sino una práctica configurativa a través de la cual el mundo adviene como realidad compartida. Sólo persistiendo en esa tensión entre intereses comunes y pluralidad de los puntos de vista, será posible que los nuevos actores que inspiran estas reflexiones conserven y multipliquen el poder que han sabido reivindicar.

Bibliografía

Bourdieu, Pierre (1999) ¿Qué significa hablar? Economía de los intercambios lingüísticos. Madrid: Akal.

Castell, Robert (1997) La metamorfosis de la cuestión social. Una crónica del salariado. Buenos Aires: Paidós.

19 y 20. Apuntes para el nuevo protagonismo social (2002), Buenos Aires: Ediciones De mano en mano [Colectivo Situaciones]

Derrida, Jacques (1997) Fuerza de ley. El “fundamento místico de la autoridad”. Madrid: Tecnos.

Held, David (1992) Modelos de democracia. México: Alianza.

Manin, Bernard (1995) La democracia de los modernos. Los principios del gobierno representativo. Sociedad 6, 13-38.

Nun, José (1989) La rebelión del coro. Estudios sobre la racionalidad política y el sentido común. Buenos Aires: Nueva Visión.

O’Donnell, Guillermo (1991) ¿Democracia delegativa?. Novos Estudos 31.

Pérez, Germán J., Armelino, Martín, Rossi, Federico (2002, noviembre) Modelos de asamblea: entre el autogobierno y la representación. En Facultad de Ciencias Sociales, V Jornadas de Sociología.

Pérez Germán J. (2002, septiembre) Fantasma en la máquina: identidades colectivas y performatividad política de las protestas de desocupados. Entrepasados 22.

Pérez, Germán J. (2001, noviembre) Pálido Fuego: Hannah Arendt

y la declinación de la figura del trabajador en las sociedades

contemporáneas. Apuntes sobre los piqueteros en Argentina. En,

XXIII Congreso Latinoamericano de Sociología, Antigua, Guatemala.

Rancière, Jacques (1996) El desacuerdo: política y filosofía. Buenos Aires: Nueva Visión.

Weber, Max (1987) Economía y sociedad. México: Fondo de Cultura Económica.

4 comentarios

Archivado bajo Crítica, Política